Los socialistas españoles contra la Primera Guerra Balcánica

Eduardo Montagut

El Partido Socialista Obrero Español fue protagonista indiscutible de la historia del antimilitarismo español desde la Guerra de Cuba hasta la Gran Guerra, dentro de la línea seguida contra las guerras del internacionalismo socialista, insistiendo en los problemas propios, como en la guerra mencionada, pero, sobre todo en relación con la Guerra de Marruecos, además de contra los conflictos desarrollados en el período de entreguerras en medio mundo.

En este trabajo nos acercamos al mitin que se celebró en la Casa del Pueblo de Madrid a primeros de noviembre de 1912 para protestar contra la que luego hemos conocido como la primera Guerra Balcánica, en plena movilización de la Segunda Internacional.

En 1908, el Imperio austro-húngaro había proclamado la anexión de Bosnia-Herzegovina de forma unilateral. Esta decisión provocó que los rusos se movilizasen, tanto para intentar frenar a Austria como para aprovecharse de la debilidad turca. Así pues, Rusia promovió la creación de una coalición de pequeños estados de la zona. En 1912, serbios, búlgaros, griegos y montenegrinos crearon la Liga Balcánica. En octubre de ese año estalló la primera Guerra Balcánica entre la Liga y el Imperio turco. Fue una guerra corta y que acabó con la derrota de los turcos. Rusia había conseguido uno de sus objetivos, debilitar aún más al Imperio turco, y los miembros de la Liga ampliaron sus territorios respectivos a costa del derrotado, que perdió casi todos sus dominios europeos.

El mitin tuvo lugar en el salón grande de la madrileña Casa del Pueblo, y obedecía a la campaña que había promovido la Internacional contra la guerra y la tendencia belicista de las grandes potencias. El mitin fue organizado por la Agrupación Socialista Madrileña, y presidido por Mariano García Cortés.

El acto comenzó con una intervención de Juventudes Socialistas. No olvidemos que las Juventudes siempre desarrollaron en todos los Partidos Socialistas un espíritu antibelicista muy acusado. Debemos recordar que eran, precisamente, los jóvenes los que iban a las guerras, y en el caso español, durante mucho tiempo los hijos de las clases humildes que no podían evitar el reclutamiento. El encargado de hablar fue Luis Mancebo que, además de explicar la postura socialista, explicó los orígenes del conflicto. No podía dejar de insistir en el papel que siempre jugaba la clase trabajadora en las guerras, “sangrada estérilmente”, y que, por lo tanto, debía unirse.

Julián Besteiro fue el siguiente orador con un discurso que pretendía explicar la compleja situación balcánica y de la política internacional del momento. Fiel a la doctrina socialista expuso la relación entre la guerra y los “delirios” imperialistas de la “clase capitalista”. En la teoría socialista las grandes guerras debían desembocar en revoluciones, por lo que, según su opinión, se estaba en vísperas de profundos cambios. Las potencias provocaban guerras por codicia, pero, a la vez, las temían, precisamente porque podían desencadenar revoluciones.

Besteiro, además, explicó lo que significaba la paz armada, con la desenfrenada carrera armamentística, deteniéndose en el poderío naval británico, y en el industrial alemán. También explicó la deriva colonialista de las grandes potencias, poniendo como ejemplos de dominación los intentos de liberación de China y Persia.

Ya en relación con el conflicto balcánico, el catedrático explicó el papel de los distintos protagonistas. En primer lugar, expuso como Austria se presentaba como supuesta garante de los derechos otomanos, y Rusia, defensoras de los pueblos eslavos, aunque consideraba que era su principal verdugo. Criticó con dureza al zar Fernando de Bulgaria, calificándole como un tirano peor que el zar Nicolás, y expuso como habría manipulado a su pueblo para que se enfrentara a los turcos, exponiendo algunos textos periodísticos.

Pablo Iglesias cerró el mitin, como era habitual cuando participaba, resumiendo el ideario socialista sobre la guerra, y apelando a la necesidad de aprender de lo que ocurría para impedir que se produjeran hechos bélicos. Asumió que la fuerza socialista española era aún muy pequeña, pero apeló a la de los socialistas europeos, que consideraba una garantía para que las potencias no pudieran ir más allá en sus propósitos codiciosos. El socialismo se presentaba como una fuerza que pesaba en los países y en los ejércitos. Había que evitar que se derivara en una conflagración europea, un peligro que, como bien sabemos, fue real. Pero, también es cierto, que al final, el internacionalismo socialista fracasaría a la hora de evitar la guerra.

Los socialistas asistentes acordaron, al terminar el acto, aprobar una resolución con tres puntos. Por el primero se protestaba contra la guerra, fruto de la “codicia” de la burguesía. En el segundo punto se afirmaba la solidaridad del socialismo español con el internacional en la lucha para evitar que siguiese la guerra y que se extendiese, y, por fin, se decidió comunicar estos acuerdos a la Segunda Internacional.

La crónica del mitin puede ser consultada en el número 1387 de El Socialista. Una visión de conjunto del período en: Pierre Renouvin, La crisis europea y la Iª Guerra Mundial (1904-1918), una obra clásica, y que podemos consultar en castellano gracias a Akal, en una edición de 1990.

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