MICROQUIMERISMO: El vínculo materno-filial que no se compra (Vientres de alquiler III)


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Laura Isabel Gómez García

Este artículo pretende ser el cierre al tema que he estado abordando en mis otros dos anteriores artículos. Con él quiero poner el broche final al tema de los vientres de alquiler (gestación subrogada) tan candente en estos tiempos.

He querido abordarlo desde un punto de vista objetivo y científico (salvo esta introducción) para que quien lea pueda tener una información aséptica, rigurosa, objetiva e informada alejada de valoraciones subjetivas; poniendo el foco en la importancia que un embarazo tiene, que no es un trámite burocrático, ni un proceso estanco que empieza y acaba con un contrato y un pago, y que tiene unos efectos y consecuencias tanto para los bebés como las madres gestantes.

Aunque si bien es cierto, en los tres hay valoraciones propias y personales dado que como persona tengo mi propia opinión, pero he querido fundamentar el por qué estoy en contra de esta forma de acceder a la maternidad/paternidad, mercantilizando el cuerpo de la mujer, lo que para mí es otra forma de compra/venta de seres humanos, y por tanto creo que no es una manera adecuada, ni ética de ser madre/padre; creo que existen otros medios por los cuales serlo sin tener que alquilar un útero. ¿Dónde hemos llegado? Un mundo que ve bien comprar a las personas por partes, comprar procesos biológicos, y pagar a un tercero por el deseo de tener un hijo/a biológico.

Inundamos calles, RRSS, y medios de comunicación, con el mensaje: “No compres, ADOPTA”. Para acabar con el negocio de la compra/venta de animales domésticos que llena de perros y gatos abandonados calles, tiendas, perreras y protectoras, pero en cambio tenemos carteles y anuncios en medios y RRSS que dicen lo contrario cuando nos referimos a seres humanos: “No adoptes, COMPRA”. ¿Soy la única que no le encuentra sentido? Si no queremos perreras/protectoras llenas de animales abandonados y/o traficados, ¿por qué no luchamos por vaciar orfanatos y centros de menores abandonados? Exijamos mejores recursos y servicios sociales que agilicen trámites de adopción, que no se tarden años en un proceso adoptivo para poder tener un hijo/a. ¿Por qué nadie hace leyes para eso? Personalmente, pienso que es porque no hay “negocio” en ello, y en los vientres de alquiler sí lo hay, y porque vivimos en un mundo snob donde tener hijos sí, pero siempre y cuando sea “mío”, que tenga mis genes, y que perpetúe “mi estirpe”.

Entiendo que no se es más madre/padre por parir, pero tampoco se es menos hijo o hija por ser adoptado; y ahí los defensores de la gestación subrogada no parecen estar de acuerdo. Pero por más negacionistas que sean, por más que se quiera hacer ver que el embarazo es algo estanco que no tiene mera importancia en el proceso vital de una persona (madre/hijo/hija), no es cierto.

Dentro de 20 o 30 años abrán personas quieriendo encontrar a esas mujeres que les gestaron en Ucrania, India, México, EEUU, Canadá, Nepal, etc. porque es intrínseco en el ser humano querer saber de dónde viene, y querer saber la verdad. No cuentos de hadas donde mujeres felices y sonrientes paren a bebés de otros vendiendo sus cuerpos por una necesidad económica.

El presente artículo pretende darle la importancia que tiene un embarazo para la mujer que gesta al bebé y viceversa. El vínculo que se establece entre ambos que no se compra ni se vende con 5.000, 40.000 o 150.000 euros.

 

1. ¿Qué es el Microquimerismo?

Durante el embarazo, la madre gestante transmite diferentes sustancias como células, oxígeno y alimento, haciendo que el feto se desarrolle, se nutra y sobreviva durante los nueves meses del periodo de gestación. A finales de los ´90 se descubrió que la transmisión de la información genética materno fetal no es unidireccional, sino que las células del bebé también se transmiten e interactúan con las células de la madre. A esta transmisión e intercambio de células e información genética, es lo que se llama Microquimerismo (células en un cuerpo ajeno). Concepto que hace referencia a aquella situación en que una persona tiene en su organismo células de otros individuos, disponiendo en su interior de un pequeño porcentaje de ADN diferente al suyo propio. Estas células establecen relación con las genéticamente propias del sujeto, pudiéndose crear un vínculo entre ambos tipos de célula. El Microquimerismo, se trata de un mecanismo existente desde hace millones de años, aunque es cierto que fue descubierto a finales del siglo XX.

El Microquimerismo se da con más frecuencia en la naturaleza entre dos organismos multicelulares es el que se produce durante el embarazo, conocido como Microquimerismo fetal, ese lazo invisible pero innegable que se produce entre madre-hijo/a. Está claro que factores culturales y sociales influyen también esa unión tan especial pero la ciencia ha demostrado que se producen ciertos cambios en el cerebro de la madre gestante que están relacionados en la formación de esa unión materno filial.

