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Luis Gonzalo Segura destaca cómo los fondos públicos se destinan a compras militares cuestionables, mientras que las denuncias de agresión sexual en el ejército se quedan sin respuesta.
Por Héctor Bujari Santorum | 22/01/2025
Hoy tenemos el honor de contar con la presencia del Teniente Segura, quien ha destapado casos de corrupción, abusos y el mal manejo de los recursos públicos dentro de las Fuerzas Armadas Españolas, exponiendo graves irregularidades que afectan al Ejército. Su valentía al denunciar estos hechos le costó la expulsión de la institución militar y enfrentó represalias por su lucha en favor de la transparencia. Su trabajo ha cambiado significativamente la percepción pública sobre las Fuerzas Armadas.
En esta primera parte de la entrevista, abordaremos varios temas relacionados con su experiencia y el impacto de sus acciones en los últimos años. Para comenzar, me gustaría preguntarte:
¿Consideras que la justicia militar es realmente imparcial cuando se trata de juzgar a sus propios miembros?
Bueno, creo que es evidente que no. De hecho, ninguna justicia es independiente e imparcial objetivamente hablando, en términos jurídicos, para juzgarse a sí misma y a sus propios hechos. Ni siquiera la justicia ordinaria, menos aún la militar. Tenemos que pensar que no existe la justicia militar en Alemania en los últimos 100 años, desde los tiempos de Hitler. Hace más de 40 años que ha desaparecido… Entonces, bueno, todo esto nos muestra que algo tiene que estar pasando cuando en España todavía sigue vigente la justicia militar en tiempos de para juzgar delitos comunes. Ni siquiera se están juzgando delitos de naturaleza claramente militar. Por ejemplo, que un militar viole o agreda sexualmente a otro militar o a otra militar no se está juzgando en la justicia ordinaria, cuando es un delito que no tiene naturaleza militar. No es algo que pueda quedar de alguna forma reducido al ámbito militar; otra cuestión es que estuviéramos hablando de un delito de naturaleza militar o castrense, que pudiera ser encausado por una jurisdicción castrense. Aun así, en este caso no existirían los elementos básicos de independencia e imparcialidad.
¿Cuáles serían estos? Porque hay países donde sí existe la justicia militar, pero siempre respetando estos elementos. Personal civil, que no guarde ningún tipo de relación durante toda su trayectoria profesional, respecto al Ministerio de Defensa ni ninguno de los ejércitos, que es a quienes va a juzgar. No puede ser que mi carrera militar, mis ascensos, condecoraciones y mi futuro militar dependan de los organismos a los que voy a juzgar. Esto, en términos jurídicos, te deja totalmente inhabilitado. En Reino Unido existe la justicia militar, pero siempre con personas civiles e independientes que no tienen relación con el Ministerio de Defensa. Ellos pueden seguir progresando en el estamento jurídico militar sin depender de los elementos que van a juzgar. Al final es lo que pasa en la jurisdicción ordinaria. ¿De quién dependes en la jurisdicción ordinaria? Al final dependes de los partidos políticos a los que tienes que juzgar, porque son ellos los que, mediante el Congreso y el Senado, nombran a la cúpula de la justicia. Si tú eres un juez y tienes aspiraciones de llegar o ascender lo máximo dentro de la carrera jurídica, no puedes tomar decisiones que vayan contra estos partidos. En el ámbito militar ocurre lo mismo.
En relación con las agresiones sexuales dentro del ejército, ¿cómo valoras la respuesta institucional ante estas situaciones y qué cambios consideras necesarios para abordar este problema de manera efectiva?
Es muy complejo, pero está muy relacionado con lo que he comentado antes. Creo que es básico tener una jurisdicción completamente independiente e imparcial, que no guarde ningún tipo de relación con el ámbito militar. Los delitos, en este caso de naturaleza sexual, y todos los delitos de violencia contra la mujer, deben ser juzgados en los tribunales que correspondan, más que en los civiles, en los ordinarios. A partir de ahí, creo que eso podría suponer una ruptura con respecto al nivel de impunidad que existe dentro del ejército español, que es absolutamente salvaje. La violencia contra la mujer queda casi siempre impune dentro del ámbito militar.
