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Entrevistamos al periodista malagueño Miguel González, autor del libro ‘Vox S.A’.
Miguel González (Málaga, 1960) es un periodista español. Trabaja en El País desde hace más de tres décadas y es el encargado de cubrir las informaciones relacionadas con Vox en este medio. Es autor de Vox S.A. (Península, 2022), un riguroso trabajo de investigación sobre la formación ultra. Hablamos con él sobre el futuro político y los diálogos intercambiados entre las distintas derechas españolas.
Por Jayro Sánchez | 21/07/2026
El mes de julio comenzó con la publicación de una importante noticia: el presidente autonómico andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha firmado un pacto con Vox para mantener su Gobierno en pie. ¿Hasta qué punto ha estado condicionada su decisión por la dirección nacional del Partido Popular (PP)?
Yo pienso que ha sido el mismo Moreno Bonilla quien ha tomado la iniciativa. Es posible que, si el tira y afloja se hubiese prolongado, se hubiesen producido presiones para no repetir las elecciones desde otros sectores de la organización. Pero no ha habido tiempo material.
El líder andaluz ha sido uno de los dirigentes populares más críticos con la estrategia del compromiso político entre las derechas nacionales. De hecho, ha reconocido que «a veces, los acuerdos no gustan ni siquiera a las partes que los firman». ¿Su modo de actuar no resulta incoherente con respecto a su discurso?
Bastante, porque los principios y medidas recogidos en el documento han sido copiados de los pactos que ya se habían alcanzado en Extremadura, Aragón o Castilla y León. Y parece que Moreno Bonilla no se ha esforzado por intentar modularlos o suavizarlos.
El entendimiento entre conservadores y ultras se materializa en cada vez más territorios. ¿Están ensayando escenarios para un asalto a La Moncloa?
No cabe duda de que la aplicación de las mismas políticas logradas en las comunidades autónomas será el mínimo que Vox exigirá para pactar un Gobierno nacional con el PP. El problema es que ahora mismo están hablando de cuestiones que no son de competencia autonómica, sino parlamentaria. Un buen ejemplo de ello es la reforma de la Ley de Extranjería.
Algunos medios de comunicación y analistas afirman que no solo se está abordando este plan desde una perspectiva electoral. ¿Se están explorando otras vías para derrocar a la coalición gobernante en España?
No tengo pruebas de que se esté intentando derribar al Ejecutivo por otros medios. Una moción de censura parece improbable, y la ejecución de un golpe de Estado sería anticonstitucional.
El presidente popular, Alberto Núñez Feijóo, siempre se ha definido como moderado y, hasta hace poco, decía querer alcanzar la jefatura del Consejo de Ministerios en solitario. Pero sus palabras no cuadran con los hechos. ¿Qué costos está dispuesto a asumir para ostentar ese cargo?
Creo que Feijóo ya ha asumido que tendrá que negociar con Vox para llegar a La Moncloa. Por eso ha hecho suya buena parte del discurso de los ultraderechistas en materias como la inmigración, la ley de nietos, la memoria histórica… etc.
Moreno Bonilla no es el único que lo ha desafiado. La máxima autoridad de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se ha desmarcado de sus resoluciones en más de una ocasión. ¿Feijóo es un líder débil?
Sus continuos cambios de posición hacen que lo parezca. Mi impresión es que, si no llega a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones, le será difícil mantener el liderazgo del PP.
Si se presenta a las generales con esa imagen, ¿no corre el riesgo de perder la candidatura ante su homólogo de Vox, Santiago Abascal?
A estas alturas, se ve claro que el PP será el partido mayoritario del frente derechista. Vox es el socio que necesita, aunque está por ver la relación de fuerzas entre ambos. A medio plazo, si Feijóo no logra ser presidente y el PP entra en crisis, todo puede pasar.
Aun en el caso de que él ganara, quedaría en una posición muy frágil. ¿Podrían presionarlo los extremistas?
Su capacidad de presión dependerá de los resultados que obtengan ambas organizaciones. Si Feijóo jurara la presidencia con menos escaños de los que tuvo en 2023, sería una situación paradójica.
Abascal ha estado ocupado en los últimos tiempos eliminando a los disidentes de su propia organización. Algunos de los elementos más rebeldes, como Javier Ortega Smith o Macarena Olona, han sido expulsados de ella por denunciar la supuesta corrupción del presidente y sus ‘hombres’. ¿Hay podredumbre dentro del partido?
No me atrevería a decirlo sin pruebas. Y, si tuviera pruebas, las publicaría.
Al inicio de su existencia, Vox prometió que venía a cambiar las reglas del juego político en España y a mejorar la vida de la gente. Casi 15 años después, aparenta ser uno de los viejos ‘partidos dinásticos’, aunque pintado de color verde para disimular. ¿Cómo se puede explicar su éxito entre los sectores más humildes de la sociedad?
Sus logros en ese campo son inversamente proporcionales a los fracasos de la izquierda, que ha abandonado a esas clases en favor del público progresista, un concepto que alude a una identidad ideológica y no social.
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