Memoria Antifascista
Las guerrilleras silenciadas
Eran mujeres de pueblo que tenían algún vínculo familiar o afectivo con los guerrilleros, hija, madre, hermana o novia. Lo que hacían era proporcionar alimentos, trasladar cartas, armas, avisar de los movimientos de la Guardia Civil y acondicionar casas de apoyo, pero además de todo ello la mayoría tenía una militancia política. Las hubo que sufrieron la represión por ser la mujer de, otras que eran enlaces y las que se echaron al monte y cogieron las armas.
El niño del gueto de Varsovia
Esta imagen fue una de las 52 fotografías presentadas como prueba en los Juicios de Núremberg. La capturó en mayo de 1943 Franz Konrad, el responsable de hacerse con todas las propiedades de los judíos del gueto, conocido por el sobrenombre de El Rey del gueto. Al final de la guerra fue detenido y acusado de participar en la liquidación del gueto. El 6 de marzo de 1952 se le ejecutó en la horca, en el mismo lugar que había ocupado el gueto, junto a Jürgen Stroop, liquidador del gueto de Varsovia y autor del título de la fotografía: «Sacados a la fuerza de sus agujeros».
Omega
Detrás de cada testimonio existe un sufrimiento que sería ultrajado si se permite que caiga en el olvido al que van abocados, a menos que aboguemos por la responsabilidad común que le debemos a todas las víctimas. No sería justo que dentro de unos años únicamente se honrase a todas aquellas gentes anónimas, cuyos nombres no aparecerán jamás en los boletines, en los gráficos o en los periódicos, mediante un mero acto político, una insignificante placa o unos insuficientes minutos de silencio.
Te recuerdo Amada…
Amada estaba embarazada y sus verdugos decidieron esperar a que naciera el niño para ejecutar la condena. La llevaron a la cárcel de mujeres de Ferrol y el 31 de octubre de 1937, en una fría madrugada en la que los dolores del parto la dejaban sin respiración, fue trasladada al hospital de caridad, donde tuvo que parir bajo la vigilancia de un guardia armado. Así nació Gabriel, el único varón, el niño que nunca pudo abrazarla ni sentir su cálido aliento.