
El repliegue kurdo ante el avance del ejército sirio ha sido caótico en algunos sectores, con deserciones y pérdida de control sobre recursos vitales.
Por Marta Vital | 20/01/2026
La comunidad kurda del norte y este de Siria, liderada por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS/SDF), atraviesan uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Tras más de una década controlando amplias zonas al este del río Éufrates —incluyendo importantes recursos petroleros, agrícolas y estratégicos—, se enfrentan a un rápido avance del ejército sirio bajo el régimen yihadista de Ahmad al-Sharaa, quien busca imponer la autoridad central de Damasco en todo el territorio nacional.
El rechazo al federalismo y la exigencia de unidad centralizada
Tras el derrocamiento de Bashar al-Assad a finales de 2024, el régimen liderado por Ahmad al-Sharaa ha rechazado de forma tajante cualquier modelo de Siria federal o descentralizada. En múltiples declaraciones, al-Sharaa ha exigido que la soberanía de Damasco se extienda a todo el país, sin excepciones. Aunque en marzo de 2025 firmó un acuerdo con el comandante de las FDS, Mazloum Abdi, para integrar gradualmente las instituciones civiles y militares kurdas al Estado central (incluyendo representación política y participación basada en competencia, independientemente de origen étnico o religioso), este pacto nunca se materializó completamente.
A mediados de enero, las tensiones han escalado hasta convertirse en enfrentamientos abiertos. El gobierno sirio ha lanzado una ofensiva que ha permitido recuperar en pocos días ciudades y regiones clave como al-Tabqa, Raqqa (la antigua capital del autodenominado califato de ISIS, liberada por las FDS en 2017), amplias zonas de Deir Ezzor, campos petroleros como al-Omar (el mayor del país), Conoco, represas hidroeléctricas en el Éufrates y tierras agrícolas fértiles.
Incumplimiento de acuerdos y repliegue kurdo
A pesar de un acuerdo parcial alcanzado el 17 de enero —que incluía la retirada de las FDS de ciertas áreas de Alepo hacia la ribera oriental del Éufrates y promesas de derechos culturales y lingüísticos para los kurdos (como el uso del kurdo en escuelas y ciudadanía para miles de apátridas)—, el ejército sirio continuó avanzando el 18 y 19 de enero en zonas no cubiertas por el pacto. Este movimiento ha sido interpretado por muchos observadores como un claro incumplimiento de los entendimientos previos.
El repliegue kurdo ha sido caótico en algunos sectores, con deserciones y pérdida de control sobre recursos vitales. El 18 y 19 de enero se anunciaron acuerdos de alto el fuego y una integración más amplia de las FDS en las fuerzas de defensa e interior sirias, con entrega de provincias como Raqqa, Deir Ezzor y Hasakah al gobierno central. Sin embargo, la rapidez del avance militar y la participación de milicias tribales árabes aliadas con Damasco (que ven a las FDS como ocupantes en áreas de mayoría árabe) han generado desconfianza y acusaciones de traición por parte de sectores kurdos.
El caos post-Assad y retrocesos en derechos
El derrocamiento de Assad no ha traído estabilidad, sino un nuevo ciclo de inestabilidad y confrontaciones. El avance de fuerzas centralizadas con fuerte influencia islamista ha generado preocupación por un grave retroceso en las libertades, especialmente para las mujeres y ciertas minorías.
Con la pérdida de autonomía en las zonas controladas por las FDS durante años, muchos temen la imposición de políticas reaccionarias. Además, el desplazamiento de familias kurdas hacia áreas como Qamishli y la incertidumbre sobre prisiones con miles de exmiembros de ISIS (como en Shaddadi) añaden elementos de riesgo y caos potencial.
Avance de la barbarie y la reacción
Los acontecimientos recientes muestran una Siria donde la reacción islamista avanza a costa de la autonomía ganada por las fuerzas kurdas y sus aliados. Aunque el gobierno de al-Sharaa promete respetar derechos culturales, la velocidad y forma del avance militar, junto al incumplimiento práctico de los acuerdos, sugieren que el país se encamina hacia una unificación forzada que podría agravar divisiones étnicas y erosionar conquistas sociales progresistas.
El futuro de las fuerzas kurdas y de las libertades en el noreste sirio pende ahora de un hilo frágil, en medio de un país que, lejos de encontrar la paz tras Assad, parece haberse sumergido en el caos.
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