Movilizaciones masivas en Bolivia exigen la renuncia de Rodrigo Paz por sus políticas antiobreras

Las protestas ganan fuerza y unidad entre sectores históricamente combativos.

Por Gabriela Rojas | 6/06/2026

A más de un mes del inicio de las protestas, el pueblo boliviano sigue movilizado en las calles, bloqueando carreteras clave y marchando con determinación en las principales ciudades del país. La Central Obrera Boliviana (COB), mineros, maestros, transportistas, campesinos y sectores indígenas han convertido las avenidas de La Paz, El Alto y otras regiones en un escenario de resistencia contra el gobierno de Rodrigo Paz Pereira, al que acusan de implementar un paquete de medidas económicas que benefician a las élites y atentan directamente contra los intereses de los trabajadores.

Desde principios de mayo, las movilizaciones han paralizado amplios sectores del país, con más de 90 puntos de bloqueo que exigen no solo soluciones inmediatas a la crisis de combustibles y el alza de precios, sino la dimisión inmediata del presidente Paz.

Los manifestantes denuncian que su administración, en apenas seis meses, ha profundizado la crisis heredada con políticas de austeridad, recortes salariales encubiertos y leyes como la 1720, vistas como un ataque frontal a las conquistas obreras y campesinas.

Resistencia obrera contra el liberalismo

Los trabajadores bolivianos no se dejan intimidar. En El Alto, epicentro de la protesta, miles de mineros y fabriles marchan diariamente coreando consignas como “¡Paz fuera, el pueblo manda!” y “¡No a las políticas antiobreras!”. La escasez de combustible, las largas filas en gasolineras y el encarecimiento de los alimentos han sido la gota que derramó el vaso, pero el fondo del conflicto radica en el rechazo a un modelo que prioriza a la patronal sobre los intereses de la clase trabajadora.

“Este gobierno nos quiere hacer pagar la crisis a los pobres. Rebajaron salarios de ministros para la foto, pero atacan nuestros derechos laborales y entregan el país a intereses extranjeros”, denunció un dirigente de la COB en una asamblea masiva. Las protestas, que ya han dejado lamentables pérdidas humanas y económicas, no ceden. Al contrario, ganan fuerza y unidad entre sectores históricamente combativos.

El gobierno de Paz responde con represión, gases lacrimógenos y narrativas que criminalizan la protesta, llegando incluso a acusaciones de “complots narco” respaldadas por declaraciones internacionales. Sin embargo, en las calles el mensaje es claro: el pueblo boliviano no está dispuesto a retroceder.

Exigen la abrogación inmediata de las medidas antiobreras, un aumento salarial digno del 20%, garantía de abastecimiento de combustibles y, sobre todo, la renuncia de Rodrigo Paz para abrir un proceso de reconstrucción soberana.

Firmeza popular: la calle como única respuesta

Mientras el Ejecutivo intenta reorganizar su gabinete y abrir “corredores humanitarios” para mitigar el impacto, los bloqueos se mantienen y las marchas se multiplican. En La Paz, plazas y avenidas se llenan de banderas wiphala, cascos de mineros y pancartas que exigen justicia social.

El pueblo boliviano, heredero de una larga tradición de luchas, demuestra una vez más su capacidad de organización y resistencia. No se trata solo de demandas sectoriales. Es un rechazo profundo a un giro político que abandona las conquistas de las últimas décadas y somete la economía nacional a recetas de ajuste que solo benefician a unos pocos.

La movilización es pacífica pero firme, y no parará hasta lograr sus objetivos. La historia reciente de Bolivia enseña que cuando los trabajadores se levantan, los gobiernos que ignoran su voz terminan cediendo. Hoy, las calles gritan con una sola voz. El país entero observa expectante. La resistencia continúa.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.