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Jayro Sánchez entrevista al escritor aragonés Luis Zueco, a propósito de su último trabajo, ‘El Juicio’.
Por Jayro Sánchez | 12/03/2026
Luis Zueco (Borja, 1979) es un escritor español curtido en mil y una batallas con el complejo y rico pasado de nuestro país. Su larga lista de lectores y sus numerosos trabajos lo avalan como uno de los novelistas más importantes del género de la ficción histórica en Europa. Acaba de publicar El Juicio (Penguin Random House, 2026), un libro sobre Goya, artista enigmático y multifacético como pocos. Conversamos con él sobre sus Caprichos, el arte y su relación con la política y lo subversivo.
Tu nueva novela tiene como protagonista a uno de los pintores más famosos de la historia de España: Francisco de Goya y Lucientes. ¿Escogiste retratar lo que querías contar por el artista o fue al revés?
Para escribir una trama, yo siempre parto de un tema muy general: los libros, la medicina, el comercio… En este caso, hablo del arte y de su poder a lo largo de la historia. Ha sido una tarea compleja, porque Goya fue un genio en su ámbito. Tuvo una vida muy longeva y experimentó muchos avatares, por lo que fue difícil escoger una etapa de su existencia que se adecuara a lo que yo quería expresar.
Encontré la solución en Los caprichos, cuya publicación supuso un punto de inflexión en el mundo artístico. No solo porque representara el tránsito entre el historial de su autor como pintor de encargo de la aristocracia y como creador autónomo, sino porque con ella tomó partido desde un punto de vista político y social en los grandes debates de su tiempo.
El segundo elemento más importante dentro del libro es la ciudad de Madrid, donde transcurre casi toda la narración. ¿Qué te llevó a elegirla como escenario?
Era casi una obligación. El relato se contextualiza en los últimos años del Antiguo Régimen y en España. Aunque Goya nació en Zaragoza y estuvo en Roma y otros lugares, vivió mucho tiempo en la capital debido a que era el pintor de cámara del rey y el retratista de muchos de sus nobles.
La ciudad tenía que ser un personaje más, ya que el actual Madrid monumental es el que se estaba terminando de construir en aquel tiempo. Por suerte, es muy reconocible. Y eso me daba mucho juego.
En su época, la del pintor fue una figura polémica por sus ideas liberales y por su apoyo a la Francia revolucionaria. Algunos pensaban que era un hombre centrado en salvar a España del desastre, y otros que era un traidor y que se vendió a los franceses durante la guerra de Independencia (1808-1814). ¿Cuál es la verdad?
Él era un ilustrado. Como Jovellanos, Moratín u otros grandes personajes de la época. Lo que ocurre es que, en el momento en que arranca la novela, los partidarios españoles del liberalismo ya estaban siendo purgados de las instituciones.
Si Goya hubiera publicado Los caprichos unos años antes, se habría encontrado una coyuntura política más favorable. Sin embargo, tuvo que hacerlo con prisas porque se dio cuenta de que, o los daba a conocer en ese momento, o no verían la luz jamás. Porque su intención era denunciar a través de ellos todos los males que veía en la sociedad española.
¿Quién fue Goya a nivel artístico?
Un genio que pasó por muchas y muy distintas etapas. Nació en 1746, en pleno Barroco, pero también bebió del Clasicismo. A pesar de ello, en la década de 1790 fue cuando inició la pintura revolucionaria por la que se lo conoce. Fue él quien nos enseñó que el arte no tiene por qué ser bonito y que todo artista necesita libertad creativa.
En suma, Goya fue el pintor de las primeras veces: el primer impresionista, el primer expresionista, el primer autor de cómic, el primer fotógrafo de guerra…
¿Por qué le costó tanto llegar a ser quien fue?
Porque era un adelantado a su época. Se presentó a varios premios y los perdió ante pintores que ya no conoce nadie. A pesar de que los jurados reconocían su trabajo, no lo entendían. A otros grandes personajes de la historia les ha pasado lo mismo.
El final de su vida está más mezclado con la política. Goya esperaba otra cosa de las nuevas ideas que llegaban de Francia, a la que se fue tras la toma del poder en España por Fernando VII. Lo increíble es que, aunque ya estaba muy desencantado, siguió creando hasta el último momento de su vida.
Si bien fue el pintor del rey Carlos IV y su familia, una de sus mayores aficiones era retratar a los madrileños de las clases populares. ¿Cómo se puede explicar esa dualidad técnica y filosófica?
Porque era una persona muy inteligente. Quería triunfar, por lo que se plegó a los reyes. No obstante, buscaba pintar la realidad. Y lo consiguió incluso en sus obras cortesanas y de gabinete, donde introdujo análisis psicológicos muy complejos y numerosas críticas sociales.
¿Su valentía y su capacidad de denuncia fueron la causa de su ruina?
Él sabía lo que estaba haciendo al publicar Los caprichos. Por eso estos son tan ambiguos. Necesitaba defenderse ante la Inquisición diciendo que no eran lo que parecían.
Aun así, Los desastres de la guerra y Los disparates no fueron publicados hasta su muerte. Él mismo no se atrevió a venderlos. Supongo que la edad lo fue venciendo.
¿Cuál es tu visión sobre el mundo artístico actual?
Comparándolo con el de Goya, lo veo bastante desalentador. Se han perdido muchos de esos ideales subversivos que él tenía. El arte se ha vuelto muy mercantilista.
Como historiador y autor de esta novela, tienes que haber reflexionado mucho acerca del concepto del arte. ¿Qué es?
Algo en constante evolución. Antes de Goya, era la belleza. Él nos demostró que podía ser otra cosa, y más pintores, como Picasso o Dalí, nos lo confirmaron. En mi opinión, nos hace falta un nuevo genio que venga y cambie otra vez las cosas.
El arte ha ejercido y ejerce todavía una fascinación tremenda sobre la mente de millones de personas. ¿Cuál es su poder?
El de ser un elemento creador y transformador que se supera a sí mismo de forma constante.
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