En ese sentido, creo que la izquierda tiene mucho que decir. La izquierda en este país, por desgracia, es una izquierda que es muy cómplice de esta impunidad, ya que cada vez que gobierna no toma ningún tipo de medidas para intentar solucionar la impunidad de la violencia contra la mujer. Es muy contradictorio, porque se mantiene un discurso de lucha permanente contra la violencia y la desigualdad que padece la mujer. Sin embargo, en el ejército, ese es el día a día. Porque partidos como el PSOE, incluso como Podemos o Unidas Podemos, no han hecho nada al respecto. Irene Montero estuvo en el Ministerio de Igualdad, y durante ese tiempo no tomó ninguna medida para evitar o terminar con la impunidad de la violencia contra la mujer en el ejército.
¿Por qué no se toman este tipo de medidas? Al final, lo que nos encontramos es una izquierda que, por desgracia, desde mi punto de vista, expresa un enorme sectarismo. ¿Quién es una mujer de las “nuestras”? ¿No? Nosotros defendemos a nuestras mujeres. ¿Y quiénes son nuestras mujeres? Pues una mujer que trabaja limpiando, una mujer que trabaja en una industria, una mujer que trabaja en una oficina, porque las considero como trabajadoras. ¿Y una mujer que trabaja en un cuartel? No, esa no es una trabajadora, es nuestra enemiga, ¿no? Se ha metido con nuestros enemigos, está con los enemigos, nos ha traicionado y, por tanto, no la defendemos. No la consideramos igual.
Si el nivel de violencia que padece la mujer dentro de los ejércitos fuera el mismo, o lo padecieran las trabajadoras de los hoteles, la izquierda estaría con ellas. Creo que la izquierda tiene que revisar parte de sus postulados, y este es uno de ellos, indudablemente. Al final, la izquierda, muchas veces, es tan sectaria que está reduciendo su ámbito de actuación a ellos y a cuatro colectivos más, entre comillas. Y ese es un error, desde mi punto de vista, aparte de una injusticia, claro.
Has hablado en el pasado sobre el malgasto de recursos en equipamiento militar. ¿Podrías profundizar un poco sobre cómo se toman las decisiones de adquisición de material y cuáles son las principales ineficacias que has detectado?
Absolutamente todas, al final uno de los principales problemas que tenemos en el ámbito militar, y esa es la raíz de todo, es que España es un país vasallo. Entonces, al ser un país vasallo en términos geopolíticos, y al formar parte de un imperio, no toma decisiones en función de sus intereses, que después podríamos criticar. Eso no significa que esas decisiones necesariamente tengan que ser buenas. Pero claro, si tú no tienes una agenda de política exterior, no tienes unos intereses geopolíticos. Si tus intereses geopolíticos y tu agenda exterior son ajenos a ti, evidentemente no edificas un ejército para defender esos intereses. Y podríamos decir si está bien o mal.
¿Mi interés geopolítico, por ejemplo, cuál es? Pues es dominar a Marruecos. Bueno, puede estar bien, puede estar mal o estar regular, pero es mi interés. Yo entiendo que Marruecos es mi competidor y quiero de alguna forma imponerme sobre Marruecos. Pues construyo un ejército pensando en conseguir intimidar a Marruecos, en situarme por encima de Marruecos, en obtener siempre acuerdos con Marruecos que sean favorables a mis intereses, etc. Podría haber muchas agendas, muchos tipos de agendas.
¿Cuál es mi interés como España? Ser una potencia dentro de Europa. Creo que no existe capacidad, pero bueno, yo soy España y me planteo que quiero ser una potencia. Pues construyo un ejército para ser una potencia dentro de Europa. O quiero ser una potencia regional en el Mediterráneo, pues construyo mi ejército para ser una potencia regional en el Mediterráneo.
