Fernando Salgado

Un can contoume unha historia (de secuestros, revolucións e naufraxios)

Camiño da década dos noventa do século XX, o mar encheuse de barcos con novas bandeiras de países descoñecidos, algúns deles sen mar. Os seus donos eran a nova xeración de piratas, que inscribiron as compañías en paraísos fiscais onde os homes son considerados recursos humanos e os direitos laborais non existen.

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Primo Gibelli, el brigadista que cayó del cielo

Entre sus compañeros era conocido por el apodo de «Cordero». Volar era su pasión y combatir al fascismo la razón de su vida. Ambas, pasión y razón, le condujeron a España en 1936. De comandante de la escuadrilla «Lafayette» pasó a comandar el Potez 540 con siete tripulantes.

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Bonifacio Martín Puerta

Fue elegido concejal del ayuntamiento Oviedo en 1903, permaneciendo en el cargo durante más de treinta años y siendo presidente de la minoría socialista, alcalde accidental en varias ocasiones y primer teniente de alcalde en 1934.

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Bebel García y su última voluntad

Los hermanos de la lejía, apodo por el que eran conocidos, ostentaban nombres de personalidades de izquierda como Bebel, Jaures, France, Voltaire, Berthelot, etc. a excepción del mayor, José, conocido por Pepín, el único que pasó por la pila bautismal. Todos abrazaron la ideología paterna, se afiliaron a las JSU, y ayudaban al padre en el negocio familiar repartiendo lejía por la ciudad.

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Aurora Arnáiz Amigo

Abandona el socialismo y se aproxima al comunismo. Se une a la Asociación Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, que en 1936 pasó a denominarse Asociación de Mujeres Antifascistas (AMA). Cuando se inicia la publicación de la Revista quincenal Mujeres, órgano oficial de AMA, Aurora forma parte del consejo de administración de la misma. El primer número vió la luz el 15 de febrero de 1936 bajo la dirección de Dolores Ibárruri.

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Francisca Solano, la heroína de El Espinar

El viernes 24 de julio de 1936, Francisca manifestó a su tío que debían coger el fusil y combatir a los facciosos. Éste respondió que él no podía abandonar a cuatro chicos pequeños, pero que ella podría ir al frente como enfermera, a lo que Francisca respondió: «No. Nada de enfermera. ¡Yo quiero ir a batirme con los facciosos!»

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Amaparo Barayon, no perdones a sus asesinos

En marzo de 1939 Ramón J. Sender abandona definitivamente España y se marcha al exilio llevando de la mano a dos niños absolutamente desamparados que fueron depositados al cuidado de la escritora Julia Davis en Nueva York, y que crecieron y maduraron alejados de su padre, acogidos por una familia americana. Sender encerró en sus recuerdos la triste historia de Amparo y jamás la dejó salir.