Loreto Urraca: ‘Yo no elegí ser la nieta de un victimario, no soy culpable de sus actos, pero no quiero ser cómplice. He elegido denunciarle a él y al régimen totalitario que institucionaliza la represión’

Foto: Demetrio Monteagudo

Entrevistamos a Loreto Urraca, que tras descubrirse como nieta de un destacado policía franquista, que persiguió al exilio republicano en Francia y en Bélgica, se convirtió en una referencia en el estado español de Historias Desobedientes.

Por Sol Gómez Arteaga | 10/06/2026

Abordo esta entrevista sin indagar en las muchas que te han hecho para no sentirme influenciada por éstas y no caer en las mismas preguntas. Y desde ahí te pregunto, ¿quién es Loreto Urraca Luque?

Una ciudadana, activista por la memoria del exilio republicano y por extensión, antifascista.

Hasta no hace mucho, una ignorante de gran parte de nuestra historia reciente, como casi todos los de mi generación, porque ni la República, ni la guerra, ni el franquismo se estudiaban en nuestra época. Empecé a interesarme cuando el auge del movimiento de la Memoria histórica en los años 2000. En la prensa empezaron a publicarse noticias sobre los exiliados y los represaliados, y yo las leía con interés. Poco a poco me daba cuenta de cómo nos habían engañado con un discurso histórico muy alejado de la realidad. Un ejemplo: en la facultad, años 80, del escritor Ramón J. Sénder se decía que se había ido a Estados Unidos porque no le gustaba el nuevo régimen, y que vivía de maravilla como profesor universitario. Cuando conocí las condiciones en las que tuvo que huir y las terribles consecuencias que padecieron su mujer e hijos, me irritaba que me hubieran hecho creer que se marchó de forma voluntaria.

En mi familia no hubo transmisión de memoria porque me crie con mi madre y, sobre todo, con mi abuela materna. Ella había tenido muchos hermanos y alguno murió en la guerra, pero nunca hablaba de ellos ni de aquella época. Solo decía que tal vez tenía un hermano en la URSS. Años después, conseguí saber que un hermano luchó con los republicanos y murió en el bombardeo de un hospital de campaña por la zona de Teruel. Era muy anticlerical y de joven en su casa leían obras prohibidas como las de Blasco Ibáñez, por lo que deduzco que su educación fue más bien liberal.

El vínculo con la familia paterna se rompió cuando mi padre (medio español, medio francés) abandonó a mi madre, en ese momento yo tenía cuatro años. Simplemente desapareció de nuestras vidas y por eso yo no conocía a mis abuelos, que además vivían en Bélgica. El día que cumplí 18 años (mayo 1982), mi padre llamó a casa. Me proponía venir a España a conocerme y a presentarme a sus padres que se habían instalado en Madrid tras la jubilación de Pedro Urraca. Tardé en aceptar y al final me dejé convencer por mis allegados, incluso por mi propia madre. El primer encuentro no fue agradable y en las siguientes visitas (la mayoría sin mi padre) yo les acompañaba a regañadientes a los mejores restaurantes. No me sentía aceptada, ni mucho menos querida, y yo tampoco tenía algún sentimiento bueno hacia ellos. Nuestras conversaciones giraban en torno a frivolidades de su vida mundana de diplomáticos, a pesar de que en realidad no lo eran. Vivían de las apariencias y trataban de engatusarme. Ahora pienso que pretendían convertirme en la criada que atendiera a sus necesidades seniles. En una ocasión, él me propuso dictarme sus memorias (estaba totalmente ciego) y yo me negué. No me apetecía nada encerrarme con él a escuchar lo que suponía serían historietas sin interés. En definitiva, de aquellos años de trato solo me quedé con la idea de que Pedro Urraca debía ser un funcionario gris del Ministerio de Asuntos Exteriores, ya que siempre estuvo en Bruselas y ni siquiera supe que antes había estado en Francia. Él cayó enfermo y estuvo en coma muchos meses hasta que murió en septiembre de 1989, cuando yo ya vivía fuera de España.

Me olvidé completamente de él hasta que un domingo de septiembre de 2008 descubro por la prensa la responsabilidad de mi abuelo paterno en la represión franquista al exilio.

Pocas palabras tienen tanta fuerza para mí como la palabra Memoria, que entre otras cosas es identidad: saber de dónde venimos, bucear en nuestra intrahistoria familiar para elegir el camino a seguir. ¿Qué siente Loreto Urraca al descubrir por el periódico El País, año 2008, cuando contaba con 44 años, que es la nieta de Pedro Urraca Renduelles, destinado a Francia por Franco para perseguir republicanos exiliados tras la Guerra Civil, y saber que fue colaborador de la Gestapo con el código E-8001, alias Unamuno?

Era un titular demoledor: ‘’Pedro Urraca Rendueles, el cazador de rojos’’. Además era una extensa reseña de una tesis doctoral del historiador Jordi Guixé, de las universidades de Barcelona y la Sorbona de París. Tenía mucha credibilidad.

Leyendo el artículo lo primero que descubrí es que Pedro Urraca había sido policía y que había estado destinado en Francia durante la segunda guerra mundial para vigilar, localizar, perseguir y capturar a los máximos dirigentes políticos de la República. Algunas personas fueron capturadas con la ayuda de la Gestapo, conducidas a España, en ocasiones por el mismo Urraca, y ejecutadas.

