Maduro en su laberinto

Por Daniel Seixo


¿Cuál va a ser el destino de América Latina?. Yo no lo sé, pero sé cuál es el desafío. El desafío es: ¿Vamos a convertirnos en la triste caricatura del Norte? ¿Vamos a ser como ellos? ¿A repetir los horrores de una sociedad de consumo que está devorando el planeta? ¿Vamos a ser violentos? ¿Vamos a creer que estamos condenados a la guerra incesante? ¿O vamos a generar un mundo diferente? Vamos a ofrecer al mundo un mundo diferente. Yo creo que ese es el desafío que tenemos planteado. Y por hoy somos, la verdad, caricaturas bastante tristes. De modos de vida que se nos imponen desde afuera. Estamos gobernados por sistemas de poder que cada día nos convencen que ‘no hay virtud más alta que la virtud del papagallo’, que ‘no hay habilidad comparable a la habilidad del mono’. El papagallo, el mono, los que imitan: los ecos de voces ajenas.

Eduardo Galeano


Un hombre que posterga su elección, tendrá necesariamente la elección hecha para él por las circunstancias.

Hunter S. Thompson


Venezuela no será colonia norteamericana nunca más.

Hugo Chávez

Una vez más los tambores de Washington retruenan sobre las calles de Caracas, sonidos lejanos, pero estruendosos y amenazantes al verse instantáneamente apoyados por las manos de quienes hoy ya no escatiman en medios a la hora de hacerse con el control de su nación, aunque este venga bajo el dictado de los Estados Unidos. A nadie se le escapa a estas alturas que la situación en Venezuela permanece tensa desde hace tiempo, al borde de la guerra civil quizás. Un desenlace trágico que tan solo parece poder evitarse gracias a la actitud calmada y democrática de unas fuerzas armadas bolivarianas guiadas y formadas bajo el espíritu del chavismo. Y es que hasta el momento y pese a los repetidos intentos por crear numerosas tramas que demostrasen al pueblo y a la comunidad internacional lo contrario, las  parecen permanecer leales al gobierno venezolano.

Los tiempos del ruido de sables y los paseillos militares por la capital, para marcar el ritmo político y económico de la nación, parecen ya pasados y eso es algo a lo que la burguesía venezolana no parece lograr adaptarse

De nada ha servido el Proyecto de Ley de Amnistía aprobado por el Parlamento de Venezuela y dirigido a los funcionarios y militares que se pudiesen sentir tentados a desbancar a Nicolás Maduro, pese a los continuos llamamientos de la oposición venezolana, ningún actor militar parece dispuesto a derrocar al gobierno por medio de las armas. Los tiempos del ruido de sables y los paseillos militares por la capital, para marcar el ritmo político y económico de la nación, parecen ya pasados y eso es algo a lo que la burguesía venezolana no parece lograr adaptarse.

Podríamos en este pequeño espacio volver la vista atrás, para repasar la serie de acontecimientos que nos han llevado hasta el punto exacto en el que Juan Guaidó ha decidido declarase en plena calle presidente interino de Venezuela y un disparate semejante ha sido reconocido por Estados Unidos, además de por diversos gobiernos latinoamericanos de signo conservador. Pero para ahorrar tiempo y esfuerzo, les voy a remitir a alguno de mis artículos previos sobre el país en los que analizó la deriva política en Venezuela, por tanto pasaré en este caso a centrarme en los acontecimientos más inmediatos y en la clara hipocresía presente en los mismos.

