Los incendios y la dignidad

Lo que nunca dicen es lo esencial: los incendios no son mala suerte. Son la consecuencia de años de recortes en prevención, en limpieza de montes, en personal de refuerzo y en medios forestales.

Por Isabel Ginés | 20/08/2025

Al pueblo lo salva el pueblo, pero sobre todo lo salvan las urnas. Y hay que recordarlo ahora que las llamas arrasan nuestros montes y que la derecha vuelve a utilizar el fuego como arma política.

Los incendios son competencia de las comunidades autónomas. Lo dicen las leyes, lo saben los profesionales y lo repite cada año la realidad: la gestión del dispositivo, la prevención y la planificación dependen de los gobiernos autonómicos. El Gobierno central apoya con la UME, con medios aéreos, con recursos extraordinariospero la responsabilidad primera y última es autonómica. Fingir lo contrario es manipular a una ciudadanía que sufre y a unos bomberos que se juegan la vida en cada frente.

Cuando escuchamos a dirigentes del PP decir que “hemos perdido tres días” o que “el Gobierno estaba de vacaciones”, no estamos ante un análisis crítico, estamos ante mentiras deliberadas. Los medios estatales estaban desplegados desde el primer minuto. No hubo caos, hubo coordinación. Lo que sí hubo fue propaganda barata: titulares diseñados para incendiar redes sociales mientras los montes ardían de verdad.

Resulta patético ver cómo Feijóo monta un falso “puesto avanzado” a 17 kilómetros del fuego, retirando incluso un bulldozer de las tareas de extinción para que le hiciera de atrezo en su rueda de prensa. Resulta grotesco ver a cargos del PP disfrazados de bomberos, como si el fuego se apagara con fotos y no con prevención e inversión. Resulta insultante escuchar el comodín de los “22 ministerios” en cada discurso, aunque no tenga nada que ver, o mezclar un viaje oficial a Japón con los incendios en Extremadura o Galicia, como si la gestión de un incendio dependiera del ministro de Agricultura o del alcalde de Valladolid con una manguera en la mano. Eso no es oposición, es puro sensacionalismo.

Lo que nunca dicen es lo esencial: los incendios no son mala suerte. Son la consecuencia de años de recortes en prevención, en limpieza de montes, en personal de refuerzo y en medios forestales. Son la ceniza acumulada de cada presupuesto en el que se prefirió gastar en toros, en propaganda o en fotos antes que en cuidar lo que de verdad protege a la gente. Y eso tiene nombres y apellidos: María Guardiola en Extremadura, Alfonso Rueda en Galicia, Mañueco en Castilla y León. Cuando gobierna la derecha, los incendios vuelven a arrasar porque se ha debilitado el escudo que debía contenerlos.

La ciudadanía merece claridad: el nivel 3 de emergencia que algunos proclaman como si fuera “la llegada del ejército” no implica más medios que el nivel 2, porque ya en el nivel 2 están disponibles todos los recursos locales, autonómicos, estatales e incluso internacionales. Tampoco cambia la dirección de la extinción, que siempre corresponde a los técnicos autonómicos que conocen el terreno. Decir lo contrario es mentir a sabiendas.

Y mientras bomberos forestales y voluntarios se dejan la piel, el PP prefiere la foto fácil, el titular falso y el ataque burdo. En vez de ayudar, mienten. En vez de arrimar el hombro, desgastan. En vez de reconocer sus recortes, culpan a otros. Esa no es una oposición responsable, es una oposición indigna.

Porque los incendios se apagan con prevención, con inversión y con medios. Porque el traje de bombero es para los bomberos, no para los políticos que se lo ponen como disfraz electoral. Y porque la ceniza no entiende de propaganda: solo de responsabilidad política.

Por eso conviene repetirlo: al pueblo lo salva el pueblo, pero sobre todo las urnas. Y algún día, quienes hoy juegan con el fuego del populismo tendrán que rendir cuentas ante ellas.

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