Pero España no tiene ningún tipo de agenda geopolítica. Si nosotros miramos sus documentos oficiales y sus planes que construyen la política exterior a vista de 5 o 10 años, nos encontramos que no existe una agenda. Es absolutamente contradictorio y, además, está muy marcada por lo que determina Estados Unidos. Con lo cual, si tú no tienes agenda, no tienes necesidad de construir un ejército, porque no tengo un fin para usarlo.
Voy a poner un ejemplo: si yo lo que pretendo es intervenir en países en el norte de África o hacerme fuerte en el norte de África, construyo un ejército para tener una serie de conflictos completamente asimétricos, en los que voy a ser plenamente superior a los países con los que me voy a enfrentar o a los países a los que yo voy a desplazarme. Edifico unas fuerzas armadas en las que a lo mejor lo principal es tener unidades pequeñas, móviles y transportables en muy poco tiempo, porque voy a ser plenamente superior a los países a los que pretendo de alguna forma someter y explotar, etc.
Si yo lo que pretendo es ser una potencia dentro de Europa, tengo que construir un ejército para medirme con otros ejércitos simétricos. El concepto es completamente diferente. Programas armamentísticos de muchísimo más peso, un ejército más compacto, más numeroso. Es decir, estamos hablando de diseños completamente diferentes. Si yo no tengo una política, si yo no sé lo que voy a hacer en el mundo, no puedo construir un ejército. Y construya lo que construya, siempre estoy malgastando el dinero.
¿Qué es lo que pasa? Que detrás de todo esto, al final, lo que hay en los países vasallos, y lo ha habido siempre y lo podemos ver a lo largo de la historia, desde los romanos y los griegos, siempre es igual. Aquel que es vasallo no construye un ejército. No tiene un ejército para sus propios intereses, sino para el “señor” que manda sobre él. En este caso, todo el gasto armamentístico que hay en Europa, todo ese incremento armamentístico que hay en Europa, cumple una función. Y la función principal es el tributo. Nosotros tributamos a Estados Unidos, estamos pagando la guerra de Ucrania, estamos financiando la guerra de Ucrania con ese aumento del gasto. Porque debajo de toda esa industria, en ocasiones incluso pública y española, lo que hay son unos fondos de inversión norteamericanos que son en lo que termina todo este capital. Al final, mires donde mires, están los fondos de inversión norteamericanos, está el “señor”, y estoy pagándole el tributo.
Sobre el tema de la asignación de contratos dentro del ejército, ¿cómo funciona el proceso de asignación de contratos? ¿Existe algún mecanismo para evitar el favoritismo y, digamos, esa corrupción en la asignación de contratos?
Ninguna. Fíjate que, ni siquiera el engaño que padecemos. Cuando se adjudica, por ejemplo, hay muchos programas y muy diferentes. Pero cuando se adjudica, al ser contratos de defensa, normalmente suelen estar regidos por una enorme cantidad de excepcionalidades que les permiten dirigir los contratos a donde quieren.
Entonces, cuando llegamos y decimos: “Bueno, vamos a comprar unos blindados” en mitad de la pandemia, que esto ya venía de antes, se termina de aprobar en la pandemia. Vamos a gastarnos más de 2.100 millones de euros en blindados porque necesitamos unos blindados 8×8, etc. Es muy discutible que necesitemos esos blindados, y más a día de hoy. Estamos viendo cómo la guerra de Ucrania está cambiando muchos de esos conceptos.
Bien, pues los dirigimos y vamos a una serie de empresas con las que ya hemos trabajado en el pasado. Bueno, es que Santa Bárbara Genera Dynamics es española. No es española, es una filial española de una empresa norteamericana. Primer error en el que estamos. Entonces, se lo damos a una empresa “española” y se lo damos a una empresa española porque genera puestos de trabajo. Y, según Margarita Robles, generar puestos de trabajo es un gasto social. Yo me gasto dinero en armas y genero trabajo, y eso es un gasto social.
