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Entrevistamos al médico y escritor riojano Martín Torres, a propósito de la publicación de su última novela, ‘La enfermera’.
Por Jayro Sánchez | 3/07/2026
Martín Torres (Alcanadre, 1983) es médico de urgencias en San Sebastián. Como instructor de soporte vital avanzado y atención al trauma grave, ha vivido en primera línea el caos y el pulso acelerado de los hospitales. Acaba de publicar La enfermera (NdeNovela, 2026), un noir con olor a Raymond Chandler ambientado en el País Vasco. Conversamos con él sobre su nuevo libro.
Tu obra gira en torno a dos ejes escénicos: el mundo hospitalario y la provincia de Guipúzcoa. ¿Por qué?
He tratado de escribir lo que me gustaría leer: un thriller. Para mí, lo importante era que fuera entretenido. Aunque, cuando pensé dónde ambientarlo, me planteé que no sé cómo funcionan un periódico, una redacción, un juzgado o una comisaría. Así que utilicé las urgencias con la intención de darle más realismo.
Además, necesitaba un hospital grande a la hora de narrar la historia. Podría haber elegido uno en Madrid o Zaragoza, pero San Sebastián y sus contrastes daban mucho juego al relato: la majestuosidad de la ciudad y su clima oscuro, el glamur del festival de cine y el mundo criminal que se detalla en torno a la trama, los escenarios urbanos y rurales…
En ‘La enfermera’ describes los centros médicos como lugares donde la violencia tiene cabida de manera constante y en muy distintas formas. ¿El libro ha surgido de la necesidad de contar cómo es ese ambiente?
No exactamente. Me ha resultado más fácil desahogarme con familiares y amigos. Sin embargo, es algo que tenía acumulado y que me ha servido para dar más profundidad al argumento y a la psicología de los personajes.
Llevas muchos años trabajando como profesional de la salud. Vives situaciones dramáticas casi todos los días. ¿Qué efectos tienen esas experiencias sobre ti y tus compañeros?
El trabajo nos pesa. En urgencias estás sometido a mucha presión. Ves cosas feas. Tus decisiones y el modo que tienes de trabajar en equipo pueden hacer que el resultado sea diferente. Aquí, la vida y la muerte son conceptos con los que has de lidiar en casi todo momento.
Los horarios son extenuantes. Pasas noches en vela, con picos de mucho estrés. Las guardias… Son muy duras para el cuerpo. Los médicos que llevan años en este servicio acaban por tener arritmias y otros problemas de salud importantes.
Hay estudios que afirman que hasta un 20% del personal del servicio acaba por tener síndrome de estrés postraumático.
¿Eres médico antes que escritor, o escritor antes que médico?
No te lo sabría decir. La medicina y la literatura son las dos pasiones que he desarrollado desde niño. Mi madre, que es muy nostálgica, guarda una carta que redacté con 10 años. En ella me preguntaban dónde me veía trabajando en el futuro, y yo ya contestaba que quería atender a los enfermos que tuvieran accidentes.
Pero escribir, gracias a mis padres, era mi gran afición. Mi madre era maestra, y me inculcó el amor por los libros desde que era muy pequeño. Y mi padre era muy cinéfilo. Me contaba historias y me leía cuentos antes de irme a dormir.
¿Supera la realidad a la ficción?
En urgencias, sí. Allí ves cosas impresionantes. Algunas pueden ser más tristes. Otras, más graciosas. Y luego están las surrealistas. El problema es cómo cuentas eso, porque una anécdota no es un hecho aislado. Pertenece a un paciente y, por lo tanto, tiene un contexto.
El País Vasco es un lugar montañoso y marítimo, con un clima bastante específico y una comunidad muy particular. ¿No es el lugar perfecto para esconder los secretos de una buena historia policíaca?
Estoy de acuerdo. Creo que, en el caso de mi novela, se llega a convertir en un personaje más de la trama. Me he dejado influenciar por el noir más clásico, ese que se ambienta en un Los Ángeles condimentado por los lujosos estudios de Hollywood y los barrios sórdidos del hampa y las drogas.
La novela tiene unos personajes muy curiosos. Se podrían dividir entre los que salvan vidas y los que las destruyen. En el proceso de escritura, ¿ese ha sido un planteamiento que ha pasado por tu cabeza?
La verdad es que no. Traté de que casi todos tuvieran sus aristas desagradables para que el lector no supiera quiénes están involucrados en los crímenes de la historia.
Para ser un escritor primerizo, dominas muy bien la técnica del mantenimiento de la tensión. ¿Cómo has conseguido lograrlo a lo largo de tantas páginas?
Construyendo la narración con un estilo muy visual y cinematográfico. He intentado describir lo suficiente para que los que leen se ubiquen, aunque he buscado no ser muy rígido con el fin de que todos pudieran imaginarse los detalles de las escenas y empatizar.
También he hecho los capítulos cortos e intensos, fragmentando el relato a través de las diferentes perspectivas de los personajes. Entiendo que eso ha causado que quisieran seguir avanzando, dado que querrían saber lo que pasaba en la siguiente página.
El final de ‘La enfermera’ parece prometer una segunda parte. ¿La habrá?
Depende de vosotros. De momento, te puedo decir que estoy recibiendo muchos mensajes de gente que la ha disfrutado. Y eso, claro, me carga de ilusión para ponerme otra vez frente al ordenador.
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