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Entrevistamos al historiador y doctor en Ciencias Sociales Martín Alejandro Martinelli, quien recientemente ha publicado el libro ‘Geopolítica del genocidio en Gaza’.
Por Angelo Nero | 15/11/2025
Martín Alejandro Martinelli es historiador y doctor en Ciencias Sociales, Profesor Adjunto en la Universidad Nacional de Luján, en Argentina, Coordinador del Grupo «Palestina y América Latina» del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) por el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (Universidad de Buenos Aires). También es Director del Observatorio Geohistórico (UNLu).
En tu anterior libro “Palestina (e Israel) entre intifadas, revoluciones y resistencias”, hacías una completa cartografía del nacionalismo árabe y palestino, a través de la historia, así como del impacto del colonialismo británico, del imperialismo estadounidense y de colonización de asentamiento sionista. ¿“Geopolítica del genocidio en Gaza” es una continuación de este completo análisis sobre este complejo conflicto en el que participan muchos actores políticos, pero donde el pueblo palestino parece destinado a sufrir una limpieza étnica irreversible?
Muchas gracias por la referencia al libro anterior, porque si ese es “Palestina I” este es “Palestina II”. Esto es resultado también de varios trabajos y grupos, y proyectos de investigación colectiva en los que coordino o participo. O sea, este es una continuidad de ese intento de explicar Palestina y el centro de Afroeurasia en tres niveles temporales y espaciales. La larga, mediana y corta duración, lo que es en la larga duración: cuestiones más geográficas, de tradición, de mayor alcance como por ejemplo procesos de penetración del capitalismo en las regiones periféricas del mundo, colonización y revoluciones de independencia. O sea, me refiero a la decadencia otomana, la colonización sobre todo francesa y británica y un reparto del mapa si prestar atención a las poblaciones locales y buscando sentar bases de minorías afines como la sionista europea posteriormente camuflada como israelí. La duración media significa lo que vengo postulando como la “reconfiguración simbólica y material del Medio Oriente desde 1991”, el intento estadounidense (secundado por británicos y por la mayor base militar estadounidense “Israel”) de remodelar el mapa regional según sus intereses de dominación y expolio de recursos naturales. Y la corta duración que supone cuestiones más relativas a procesos políticos como las guerras, invasiones y cambios de gobierno, aunque aquí la belicidad, sobre todo en forma de incursiones lleva por lo menos un siglo y medio desde el Occidente colectivo.
El enfoque sigue la misma lógica en ambas obras: desde el marco internacional, el sistema mundial, pasa a interpretar la cuestión regional, para así entender el ámbito local. Pero eso provee el entendimiento o el intento de compresión de las interrelaciones con cuestiones irresueltas del pasado, y con dinámicas propias del capitalismo, su brazo armado el imperialismo y el mismo socialismo en términos geopolíticos de gran alcance. Eso permite observar hasta qué punto influyen en ese caso palestino, como sucede en cualquier parte del mundo, con la particularidad que este es el caso más documentado y que aparece en las primeras planas –incluye redes, cine, academia– de buena parte del mundo.
“Es casi como si nunca hubiéramos vivido sin el genocidio contra los palestinos. La palabra «genocidio» ingresa al derecho internacional en 1948, el mismo año que la Nakba (Catástrofe) contra los palestinos. El genocidio como concepto y los palestinos como pueblo expulsado de su patria son gemelos.” Dice Vijay Prashad en el comienzo del prólogo del libro, ¿por qué es importante señalar que el genocidio palestino no empezó en 2023 y que factores geopolíticos se dan para como pasó con el genocidio armenio en 1915-que la comunidad internacional no haga nada para detenerlo?
Primero aclaro que con Vijay Prashad pensamos conjuntamente el libro. Dicho esto, varios procesos genocidas se han producido en contextos de guerras mundiales como el genocidio armenio y el judío. En la actualidad si bien estamos en un proceso de tensiones geopolíticas mundiales y lo que llamo una guerra global híbrida situada es importante detectar cuáles son las instancias previas por las cuales se llega al genocidio actual palestino.
No cabe duda que esto tiene sus inicios a finales del siglo XIX con la incipiente colonización de sionistas europeos en tierras palestinas cuando estas se encontraban bajo el Imperio Otomano.