Entonces, empiezo a dirigir los contratos en función de si es una empresa española, lo cual es mentira, porque no es una empresa española. Voy a generar trabajo en España. Y empiezo a pedir una serie de características técnicas que solo va a poder cumplir la empresa a la que yo se lo quiero dar. Por ejemplo, hay otra empresa, que es Escribano, una empresa que era absolutamente residual en el ámbito de la defensa hasta que llega al poder el PSOE.
Entonces, llega al poder el PSOE, y de repente deja de ser residual y se convierte en una auténtica potencia industrial, que empieza a amasar cada vez más contratos. ¿Qué es lo que hay ahí detrás? Bueno, pues no parece que sea algo ni muy transparente ni muy positivo. Porque no es normal el crecimiento de empresas que han tenido poco recorrido en el mundo militar y que, de repente, explotan. Detrás de ahí también hay una serie de intereses que se blindan detrás del interés nacional.
Por ejemplo, INDRA, entiendo que es una empresa estratégica nacional y que quiero controlar. Entonces ahí empieza a intervenir el Estado.
Al final, es muy complejo porque se mezclan los Estados, los intereses del PSOE, los intereses de unos dirigentes del PSOE, unos “amiguetes” que dirigen una serie de empresas.
Todas estas corruptelas, al señor, al imperio, a Estados Unidos, le son indiferentes. Lo que quieren es que el dinero caiga en su bolsillo al final. Los contratos están absolutamente dirigidos para dárselos a quienes quieres dárselos. Por desgracia, existen esas lagunas técnicas, no en el ámbito de defensa, sino en cualquier ámbito. Pero en defensa es más pronunciado porque siempre se puede alegar la seguridad nacional y el interés nacional. Entonces, es muy difícil, de alguna forma, reconducir o modificar ese tipo de contrataciones.
¿Cuál es el peso de la industria armamentística en la organización de la defensa? ¿Qué tipo de influencia crees que tiene en las decisiones estratégicas del ejército?
La industria, mucha y ninguna, puede ser contradictoria. En principio, obviamente mucha. Hay artículos que te pueden llegar a sorprender, que hablan de «tenemos que salvar a la industria militar», esto lo hablaba del COVID y post-COVID. Yo creo que hay que rescatar a los niños pobres, pero bueno, rescatemos a la industria militar.
Al final, tienen peso y son un lobby, pero por otro lado no tienen ningún peso. Dependen más de las decisiones estratégicas de Estados Unidos. Tenemos que ampliar un poco el punto de vista. Al final, lo que estamos viendo es un imperio norteamericano que se está enfrentando a una amenaza, que es la hegemonía de China. Y se está enfrentando, tienen diferentes estrategias y diferentes discusiones de cómo enfrentar a esa amenaza.
Puedes enfrentarte a la amenaza expandiéndote, que es lo que está haciendo Estados Unidos. «Voy a expandirme porque voy a acaparar la mayor parte de cuota del mercado mundial. Cuanto más me expanda, va a ser mejor para enfrentarme a esa potencia que es China», y eso es lo que ha adoptado Estados Unidos. Y la Unión Europea, vemos cómo tiene una enorme cantidad de problemas en sus relaciones con el antiguo este de Europa, o la Europa central de la que hablaba Kundera. Vemos que no están completamente integrados, y aun así pretendemos expandirnos todavía mucho más.
Y, por supuesto, la OTAN va todavía más allá. Como siga expandiéndose la OTAN, yo no sé dónde va a terminar el Atlántico Norte, pero todo parece que va a acabar en el cuerno de África, porque como esto siga así, hay Atlántico, hay Norte, pero van a terminar por ahí. Todo esto lo que genera es una política imperial. Detrás de esa política imperial, ¿cuál es la política imperial de Trump? Es completamente diferente, voy a contraerme.
