Métodos educativos. ¿Nos hemos pasado de modernos?¿Hay que volver a la clase magistral?

Escrito e ilustrado por David González Gándara


Hace unos años el acceso a los artículos de investigación sobre educación provenía de los libros de texto universitarios, en los que el autor del libro se había encargado de leer estos artículos, los valoraba y nos proporcionaba un resumen del “estado de la cuestión”. Estos libros siguen existiendo, pero hoy en día es mucho más fácil acceder directamente a los artículos y, los más importante, el número de artículos sobre cada materia es ya inabarcable. A esto hay que añadir que el número de revistas científicas es también enorme. Y sobre todo, los criterios de algunas de estas revistas para publicar un artículo son cuestionables. Todo esto hace mucho más necesario que nosotros mismos desarrollemos la capacidad de leer sobre nuestra materia de manera crítica, o que aprendamos a distinguir fuentes confiables que nos ofrezcan un análisis crítico ya elaborado.

Para ejemplificar esta situación he escogido el tema de los métodos educativos. Es frecuente encontrar artículos que apuntan a las ventajas educativas de los métodos de instrucción directa sobre otros métodos más centrados en el alumnado, como el aprendizaje por descubrimiento, método basado en proyectos, etc. En estos artículos se argumenta que la investigación no demuestra que estos métodos alternativos sean más efectivos que la “instrucción directa”. Alguna gente ha interpretado esto como la demostración de que la clase magistral es un método injustamente criticado, y que no se justifica esta “moda” de buscar métodos alternativos.

Lo primero que hay que señalar es que resulta un error entender que la instrucción directa significa lo mismo que la clase magistral, entendida como el método en el que exclusivamente el profesor habla y el alumnado escucha. Las investigaciones que he consultado tienen una concepción más amplia de la instrucción directa, refiriéndose sobre todo a que el profesor debe decidir lo que deben aprender el alumnado y lo que deben hacer para aprenderlo. Tratan de oponerse a la corriente humanista, liderada por Carl Rogers, donde se otorga al alumnado la capacidad de decidir lo que quieren aprender y como lo quieren aprender, de tal modo que el profesorado es únicamente facilitador del aprendizaje.

Una vez aclarado esto, y quedándonos sólo con los autores que son capaces de entender la diferencia entre clase magistral e instrucción directa, aún se corre el riesgo de malinterpretar las investigaciones. Esto sucede cuando, para defender su idea, los autores hacen lo que yo llamo mencionar nombres y fechas entre paréntesis. Es decir, mencionar autores con la única intención de que el texto parezca más científico, utilizando las convenciones para citar investigación, pero sin haber leído ni analizado lo que han escrito. Habitualmente estas menciones no se refieren a artículos bien construidos y argumentados, pero automáticamente nos parecen voces de autoridad, ya que el texto final tiene el aspecto de un estudio serio. Algunas veces incluso se añaden algunas citas, aunque frecuentemente descontextualizadas. Por este motivo, es común que estas citas se tergiversen. Por ejemplo, Andrés Bello del Haro, en su artículo sobre la instrucción directa publicado en 2018 en la web “Un estel a l’alba”, o Chris Boulton, en la presentación de un taller sobre instrucción directa publicada en 2019 citan textualmente a John Hattie, autor del famoso libro “Aprendizaje visible”, como ejemplo de un autor reconocido que defiende la instrucción directa como método más efectivo que metodologías basadas en el alumnado. La cita que utilizan es el siguiente párrafo:

“Todos los años hago clases a estudiantes de magisterio y me encuentro con que ya están adoctrinados con el mantra ‘constructivismo bueno, instrucción directa mala’. Cuando les muestro los resultados de estos metaanálisis se sorprenden, y habitualmente se enfadan por haber aceptado de forma acrítica una serie de verdades y mandatos contra la instrucción directa”.

No acompañan este párrafo de otros en las que Hattie defiende repetidamente que para mejorar la educación, darle vueltas a “el método” no es la forma. Al leer el texto completo, resulta bastante claro que el pensamiento de Hattie se aproxima más al aprendizaje centrado en el alumnado. Por ejemplo:

“El principal mensaje, sin embargo, es que, más que recomendar un método particular de enseñanza, los profesores necesitan ser evaluadores de los efectos de los métodos que eligen. Cuando los alumnos no aprenden a través de un método, es más probable que sea entonces cuando deban ser reenseñados usando un método diferente.”

No voy a entrar a clasificar a Hattie en una corriente de pensamiento. Pero está claro que Bello y Boulton han terminado citando a un autor muy influyente para reforzar su línea de pensamiento, cuando el autor original, Hattie, no piensa así. Con seguridad los autores no trataban de hacer esto, probablemente has sido víctimas de una lectura superficial del trabajo de Hattie.

Podemos concluir que como mínimo es aventurado desterrar los métodos de aprendizaje centrados en el alumnado en base a la investigación educativa. Sin embargo, es suficientemente prudente indicar que la mayor parte de los autores consideran la clase magistral como algo a evitar. Lo que queda por discutir, por lo tanto, es cuánto se debe dirigir a las personas hacia lo que “tienen” que aprender y cómo lo van a aprender, o si las personas deben tener libertad para esto. Eso sí, no se debe utilizar autores de prestigio para apoyar ideas que dichos autores en realidad no han defendido nunca. Hay suficientes autores importantes para defender una postura u otra, así que expresaré mi opinión personal. Yo creo que no podemos olvidar un aspecto clave de la educación: qué deseamos que el alumnado quiera aprender. Si el método que utilizamos nos conduce a resolver esto para todo el alumnado, no sólo para los mejores, no tengo nada que objetar para ningún método. Sí tendría que discrepar cuando se decide que aprender lectura y matemáticas es no sólo importante, si no eliminatorio, hasta el punto que es lo único que se considera realmente para tomar decisiones sobre repetir curso, por ejemplo. Aprender lectura y matemáticas es necesario, pero yo prefiero una concepción de la educación donde sean igual de importantes la creatividad, el liderazgo, la empatía, el arte, la capacidad de resolver problemas por uno mismo, etc. Y creo que el único modo es devolver la libertad al alumnado.


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