Pero más acá en el tiempo debemos analizar la estrategia primero de limpieza étnica a partir de 1948 y el establecimiento del estado de Israel de manera afín primero a Reino Unido, luego con la colaboración en armas nucleares por parte de Francia y a partir de 1967 con una colaboración más entrelazada y estrecha que aumentó hasta el día de hoy con Estados Unidos.
Entonces es una diferencia significativa que no haya un contexto de guerra mundial declarada. Pero la no intervención de otras potencias en realidad y no de la comunidad internacional, porque las potencias occidentales están involucradas directamente en el genocidio. Desde Estados Unidos, el Pentágono, la OTAN, y las principales potencias europeas occidentales como Reino Unido, Alemania, Italia y Francia, estos gobiernos sostienen en lo comercial, lo diplomático, lo financiero, lo armamentístico, la logística y el sostén geopolítico para que Israel lleve este genocidio adelante.
Por eso aquí la diferencia sería que por ejemplo el BRICS o las potencias que se consideran antagonistas de la OTAN serían las que podrían intervenir potencialmente para detenerlo, pero la cuestión es si eso detonaría una Tercera Guerra Mundial, dado que Israel es parte clave del engranaje del sistema imperial dominado por Estados Unidos y central por ello en el desenvolvimiento del capitalismo fósil actual.
Un punto clave para que no se detenga este genocidio ese es el soporte casi irrestricto de las potencias que sostienen el sistema imperial occidental que ahora se encuentra en una etapa de declive y apuesta más fuerte al belicismo.
Por lo tanto salvando las diferencias que existen con el apartheid sudafricano, una posibilidad es el aumento del Boicot Desinversiones y Sanciones y el aislamiento internacional al Estado de Israel por sus políticas genocidas. La disyuntiva vuelve a ser si esas potencias occidentales no solo lo apoyan, sino que lo utilizan como el canciller alemán Merz dijo: «Israel hace el trabajo sucio».
En tu trabajo centras tu análisis sobre “cuatro ejes principales de tensión, donde se está disputando la hegemonía mundial: el Sahel, Taiwán-China, Ucrania-Rusia-OTAN, Israel-Irán-Palestina-Medio Oriente”, ¿cuáles son los elementos en común entre estos ejes y cuáles son las principales diferencias? ¿quizás sería simplificar demasiado decir que en estos cuatro escenarios se está dando la batalla entre el imperialismo occidental, dirigido por EEUU, y la propuesta de mundo multipolar, con China, Rusia y otras potencias emergentes?
La principal diferencia entre esos cuatro ejes de tensión es respecto de la lucha en el Sahel con Burkina Faso Níger y Mali que buscan terminar de consolidar su independencia y soberanía en la llamada Francáfrica. Allí tienen en común con el centro de Afroeurasia el uso de fuerzas militares occidentales y del ingreso de yihadistas.
Las otras tres zonas de tensión tienen como característica simultánea estar en tres países- civilización principales que describo como el triángulo geoestratégico y son China Rusia e Irán.
Visto en el gran tablero geopolítico eso denota que buscan frenar los intentos de relaciones en lo que se denomina la Nueva Ruta de la Seda. Un mega proyecto que conecta Eurasia África e incluso Latinoamérica, pero que dejaría afuera Estados Unidos.
Entonces se produce un aumento de la tensión donde ya había bases militares establecidas afines a Estados Unidos o a países aliados del mismo como Israel Canadá y Australia, pero también Corea del Sur, Japón y Filipinas. Y en el caso del llamado Medio Oriente, o Asia occidental y el norte de África, se disputan esas tensiones a partir de la mayor influencia tanto china como rusa y que los países tienen una posición más pendular entre una y otra potencia.
La declaración por parte de la OTAN en Madrid en 2022, pero es algo que viene de antes, es que China es el rival sistémico, Rusia e Irán son los rivales hostiles. Por eso es que hay un entrelazamiento entre los puntos de tensión geopolítica y tienen en común en desarrollarse principalmente cerca de esos rivales.
La diferencia con el momento unipolar es que Estados Unidos estaba en una situación de mayor poderío económico y geopolítico. Eso cambio sobre todo a partir de la crisis capitalista del 2008 y del 2014 cuando Rusia mostró una mayor recomposición en el plano militar y China consolidó un despegue económico casi sin antecedentes para ser protagonistas y liderar la alianza del BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái.
