Movimiento Riot Grrrl, o cómo acabar con la falocracia del rock

Por Antonio Mautor 

Hubo un tiempo en el que un grupo de mujeres decidieron decir basta a la falocracia del rock. Este género, desde sus inicios, había sido por y para los hombres. The Beatles, Led Zeppelin, The Who, The Rolling Stones etc…, ellos eran los que mandaban, decidían, e imponían su visión masculina a este tipo de música.

Las mujeres se limitaban a ser meras comparsas; a lo máximo que podían aspirar es a ser una groupie y tener la esperanza de ser deseadas como meros objetos de consumo por la estrella ególatra de turno. 

A principios de la década de los 90, y propiciado de alguna manera por el movimiento  grunge, un grupo de mujeres decide ponerse manos a la obra para dar la vuelta a la tortilla, y poder ser ellas, también, protagonistas de la escena rock: nace el movimiento Riot Grrrl.

El glam metal, sobre todo estadounidense, cosificó a la mujer hasta límites insospechados. Solo hay que ver vídeos de Mötley Crüe, Ratt o Poison, para contemplar cómo, sin rubor, se trataba a las mujeres como meros objetos de satisfacción sexual. El grunge cambia la imagen de la estrella del rock, presentando una imagen más vulnerable y más humana del hombre, y las mujeres aprovechan esta situación para reclamar sus derechos.

Con inspiración en el grunge, pero con una base claramente punk, el movimiento Riot Grrrl se erige como el epicentro de una revolución en el rol de la mujer dentro de los sonidos alternativos.

El punk surgido en la década de los 70 fijó los cimientos  para que se pudiera acceder al mundo de la música, sin discriminación de géneros, únicamente teniendo en cuenta lo buena o mala que fuera la banda, no si tenías tetas o no. Artistas como Patti Smith, The Runaways, Joan Jett etc…, abrieron una senda para que otras mujeres la siguieran.

Tenemos que trasladarnos al estado de Washington, en concreto la ciudad de Olympia, a principios de los años 90, y quedarnos con los nombres de Alison Wolf, Molly Neuman, Kathleen Hanna, Tobi Vail y Kathi Wilcox.

El origen del movimiento feminista Riot Grrrl hemos de circunscribirlo al ámbito de los fanzines. Allison Wolf y Molly Neuman crearon el fanzine “Girl Germs”, para luego crear la banda Bratmobile. Por otro lado Kathleen Hanna, Tobi Vail, y Kathi Wilcox hicieron lo propio, montando el fanzine Bikini Kill, para posteriormente crear la banda con el mismo nombre.

Todas ellas, juntas, fundaron el fanzine Riot Grrrl, que se erigió como el epicentro de este movimiento, creando una ola de formaciones femeninas de punk rock alternativo, que situó, de una vez por todas, a la mujer en el mapa del rock. 

Kim Gordon, bajista de Sonic Youth, resumió en una frase el espíritu de este movimiento, que hemos utilizado para inspirarnos en el título del artículo: 

“Bombardear el centro neurálgico de la falocracia del rock”.

Las revueltas acontecidas en mayo de 1991 por el asesinato a manos de la policía de un joven salvadoreño, fueron el punto de partida real del movimiento. La rabia estallaba, y se reflejaba en el nombre del movimiento,  al poner tres R en girl, simulando un gruñido de ira. 

El sello K Records contribuye a la celebración del festival International  Pop Underground Culture, donde casi todo el cartel lo componen bandas con presencia femenina; el movimento Riot Grrrl ya es un hecho.

Bikini Kill, de la mano del líder de Fugazi, Ian MacKaye, fue el productor encargado de dar forma a su música, y contribuir con su banda a la igualdad de géneros, al introducir esta temática en las letras de Fugazi.

Kurt Cobain puso su granito de arena a este tema, diciendo a la cuatro vientos que era fan acérrimo de Bikini Kills, lo que contribuyó a un conocimiento mayor de este movimiento, sobre todo en Estados Unidos. 

Bandas capitales del movimiento serían las nombradas Bikini Kills y Bratmobile, Slant 6, The Quails, Heavens To Betsy, Huggy Bear, Sleater-Kinney, L7, LeTigre, Babes In Toyland, 7 Year Bitch. Todas ellas tenían en común la música, y un activismo claro hacia la defensa de los derechos de las mujeres.

Otras bandas como Hole, la solista PJ Harvey, o Veruca Salt también contribuyeron a la expansión del movimiento, si bien sin un activismo social tan claro.

En nuestro país la influencia fue menor. Aún así, encontramos a finales de los 90 bandas como Dover, Meteosat, Undershakers o Nosoträsh, que enarbolaron dicho espíritu. 

En la actualidad, en nuestro país, aunque no recojan ese sonido y espíritu exacto del movimiento, sí hunden sus raíces e influencias en él formaciones como: Las Vulpes, Mursego, Zea Mays, Anari, PL Girls, Lizzies, Idealipsticks, Aries o Juanita y Los Feos, o The Capaces con su solista Martillo, que lleva más de 20 años arrasando los escenarios.

A nivel internacional, nos queda únicamente acordarnos de las rusas Pussy Riot, que han encarnado esta lucha en un país tan complicado como la Rusia de Vladimir Putin. 

Riot Grrrl, un movimiento clave para entender la lucha feminista de nuestros días.

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