Trump, Bolsonaro, Macri, Aznar, Felipe González, Pablo Casado, Albert Rivera, Santiago Abascal…, la lista de políticos que han tardado apenas minutos en reconocer a Juan Guidó como presidente legítimo de Venezuela es extensa además de esclarecedora. Poco Importa que el señor Aznar o el señor Rivera se hayan pasado medio año tildando de golpista al pueblo catalán, Pedro Sánchez, Quim Torra o a cualquiera que no pensase como ellos, ni que los vínculos económicos de Felipe González con la oposición venezolana sean tan obvios que produzca vergüenza ajena ver al “viejo socialista” hablar de democracia para justificar un golpe de estado. Tampoco parece importar demasiado que los patrioteritos de Vox o el Partido Popular apoyen la descarada injerencia extranjera en un país soberano, ni que Macri o Bolsonaro sean el claro ejemplo de los males de la contraofensiva del neoliberalismo en la región. Cuando Trump al mando del Imperio ha dado el primer toque de corneta, las botas militares del mundo se han cuadrado y no ha existido espacio, ni tiempo, para el debate: el pueblo venezolano ha contemplado incrédulo como gran parte del mundo Occidental les arrebata su soberanía para imponerles un presidente al que nadie ha votado. Con la tabarra que nos han dado aquí muchos por eso mismo con Sánchez.

Una vez más los tambores de Washington retruenan sobre las calles de Caracas, sonidos lejanos, pero estruendosos y amenazantes al verse instantáneamente apoyados por las manos de quienes hoy ya no escatiman en medios a la hora de hacerse con el control de su nación

Da igual si la Constitución venezolana habla de la necesidad de que el presidente fallezca, renuncie o sea declarado incapaz por padecer una enfermedad o estar al borde de la muerte para que un presidente interino asuma el cargo, al igual que les importa bien poco que una vez comenzado el mandato presidencial debiese ser la Vicepresidenta Delcy Rodríguez quien asumiese la interinidad del Gobierno en ese caso. La oposición venezolana ha montado todo este espectáculo porque se sabe apoyada por la administración norteamericana y probablemente Trump haya montado todo este espectáculo porque se sabe cada vez menos apoyado por su pueblo, especialmente por un colectivo latino que en su mayoría tampoco guarda demasiadas simpatías por todo lo relacionado con el chavismo. Si ustedes pueden llegar a odiar a los taxistas o a los estibadores por un par de matinales políticos, tampoco se extrañen demasiado cuando los migrantes latinos odien a los gobiernos más progresistas del continente, al final la mayoría de sus medios pertenecen al patrón y son demencialmente reaccionarios en su contenido.

Y ante esta situación nos encontramos ante un presidente legítimo al que su pueblo ha elegido y la comunidad internacional repudia y con un señor al que Estados Unidos y CIA apoyan pero al que nadie en Venezuela ha votado. Lo lógico sería que la comunidad internacional condenase lo sucedido hoy en Caracas como un golpe de estado, esperar a que el gobierno venezolano detuviese a los golpistas y reanudar la actividad política en el país de una manera sosegada y dialogante entre diferentes sectores sociales. Eso sería lo lógico, pero no sucederá tal cosa.

La izquierda progresista de medio mundo y sus líderes continúan asumiendo como legítimo que cualquier gobernante que desagrade al Tío Sam pueda ser derrocado siempre y cuando los aviones no lleguen a bombardear una vez más La Moneda

Los escenarios que se abren son a todas luces complicados para el gobierno de Nicolás MaduroEn el mejor de los casos superará un nuevo intento de golpe de estado, pero su imagen permanecerá dañada, acercando el golpe definitivo un poco más. Los venezolanos están muy cansados y pese a reconocer las manos yankees tras gran parte de sus males, la paciencia del estómago tiene un límite por firmes que sean los principios. El gobierno bolivariano precisa dar un golpe de mano y comenzar a corregir serias disfunciones que allanan el camino a la oposición, no basta con gestionar unos recursos cada vez más escasos, sino que es hora de crear tejido productivo y revertir en profundidad las dinámicas capitalistas que legitiman y respaldan al poder oligárquico en Venezuela. Chávez llevó a cabo una revolución necesaria en el país, pero hoy es tiempo de una nueva revolución de base en Venezuela. En el peor escenario, la oposición aguantará el pulso lo necesario para generar un grado de violencia suficiente para que las FANB o un gobierno extranjero tome partido en la crisis política abierta. Cualquier escenario de derrocamiento del poder popular en Venezuela parece hoy inevitablemente destinado a recuperar el golpe de timón de la derecha en el país. No debemos esperar de la oposición venezolana el sentido de estado que tuvo Hugo Chávez cuando viendo fracasado su golpe hizo un llamamiento a los mandos militares leales y a la población para deponer las armas y entregarse. La amalgama política que es hoy la oposición del país tan solo tiene un nexo en común, su odio visceral al chavismo y su adscripción de clase. Los muertos de un conflicto bélico con toda probabilidad no recaerán de forma mayoritaria en las acomodadas urbanizaciones caraqueñas, sino en los cerros, allá donde el dinero puede comprar a jóvenes sicarios que poco o nada saben de la política nacional.