Un factor responsable de estos cambios es el Microquimerismo fetal (presencia de células del feto en el cerebro materno). Desde la década de los ‘70 se ha descubierto que células fetales pueden pasar a la sangre de la madre gestante, acumulándose en varios de los órganos de ésta; y viceversa, ya que este sistema es bidireccional, lo que hace que células de la gestante puedan pasar al feto y concentrarse en su sistema también. Durante el embarazo madre y bebé están conectados por placenta y cordón umbilical; es a través de dicha conexión por la que intercambian algunas células y se integran en sus organismos. Se ha detectado que a partir de la cuarta semana de gestación ya pueden hallarse células fetales en el organismo materno, aunque en general es a partir de la séptima semana que pueden ser hallados en todos los embarazos.

Esta relación de las células de madre y bebé no se pierde tras el parto, las investigaciones han hallado la presencia de células fetales en el cuerpo de la madre tras décadas de haber dado a luz. Estas células se expanden por los organismos de madre-bebé, pudiendo ser éstas encontradas en corazón, hígado, cerebro, etc. interactuando con las células propias de ambos dos, (de 2 a 6 células por mililitro en la sangre según las investigaciones). Estas células procedentes del otro organismo incluso se integran tejidos, estructuras y el sistema nervioso. Expertos científicos han descrito los efectos de estas células, siendo uno de ellos el afecto materno filial, por lo que el hecho de que parte del propio ADN esté en el otro hace que este vínculo entre la madre y su bebé sea fuerte durante toda la vida; aun incluso se han descrito casos de Microquimerismo en mujeres que han abortado (natural o provocado).

La prestigiosa revista de divulgación científica, “Scientific American”, publicó un artículo llamado “El vínculo entre madre e hijo es profundo, y una nueva investigación sugiere una conexión física incluso más profunda de lo que nadie pensaba”. y destaca la importancia clínica de este descubrimiento no solo a nivel biológico, sino también a nivel emocional que el cerebro de la madre almacene células de sus hijos/as procedentes de la gestación. La investigación que cita el artículo, en concreto, partió de un estudio del cerebro de una mujer muerta, en ella se buscaron células con cromosoma Y, hallándose éstas en el 60% del cerebro y en muchas de sus regiones.

Robert Martone (jefe del área de Neurociencia terapéutica en el Covance Biomarker Center of Excellence en Greenfield, Indiana, EE.UU.), y autor del artículo, dijo que este fenómeno se descubrió al hallar células con el cromosoma Y circulando por el torrente sanguíneo de mujeres tras el embarazo; estas células masculinas, según R. Martone, “No podían provenir de la mujer, sino más probablemente de sus niños durante la gestación”, mediante el intercambio que se produce a través de la placenta.

Para concluir este punto, cabe decir que:

  • El Microquimerismo no se da solo en el caso del embarazo, también por ejemplo en los casos de trasplantes de órganos, aunque en el presente artículo solo me centro en el embarazo dado el cariz del tema (vientres de alquiler) que se trata en él.
  • Los estudios en su totalidad están centrados en madres de bebés varones dado que el cromosoma Y es más fácil de detectar por su diferencia con el cromosoma X; ya que si el bebé es mujer hablamos de dos cromosomas XX.
  • Puede darse transmisión celular entre gemelos y entre hermanos mayores a menores a través de las células que los mayores han dejado en su madre.
  • Dado que el intercambio celular es bidireccional, una persona posee células de su madre, estudios han mostrado una batalla entre células de la abuela y células del futuro hijo dentro del sistema materno.

 

2. ¿Cómo surge el vínculo entre una madre y su hijo?

Desde las etapas tempranas de la gestación hay experiencia de maternidad, físicamente es así tal y como demuestra el “Informe científico sobre la comunicación materno-filial en el embarazo: células madre y vínculo de apego en el cerebro de la mujer”, como resultado de la investigación dirigida por Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra.

La vinculación madre-hijo/a, se inicia con el comienzo del proceso biológico natural del embarazo; se reduce el estrés en la gestante por la desactivación de la hormona cortisol, por el contrario  se libera oxitocina y aumenta la confianza; esta transformación, junto a otros cambios hormonales en el cerebro de la madre; a partir del día 15, implantado en el útero, el embrión se comunica con los tejidos de la madre, iniciando así una relación especial entre ambos.

Entre el segundo y el cuarto mes, se produce entre 10 y 100 veces más progesterona y se almacena la oxitocina en neuronas del cerebro. La oxitocina se libera a partir del quinto mes de embarazo con los movimientos del bebé. Esta hormona, posee receptores en diferentes áreas del cerebro y las desarrolla permitiendo que la madre gestante desarrolle una capacidad especial para conocer las necesidades del bebé, un vínculo natural emocional y afectivo generado en la madre por el proceso del embarazo. Este vínculo se refuerza con el parto y la lactancia, porque se potencian los circuitos neuronales más fuertes de la naturaleza, hablamos del vínculo de apego.

