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Entrevistamos al escritor Miguel Ángel González, que viene de publicar su nueva novela ‘Las tres familias’.
Por Jayro Sánchez | 6/02/2026
Miguel Ángel González (Madrid, 1982) es un escritor español de larga y elevada trayectoria. Curtido en todo tipo de géneros literarios, ha ganado diversos premios literarios de importancia como: el Max Aub, el Ciudad de Alcalá o el Francisco Ayala. Acaba de publicar su nueva obra Las tres familias (Penguin Random House, 2026), un noir con guiños a Mario Puzo y a la vieja Sicilia. Hablamos con él sobre delincuencia, capitalismo y literatura.
Tu nueva novela se ambienta en la historia de la mafia italiana y, en concreto, en la de su rama siciliana: la Cosa Nostra. ¿Por qué?
Mi historia fue fruto de la casualidad. Un día, entre las lecturas que iba haciendo, descubrí varios ensayos en los que se hablaba del supuesto origen español de la mafia. Me pareció un fenómeno muy interesante, así que empecé a indagar sobre él. Y como vi que nadie había escrito una ficción acerca del tema, me surgió la idea de ligar a los mafiosos de los años 1950, muy conocidos entre el público general, con la más antigua tradición de su organización.
En el libro hay dos visiones contrapuestas sobre ella. Una es la del grupo que se basa en los valores de la familia y la lealtad para proteger a sus miembros. Otra es la del negocio en el que, exceptuando el dinero y el poder, nada importa. ¿Cuál se corresponde más con la realidad?
Depende del momento histórico al que nos estemos refiriendo. La guerra que yo narro en mi relato existió de verdad, pero se libró en Estados Unidos.
Los que participaron en ella se dividían entre los jefes tradicionalistas sicilianos, que concebían la mafia como un órgano familiar y protector, y la nueva generación de líderes italoamericanos, que quería crear una especie de multinacional del crimen para generar más dinero.
En cualquier caso, la esencia de la mafia tiene más que ver con los primeros. Aunque a través de la violencia, intentaba ayudar y defender a sus vecinos. Llegaba a lugares desconocidos por el poder estatal. Ese concepto es el que defienden los personajes principales de mi narración: Hueso y Lorenzo.
Respecto a tus aseveraciones sobre su origen, ¿hay pruebas fehacientes que acrediten esa leyenda?
Nadie ha sido capaz de descubrirlas. No obstante, el gran historiador de la mafia, John Dickie, sí que afirma que muchos de sus miembros creen en este mito.
Según ellos, sus fundadores fueron tres hermanos pertenecientes a la sociedad secreta española de la Garduña que desembarcaron en Sicilia como polizones y fundaron las grandes familias italianas: la Cosa Nostra, la Camorra napolitana y la ‘Ndrangheta calabresa.
De hecho, otro de los principales investigadores de la organización, Roberto Saviano, explica que los nuevos adeptos de Nápoles tienen que hacer un juramento en el que citan a esos hermanos.
El número tres es una referencia constante en la novela. ¿Hay una razón oculta para ello?
Es un juego que hago mucho cuando escribo. Me gusta dejar pequeñas pistas que se repiten a lo largo de la narración y construir, por decirlo así, una especie de muñeca rusa en la que ocultar sorpresas.
Los distintos conceptos que los personajes de Las tres familias tienen sobre la mafia devienen en un debate más profundo y filosófico que se podría plantear con respecto a la sociedad en la que vivimos. ¿Qué tiene más importancia: las personas o las cosas que te rodean?
Es una muy buena pregunta. Mira, yo no quería caer en la tentación de dulcificar una organización criminal en mi relato. Sin embargo, al construir al personaje de Lorenzo, que es un gran capo clásico que respeta valores como la fidelidad o el honor, me di cuenta de que, en la actualidad, todos nos traicionamos unos a otros.
Por ello, el libro reflexiona sobre la incapacidad que tenemos como sociedad para mantener determinados valores. Ya sea en el trabajo, en la familia o en otro tipo de ambiente. Al ritmo al que vamos, y por culpa de nuestra ambición diaria y constante por los objetos materiales, es muy difícil que defendamos principios más justos.
¿El final de la historia es la expresión de tu postura personal frente a ese dilema?
Sí. Estoy convencido de que la modernidad nos va a arrasar, y eso, dentro de la novela, se refleja en la destrucción de la mafia tradicional como organización. Aunque mi desenlace también tiene un cierto tono esperanzador, porque considero que todavía hay tiempo para que las cosas cambien.
Al hilo de estos pensamientos que me cuentas, ¿crees que el espacio de lo colectivo se ha convertido en una mafia, en un negocio más?
Puede ser. Hace tiempo que las organizaciones criminales imitan a las empresas más poderosas del mundo, y tenemos que recordar que su principal herramienta de trabajo es la violencia.
¿La mafia es la forma perfecta bajo la que funciona bajo el capitalismo?
Desde luego. Su objetivo, como hablábamos antes, es tener un control absoluto de todo aquello que le produce un beneficio. A pesar de su cultura y de sus antiguos valores, fue introduciéndose en sectores que antes se vedaba a sí misma, como el de las drogas o el de los hospicios de huérfanos, donde reclutaba a sus futuros soldados.
¿Existen finales felices en la novela negra?
Yo creo que sí. Lo que ocurre es que muchas veces tendemos a pensar que la tragedia y el drama son mejores, y no es así. Además, la crítica social es una de las características tradicionales del género y, casi siempre, esta deriva en una visión pesimista de la época histórica y el orden social que retrata.
¿Cómo se produjo tu viraje literario hacia el ‘noir’?
Fue un proceso natural. Hubo un momento en que, como autor, sentía que había contado todo lo que quería. Había hecho varias obras seguidas que me hacían sentir vacío. Así que, durante la pandemia, y más bien como un entretenimiento, escribí un libro de bolsillo que era un homenaje a la novela policiaca clásica.
Lo publiqué en Menoscuarto Ediciones, Funcionó bastante bien. Fui a varios festivales de novela negra y, a partir de ahí, se me despertó un pequeño interés por esa clase de historias. Tiempo después, el grupo editorial con el que trabajo ahora, Penguin Random House, me preguntó por la posibilidad de sacar más textos como este. Y ahí seguimos.
Para ti, ¿qué es la literatura?
Una forma de vida. Todas las cosas que sé hacer y se me dan bien están relacionadas con ella. No soy como otros compañeros, que, cuando no han alcanzado un determinado número de lectores o les ha costado publicar, se han centrado más en sus carreras profesionales. Yo no tengo un plan B.
Toda mi vida gira alrededor de esto, me paso el tiempo pensando en historias. Y no solo lo digo desde el punto de vista del sustento económico. Mi manera de entender la existencia es pasarla por el filtro de la ficción, que me interesa mucho más que la realidad.
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