![]()
En 2015, mientras Francia lloraba a los muertos de los atentados islamistas, Al Golani, entonces líder del Frente al-Nusra, celebraba públicamente la violencia contra Occidente.
Por Joan Balfegó | 12/05/2025
En un acto que solo puede calificarse como una afrenta a la memoria de las víctimas del terrorismo y una traición a los valores de la República Francesa, el presidente Emmanuel Macron desplegó la alfombra roja para recibir a Ahmed al Sharaa, conocido como Abu Mohamed al Golani, el autoproclamado líder interino de Siria y exjefe del grupo yihadista Hayat Tahrir al-Sham (HTS), vinculado históricamente a Al Qaeda. Esta visita oficial del 7 de mayo, no solo representa un insulto a los franceses asesinados en los brutales atentados islamistas de 2015 en París, sino que pone de manifiesto la bajeza moral y la absoluta falta de principios de Macron.
Un terrorista en el Elíseo
Hace una década, el 13 de noviembre de 2015, París fue sacudido por una serie de atentados coordinados perpetrados por el Estado Islámico, que dejaron 130 muertos y cientos de heridos en el Bataclan, bares y restaurantes de la capital. Aquellos ataques, junto con los de Charlie Hebdo meses antes, marcaron un punto de inflexión en la lucha de Francia contra el terrorismo islamista, una ideología que Al Golani no solo ha compartido, sino que ha promovido activamente durante años. En 2015, mientras Francia lloraba a sus muertos, Al Golani, entonces líder del Frente al-Nusra (brazo de Al Qaeda en Siria), celebraba públicamente la violencia contra Occidente. Hoy, ese mismo hombre, con un traje de presidente interino, pasea con impunidad por las calles de París, recibido con honores de jefe de Estado por un Macron que parece haber olvidado el dolor de su pueblo.
La recepción en el Palacio del Elíseo, con la Guardia Republicana rindiendo honores, es una imagen que repugna a cualquiera que valore la memoria de las víctimas del terrorismo. Al Golani, cuya organización ha sido señalada como terrorista, requirió una exención especial de sanciones internacionales para pisar suelo francés. Que Francia, un país que se jacta de su compromiso con los derechos humanos y la lucha contra el extremismo, haya solicitado tal exención para agasajar a un hombre con sangre en las manos es una muestra de cinismo político sin precedentes.
Un insulto a las víctimas
Para los franceses que perdieron a sus seres queridos en 2015, la visita de Al Golani es una puñalada al corazón. Al recibir a un líder cuya carrera está impregnada de la misma ideología integrista que inspiró aquellos ataques, Macron envía un mensaje devastador: la memoria de los asesinados es negociable, y la justicia para las víctimas es secundaria frente a supuestos intereses estratégicos. ¿Cómo puede Francia mirar a los ojos a las familias del Bataclan mientras su presidente estrecha la mano de un hombre que, en esencia, representa la misma amenaza que segó tantas vidas?
Macron justifica su decisión con argumentos de pragmatismo: dialogar con el nuevo régimen sirio es necesario para estabilizar la región, prevenir el resurgimiento del Estado Islámico y proteger los intereses franceses, incluidos los económicos, como el contrato de 30 años para desarrollar el puerto de Latakia por parte de la empresa francesa CMA CGM. Pero este cálculo frío ignora el costo ético de tal decisión. Al recibir a Al Golani, Macron no solo legitima a un líder con un historial de violencia y represión, sino que también envía una señal peligrosa a los grupos extremistas: el terrorismo puede ser un trampolín hacia la respetabilidad internacional.
Además, la situación en Siria dista de ser alentadora. Desde la caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, el régimen de Al Golani ha estado marcado por masacres sectarias, como las que dejaron 1.700 muertos, principalmente alauitas, en marzo de 2025, y enfrentamientos con comunidades drusas. Informes de ONG documentan abusos sistemáticos y la incapacidad del gobierno sirio para controlar a las facciones extremistas que lo apoyan. A pesar de las promesas de Al Golani de ‘gobernar para todos los sirios’ y proteger a las minorías, la realidad es un mosaico de violencia, represión y fragmentación. Macron, al extenderle la mano, se convierte en cómplice de un régimen que, lejos de avanzar hacia la democracia, parece encaminarse hacia una república islámica autoritaria.
La recepción de Al Golani no es solo un error diplomático; es un reflejo de la decadencia moral de un liderazgo que ha perdido el rumbo. Macron, que en 2017 prometía ser un baluarte contra el extremismo, hoy se arrodilla ante un hombre cuya trayectoria es incompatible con los valores que Francia dice encarnar. Esta visita no fortalece la posición de Francia en el escenario internacional; la debilita, al mostrar al mundo que París está dispuesto a sacrificar su integridad por intereses económicos y geopolíticos.
La Francia que lloró en 2015 merece algo mejor que un presidente que agasaja a los herederos ideológicos de sus verdugos. La alfombra roja desplegada para Al Golani no es un gesto de paz, sino un símbolo de capitulación moral.
Mientras las víctimas del terrorismo claman justicia desde el silencio, Macron pasea de la mano con un terrorista reciclado, demostrando que, en su visión del mundo, los principios son prescindibles y la memoria de los caídos, un precio que está dispuesto a pagar.
Se el primero en comentar