Es ahí donde confronta parte del desenvolvimiento geoeconómico y la ampliación sobre territorios donde había donde había influido la Unión Soviética y luego se había retraído en su implosión, y que paulatinamente China y Rusia ampliaron sus zonas de influencia. Algo que está acompañado de la búsqueda de mayor protagonismo de las potencias emergentes como Indonesia, India, Turquía, Arabia Saudita, Irán y Brasil.
Esto por supuesto es visto así desde la geopolítica y cada uno de esos ejes tiene características propias, pero forman parte de esa guerra híbrida y de los intentos de gestar un mundo pluripolar o con realineamientos en el Sur Global que disputen el norte global más organizado desde final de la Segunda Guerra Mundial en diferentes instituciones como el FMI, el Banco Mundial, el G7 y la OTAN.
“El enfrentamiento con Israel aglutina a casi todas las facciones palestinas e incluso cohesiona al mundo musulmán y a la causa árabe”, apuntas en las primeras páginas del libro, sin embargo, asistimos a que la mayoría de los gobiernos árabes han hecho bien poco para detener el genocidio palestino, excluyendo a Irán y a Yemen. ¿Son rehenes estos gobiernos de sus acuerdos con EEUU, o incluso con Israel, como los que suscribieron con la entidad sionista algunos estados árabes?
Es que en ese pasaje me refiero al apoyo de los pueblos que en su mayoría sostienen la causa palestina. Diferente es el posicionamiento de los políticos y gobiernos árabes. Existe un proceso de normalización y reconocimiento del estado de Israel que empieza en 1979 con Egipto y sigue en 1994 con Jordania, a los que en 2020 se le suman Marruecos, emiratos árabes Unidos, Sudán y Bahréin. Esos son los gobiernos que más abiertamente y en los hechos han dado la espalda a los palestinos.
Existe una forma de esclarecer ese tipo de apoyos que se ven sobre todo desde 1991 cuando observamos los países que fueron asediados o directamente invadidos por Estados Unidos y sus aliados europeos, sobre todo, o también que fueron sancionados unilateralmente y todos juntos hostigados mediante una narrativa de deshumanización de los árabes y musulmanes.
Me refiero a Irak, Afganistán, Yemen, Libia, Siria, la misma Palestina, Líbano e Irán. Esos países sufrieron diferentes niveles de fragmentación interna y de intentos de aislamiento. No es casualidad que son los que apoyan a Palestina, lo que se traduce en oponerse a Israel, lo que es igual a rechazar los intentos y estrategias de dominio estadounidense sobre esta región.
Otro aspecto es que los gobiernos árabes al ser el movimiento palestino de una trascendencia e historia de resistencia y revolucionaria en ciertas ocasiones lo que pretenden es evitar que esa conciencia de lucha contra el opresor se convierta en movilizaciones que desestabilicen sus gobiernos.
Por eso la defensa de la causa palestina o el omitir actuar se ha convertido en estas últimas tres décadas y media en algo perjudicial para todos los países de la región. Y los que han buscado salvarse de manera individual no se han dado cuenta de cómo se han ido destruyendo países que han quedado solos frente a la potencia estadounidense. Podríamos decir que el eje de la resistencia es con sus dificultades quien se ha opuesto a la política de hegemonía israelí en la región que tiene un objetivo totalmente incrustado en la política exterior estadounidense.
“El nuevo paradigma promovido fue que la intervención militar estadounidense debiera producirse principalmente en esa zona por dos razones: por la amenaza que esto conllevaría para el resto del mundo y porque les otorgaría a esas poblaciones la libertad y la democracia.” Afirmas en otro capítulo de tu libro, pero el relato parece haberse agotado después de los fiascos de Irak, Libia o Afganistán, y sobre todo con el genocidio de Gaza, ¿a qué crees que se debe que los gobiernos europeos sigan comprando ese relato de los derechos humanos y la democracia en Ucrania, cuando ya se ha demostrado en Palestina que esos valores les interesan bien poco?
En todos los casos que mencionas el actor estadounidense es quien tiene una ventaja estratégica en cuanto a pertenecer a un continente insular alejado a miles de kilómetros de esa «zona de infiltración de la violencia». Está claro que la libertad y la democracia de la que hablan como valores para llevar al resto del mundo no están en la carpeta de quienes inician invasiones y bombardeos que generan miles y millones de refugiados, de muertos y de destrucción de familias y sociedades.