La oposición venezolana ha montado todo este espectáculo porque se sabe apoyada por la administración norteamericana y probablemente Trump haya montado todo este espectáculo porque se sabe cada vez menos apoyado por su pueblo

Venezuela es un escollo demasiado incómodo para los Estados Unidos y para el proyecto económico neoliberal, un desafío resistente y testarudo que no puede seguir sirviendo como ejemplo ante los cambios inminentes que se avecinan a nivel global. La derecha internacional ha comprendido inmediatamente el significado del golpe de estado que se ha producido hoy, sus filas han sabido actuar al unísono, mientras en la izquierda progresista de medio mundo y sus líderes continúan asumiendo como legítimo que cualquier gobernante que desagrade al Tío Sam pueda ser derrocado siempre y cuando los aviones no lleguen a bombardear una vez más La Moneda.

Vacilar ante la imposición del relato de la derecha, supone hoy el mayor suicidio político de la izquierda. No estamos discutiendo las debilidades o las fortalezas del gobierno de Nicolás Maduro, ni comparando el actual período político de Venezuela con la era Chávez, lo que ahora toca es ponerse del lado de la democracia y del pueblo venezolano el cúal ha expresado su voluntad en las urnas en innumerables ocasiones. Resulta indecente entrecomillar la injerencia estadounidense ante todo lo que está sucediendo cuando el senador Marco Rubio había anunciado el golpe con 24 horas de antelación, resulta insultante hablar de diálogo en un escueto tuit cuando tu partido llegó a presentar a la revolución bolivariana como una revolución hermana… Pero que esperar de los mismos medios que tildaron al Euromaidán de revolución democrática o de los políticos que tras abrazar aparentemente al chavismo renegaron tres veces del mismo presionados por la derecha durante el transcurso de una comisión de investigación que nada tenía que ver con Venezuela.

Juan Guaidó se ha autroplocamado presidente de Venezuela en la calle, en un acto no demasiado multitudinario, para inmediatamente salir corriendo a la embajada de Colombia, un país en el que han sido asesinados cerca de 120  líderes sociales bajo el mandato de Iván Duque. Estados Unidos ha amenazado con una intervención militar unilateral en Venezuela mientras acusa a Rusia de acumular injerencias en la política global. Israel continúa bombardeando Siria al tiempo que la administración Trump impone al país nuevas sanciones sin que ningún organismo internacional ha levantado la voz por ello. Miles de migrantes cruzan las fronteras huyendo de la miseria sin que una sola potencia mundial diga que la situación es insostenible…. Bienvenidos a la política tras la caída del muro, bienvenidos al inminente inicio del fin de la pax romana del capitalismo.


Necesitamos tu ayuda para seguir adelante con el periodismo crítico.

Nueva Revolución no tiene ánimo de lucro, pero sí tiene gastos. No queremos depender de nadie ni tener publicidad. Con 1, 2, o 3 euros al mes nos ayudarás a seguir mostrándote nuestros artículos.
Ayúdanos a seguir ofreciendo Nueva Revolución.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Nueva Revolución utiliza cookies, no podemos evitarlo. Al seguir navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies