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No hay enviados especiales, no hay mesas de diálogo no hay “canales humanitarios”. Solo la garra financiera y militar cerrándose lentamente hasta triturar.
Por Lucio Martínez Pereda | 5/12/2025
La historia nunca se repite pero resuena rimando. Y la rima que hoy resuena en Venezuela es la que se escuchó en 1902, cuando Roosevelt envió sus acorazados al litoral venezolano para cobrar deudas a Cipriano Castro. Trump ha decidido que la hora de Maduro ha llegado. No con invasión de marines sino con la forma más refinada de guerra moderna: la asfixia económica y la deslegitimación diplomática. Trump, consciente de que no tiene que rendir cuentas ante la comunidad internacional, aplica la doctrina que siempre defendió: presión máxima sin negociación. No hay enviados especiales, no hay mesas de diálogo no hay “canales humanitarios”. Solo la garra financiera y militar cerrándose lentamente hasta triturar.
El 2 de diciembre de 2025, el Departamento del Tesoro norteamericano firmó la que pretende ser la sentencia de muerte financiera de Venezuela. Las licencias 44 y 8M revocadas: Chevron, Repsol, Eni, Reliance: fuera del comercio del petróleo. ¿Qué significa esto?: que el petróleo del Orinoco -es el 92 % de los ingresos en divisas de Venezuela- queda convertido en activo tóxico. El objetivo es que ni un solo buque cisterna se atreva a cargar en Jose o Puerto La Cruz, que los seguros internacionales desaparecen y que los bancos tengan que cerrar sus líneas de crédito.
A EEUU no le interesa llevar -como ellos dicen- la Democracia y La Libertad a Venezuela. Lo que quieren es imponer un gobierno títere para conseguir quedarse con el petróleo Venezolano al precio que Trump fije.
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