Según este informe de la Universidad de Navarra la comunicación materno-filial en el embarazo se produce desde el inicio. Mientras el embrión atraviesa las trompas de Falopio, envía avisos moleculares a los que la madre responde, estableciéndose un diálogo molecular para pasar los 9 meses de vida en simbiosis.

Para el investigador R. Martone, en su vertiente terapéutica, concluye que este nuevo campo de investigación (Microquimerismo) es “un recordatorio de nuestra interconexión”. La interconexión máxima, entre madre e hijo/a, perdurando más allá de la muerte de uno de los dos, en caso de aborto o muerte de la madre. M. Àngels Claramunt, en el libro La cuna vacía, todos los bebés que han estado en nuestro seno dejan sus huellas (a nivel psicoafectivo y biomolecular), también los que lo han estado por poco tiempo, incluso los bebés que no llegan a nacer con vida dejan parte de sus células en el cuerpo materno.

 

3. Efectos en la madre

La interacción que se produce entre la madre y el bebé que está gestando hace que las células de la madre aporten efectos beneficiosos al bebé, y viceversa.

La cantidad de células fetales encontradas en muestras sanguíneas de la madre incrementan conforme el embarazo progresa. En el segundo trimestre pueden hallarse de 2 a 3 células fetales por cada mililitro de sangre en una muestra, pero ésta decae tras el parto dejando una concentración mínima, aunque esto no ocurre igual en todas las embarazadas. Esta presencia de células fetales tiene una prevalencia entre el 23 – 64% del total de mujeres en diferentes grupos estudiados. También estos análisis han indicado que las células fetales pueden encontrarse dentro de los órganos maternos por décadas (la sobresaliente la de una mujer de 94 años en quien se encontraron células fetales en su cerebro).

Las investigaciones han comprobado, que las células fetales contribuyen a curar heridas y lesiones internas, y participan también en la reducción de síntomas de trastornos como el dolor en la artrosis, en la mejora el sistema inmune, facilitan el desarrollo de futuros embarazos, reducen la probabilidad de cáncer y tienden a participar en la regeneración de tejidos, observándose su implicación en la recuperación de enfermedades cardíacas o hepáticas, e incluso se guardan en la médula ósea formando parte de la reserva natural de células que todos tenemos. Al ser células más jóvenes que las de la madre, tienen gran capacidad para regenerar el cuerpo de la mujer como en el caso de células de feto varón convertidas en cardiomiocitos que han participado en la reparación del corazón de la madre con cardiopatía; esto es porque son pluripotenciales, células PACP (progenitores celulares asociadas al embarazo). Por su origen fetal, las PACP tienen gran capacidad de autorrenovación y colaboran con las células madre adultas en la función regenerativa del cuerpo de la mujer.

 

4. Efectos en el bebé

El Microquimerismo madre-bebé, tiene una importancia vital para el organismo de éste, aunque ciertamente se trata del Microquimerismo que menos atención ha tenido, dado que los estudios e investigaciones se han centrado más en los efectos que tiene esta transmisión en la madre.

Se ha detectado que la presencia de células maternas en el organismo del hijo o hija ayudan por ejemplo a niños diabéticos a luchar contra su afección.

La utilidad de este intercambio materno-fetal sobre el bebé es que las células fetales son pluripotenciales (como las células madre), esto significa que tienen la capacidad de diferenciarse en cualquier otro tipo celular, lo que quiere decir que cuando las células fetales pasan a la circulación materna y se anidad en algún órgano de la mujer e integrarse en él. Esta capacidad de las células fetales ha sido relacionada con cambios en la madre que favorecen la supervivencia del recién nacido. Por ejemplo, la presencia de células fetales en las mamas de la mujer, en el post parto, las células fetales se integran al estroma mamario y favorecen la producción de leche, así proveen de más nutrientes al nuevo bebé.

Así mismo, las células fetales son atraídas a áreas de lesión de una mujer post parto, en donde favorecen procesos de cicatrización como en el caso de una cesárea. Esta aparente ayuda a la madre actúa en beneficio del recién nacido, ya que favorece un mejor cuidado materno.

Fuentes consultadas

-“Informe científico sobre la comunicación materno-filial en el embarazo: células madre y vínculo de apego en el cerebro de la mujer”, 2016. Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra.

– Artículo revista Scientific American: “Scientists Discover Children’s Cells Living in Mothers’ Brains”, 2012. Autor, Robert Martone. Jefe del área de Neurociencia terapéutica en el Covance Biomarker Center of Excellence en Greenfield, Indiana, EE.UU.

– Artículo web https://psicologiaymente.com Autor, Oscar Castillero Mimenza. Psicólogo. Especialista en Psicología clínica.




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