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Fundado al albor de la Revolución de 1917, el programa de espionaje soviético tenía como objetivo infiltrar en el extranjero a hombres y mujeres dedicados en cuerpo y alma a la causa de la URSS.
Por Jayro Sánchez | 19/06/2026
Por sus sucesivas configuraciones políticas y su dramática historia, Rusia siempre ha sido un país tendente al hermetismo. Y, sin embargo, aunque supone una paradoja, el mayor de sus secretos del siglo XX ha sido descaradamente publicitado por numerosos organismos e instituciones culturales occidentales desde hace al menos tres décadas.
Prueba de ello es el ensayo Los ilegales (Salamandra, 2026), en el que el periodista británico Shaun Walker relata la historia del programa de espionaje más ambicioso y reservado de la historia del país.
Fundado al albor de la Revolución rusa de octubre de 1917, este daría pie a los mayores éxitos y fracasos de los servicios secretos soviéticos y poscomunistas. Su objetivo era infiltrar en el extranjero con identidades falsas a hombres y mujeres dedicados en cuerpo y alma a la causa de la URSS. Asumiendo tales papeles, ellos fingirían ser ciudadanos fieles a esos Estados y los espiarían o, incluso, contribuirían a destruirlos en una futura guerra.
El órgano encargado de entrenar a estos agentes fue el hacedor de figuras tan legendarias como las de Dmitri Bystrolyotov o Yuri Drozdov, las cuales inspirarían al escritor Yulián Semiónov a la hora de esbozar al héroe literario y cinematográfico Maksím Maksímovich Isáyev —protagonista de Diecisiete instantes de una primavera—.
Walker ha reunido toda la documentación disponible acerca del proyecto para redactar su libro, por lo que ha llevado a cabo una ardua investigación. No obstante, sus conclusiones se ven empañadas por esa vieja e hipócrita mirada «europeísta» cargada de desprecio y hostilidad hacia Rusia, tan frecuente en Occidente desde que esta iniciara la invasión de Ucrania.
Los ilegales es un volumen que se debe leer con cuidado y actitud crítica, teniendo en cuenta la subjetividad de muchas de sus fuentes y la falta de pruebas manifiesta en algunas de las hipótesis formuladas por el autor. Este busca contar una historia de «buenos» y «malos» que es mucho más compleja. Pero no por ello deja de ser un ejercicio de lectura interesante.
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