En el caso de Ucrania es un país clave para la geopolítica estadounidense por encontrarse en el centro de Europa y su cercanía directa a un rival como Rusia el país más grande del mundo y con una vasta reserva y diversidad de recursos naturales, además de un posicionamiento en política exterior como potencia y no como un país que no es soberano o fácil de doblegar.
Está claro que hay continuidad con esta forma de capitalismo y de colonialismo e imperialismo de manera actualizada ya que no solo pertenece a los libros de historia. Y las potencias europeas a diferencia de cuando miraron vastas extensiones del mundo ahora están más subordinadas a la potencia norteamericana.
Incluso en cuanto a refugiados o migrantes de zonas de conflictos los principales involucrados son los europeos, pero los gobiernos parecieran actuar en desconocimiento no solo de eso sino del derramamiento de sangre que estuvieron provocando.
La islamofobia o la arabofobia está acompañada de un discurso de sinofobia y rusofobia, que implican las posteriores o en simultáneos hostigamientos hacia esas regiones que son desde el punto de vista europeo y estadounidense las más reacias a sus intentos de dominio.
Poco les interesa formas que en que esos en que esos países se gobiernen a sí mismos, sino más bien o sus recursos o que no se alíen entre sí y detente una nueva hegemonía mundial.
La alianza entre China, Rusia e Irán, se ha materializado, pese a las sanciones y a los bloqueos, en numerosas iniciativas económicas como los BRICS, basadas en la cooperación, y no en la subordinación, como en el modelo impuesto por EEUU a Europa, ¿la Guerra de los doce días, iniciada por Israel, y apoyado por la administración Trump, ha sido un intento de atacar, tal vez, la pata más débil de esa alianza?
La alianza entre China Rusia e Irán se va a intensificando a medida que integran las instituciones internacionales como BRICS y OCS y por el aumento de conexiones bilaterales como el paso de la ruta norte sur entre Rusia pasando por Irán y llegando a la India. La diferencia más notable hay es que no hay un tratado de defensa mutua más allá de que hay intercambios de tecnologías como los misiles balísticos que solo poseen esos tres países y Corea del Norte y que habría usado Yemen también.
La estrategia es doblegar a los palestinos para ir por Irán mientras se debilita a los movimientos de guerrilla del Líbano, Irak y Yemen. Pero parece ser que la intención es desestabilizar la política iraní a través de las sanciones y a través de provocar un aislamiento internacional.
En parte eso es lo que hace que Irán gire hacia el este y que las mismas intenciones sobre Rusia hayan aumentado tanto las relaciones diplomáticas como las comerciales y geopolíticas entre las potencias mayores y de segundo orden de Eurasia.
Irán es uno de los objetivos de las potencias occidentales y Por ende de Israel que actúa en consonancia con esas intenciones por el peso que tiene esto en el en el sistema mundial y en el capitalismo fósil. Ya que Irán como potencia gasífera y petrolífera además de tener una posición geoestratégica clave se erige un país que se opone más abiertamente al eje anglosajón israelí más allá de que mantenga relaciones.
Y eso se puede vislumbrar en la búsqueda de una independencia energética nuclear que funcionaría como paraguas de defensa tal como tienen las potencias nucleares y que Israel sabe que al ser el único que la detenta en esa región tiene una ventaja por sobre los demás. Entonces Irán con sus desarrollos tecnológicos y su potencialidad, al ser cercado en sus relaciones con Europa amplía su mirada hacia el resto.
La lectura que puede hacerse de esta situación es que primero se quiere vencer a Irán como la potencia que quedó en pie luego de la reconfiguración general y material del centro de Afroeurasia desde Libia hasta Afganistán, para poder avanzar como se está haciendo ya ante Rusia y poder luego de ello intensificar la presión sobre Taiwán para acechar a China.
El tema es que esta es un planteo geoestratégico de tensiones, pero los cuales están siendo respondidos mediante el realineamiento de alianzas y la recomposición y el ascenso económico del sudeste asiático con la locomotora China. Algo que pone a toda la región en otra posición y por eso el BRICS pese a no tener esa intencionalidad militar que lo diferencia de la OTAN, genera un despliegue de países en algunos casos hasta hace pocas décadas colonizados o asediados por el imperialismo occidental.
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