Al final, cuando un imperio, y lo vemos a nivel del Imperio Romano, a nivel de cualquier intento imperial que nos hayamos encontrado después del Imperio Romano, que siempre han bebido mucho del Imperio Romano, lo que nos encontramos son ese tipo de políticas: voy a expandirme o voy a contraerme ante una amenaza. ¿Qué es lo mejor? Pues es complicado, evidentemente, a nosotros nos afecta directamente. Porque si el imperio se expande, significa que nosotros nos tenemos que expandir. Nosotros somos la final de frontera del imperio.
Pensemos en ese Imperio Romano y esos problemas que el Imperio Romano tenía con los bárbaros. Es sorprendente, porque nosotros tenemos una visión tan eurocéntrica que, incluso cuando nos invaden unos tipos y nos dejaban en pañales, decíamos que eran unos bárbaros. Atila, los hunos, «por donde pasan no crece la hierba». Y tú dices, ¿que eran 4 salvajes que venían aquí montados a caballo y se pasearon por toda Eurasia? Esa gente era un ejército potentísimo, era una organización enorme, pero los consideramos 4 bárbaros. Bueno, pues si eran 4 bárbaros, bien, se pasearon por toda Eurasia.
Entonces, bueno, todo esto a dónde nos lleva es a las políticas que podemos adoptar. Siempre se resumen en dos: o expansión o contracción. Nosotros nos queremos expandir, eso es lo que estamos haciendo y esto lo estamos pagando todos. El señor quiere expandirse, y ¿qué hace el señor cuando se expande? Quiere hombres y quiere pasta. ¿Para qué? Para enfrentarse. Vamos a ver en qué termina todo esto y cuál es el coste.
Vemos en Israel la misma política expansiva. A nosotros nos están vendiendo que no queremos que haya un conflicto en Oriente Próximo, pero es muy curioso porque, claro, vemos cómo Israel está masacrando en Gaza y está cometiendo un genocidio que es una auténtica barbaridad. Pero es que, aparte, está atacando y robando de forma salvaje a Irán, a Líbano. Y tú dices: si no queremos un conflicto, ¿por qué nuestro mayor aliado está incendiando la región? Además, son como el movimiento de Ucrania, es un movimiento ganador. Porque yo te provoco, si te defiendes eres muy malo, si no te defiendes te sigo provocando. Es como si tú empiezas a robarle a alguien en una finca y un día te saca la escopeta y te dice que si sigues robando, te va a disparar. Bueno, pues vas a ser tú el malo. Mientras no me dispares, voy a seguir robando. Vas a ser perdedor seguro, porque si me disparas eres el malo y vas a prisión, y si no me disparas, te voy a seguir robando todos los días. Es una política claramente de provocación.
Cuando el imperio no quiere esa provocación, hace justamente todo lo contrario. Me contraigo, sé que no quiero enfrentarme. Y eso son políticas imperiales, decididas en Estados Unidos y que nos condicionan a nosotros en todo sentido. Fijaros que, además, el imperio norteamericano, incluso la propia Rusia, beben mucho de ese Imperio Romano. La tercera Roma. De alguna forma, Estados Unidos se siente descendiente de ese Imperio Romano, y lo puedes ver a nivel simbólico, estructural, en el propio lenguaje, en su comportamiento, en sus análisis geopolíticos. Son muy parecidos a las decisiones que tomaba Roma. Es alucinante hasta qué punto bebemos del Imperio Romano en todos los sentidos. Roma es el comienzo de Occidente, es la raíz fundamental de Occidente. A partir de ahí, se puede explicar absolutamente todo lo que está pasando. Es muy sencillo de explicar y muy complicado de predecir.
Le conozco. Es una gran persona. Ha sufrido en sus carnes la vergüenza de un ejército, en el que era teniente, que en lugar de alabar su honradez, le expulsaron de él. Una amiga Beatriz