También descubrí que Urraca se había convertido en un agente de la Gestapo y que, tras la guerra, fue condenado a muerte en rebeldía por un tribunal francés por colaboración con el enemigo.

Sentí vergüenza al darme cuenta de que era un fanático fascista y que su actuación había conducido a la muerte a otras personas solo porque pensaban diferente. También sentí rabia, por ser su descendiente y llevar su mismo apellido, un apellido poco frecuente, ridículo y sonoro, por lo que intuí que me iba a traer consecuencias. Me impactó tanto que me quedé bloqueada, sin saber qué hacer y opté por no hacer nada, por no querer saber más. Sin embargo, me quedó la sospecha de que tarde o temprano me cazarían a mí por el apellido.

Y es lo que ocurrió dos años después, cuando me llamó una periodista. Directamente me preguntó si era su nieta. Me pidió contribuir con el testimonio de mis recuerdos de pequeña a un reportaje sobre Lluis Companys por el 70 aniversario de su ejecución. Evidentemente no podía negar mi parentesco y acepté la oferta, porque vi la oportunidad de desafiliarme públicamente, desvincularme de él y expresar mi repudio por lo que hizo. Era una forma de reafirmar mis ideas totalmente ajenas a las suyas.

Desde ese momento tenía que investigar para saber realmente quién era y qué había hecho Pedro Urraca. Al mismo tiempo me entró curiosidad, ya que la investigación me permitiría terminar de construir mi propia identidad con información de la parte paterna.

Empecé por leer la tesis que reseñaba el artículo de El País. Estuve una semana encerrada en la biblioteca de la universidad, ya que aún no se había publicado, y así aprendí la verdadera historia del exilio republicano y especialmente de la represión a la que lo sometieron tanto los franquistas como los nazis y el régimen de Vichy. Me sublevaba darme cuenta de que nos hubieran ocultado aquella historia, porque era vergonzosa. Por supuesto, también me enteré del auténtico grado de responsabilidad de Urraca en ese sistema represivo, que abarcaba igualmente a resistentes y judíos. Urraca llegó a ser un agente nazi y por su colaboración con el ocupante fue condenado a muerte tras la liberación de Francia.

De la lista de archivos consultados por Guixé, extraje las referencias de los expedientes que más relación tenían con Urraca y su trabajo. Empecé mi periplo por diferentes archivos en España y Francia para comprobar con mis propios ojos todas las acusaciones que se le imputaban a Urraca. Tras varios años de consultas, acumulé mucha información y decidí darle una utilidad reparadora dentro de mis posibilidades. Elegí hacerme cargo de una culpa ajena y expiar una condena que nunca se pronunció, pero necesitaba aportar mi granito de arena para intentar reparar tanto dolor.

El 7 de mayo de 1945, coincidiendo con el fin de la Segunda Guerra Mundial, un día antes del Día de la Victoria en Europa, Pedro Urraca Renduelles sale de Francia por Hendaya. Inculpado de connivencia con el enemigo, el 5/1/1948 fue sentenciado en rebeldía a la pena de muerte. Sin embargo, más tarde sería destinado en la embajada española en Bélgica y en los consulados de Bruselas y Amberes hasta su jubilación en el año 1982. ¿Cómo con la llegada la democracia a España se pudo mantener en una situación de impunidad?

Sí, Pedro Urraca fue sentenciado a muerte en rebeldía en Francia tras la guerra y era buscado por las policías aliadas. Sin embargo, Urraca desaparece y el gobierno franquista le destina a Bruselas bajo el nombre de Rendueles, su segundo apellido, para enmascararle, y además, le protege con la inmunidad diplomática. Incluso su mujer, Hélène, no usaba su apellido de casada, ni de soltera, sino el de Stoffel, el apellido de su padrastro. Las funciones del nuevo agente Pedro Rendueles eran las mismas que en Francia: vigilar las actividades de los disidentes. Pero con la guerra fría, el contexto es diferente: ya no intenta cazar rojillos (como les llamaba él), sino comunistas y se convierte en uno de los agentes que desde Europa informa a los norteamericanos de las actividades procomunistas trabajando en la red Gladio. También vigilaba a los españoles residentes en Bélgica, tanto los exiliados que hubieran quedado allí como a los posteriores emigrados económicos.

Yo creo que al final de su carrera, los socialistas debieron considerarlo un viejo trasto inservible y le apartaron como canciller en Amberes a medio tiempo.

En la página pedrourraca.info descubro tu enorme trabajo por la Memoria Democrática, y entre las muchas actividades que haces continuamente destacan “Los informes de París” -recopilación de la información y puesta a disposición del público de la información de las víctimas de Pedro Urraca obtenida de la documentación generada por él mismo; la publicación en 2018 de la novela “Entre hienas. Retrato de familia sobre fondo de guerra”, a caballo entre la ficción y la Historia, que denuncia la represión franquista, divulga la historia que deliberadamente se nos había ocultado y expresa la implicación de Pedro Urraca en la captura del líder de la Resistencia Francesa Jean Moulin; la participación en el documental “Urraca, cazador de rojos”, año 2022. A ello se suma ser parte desde 2021 del colectivo internacional Historias desobedientes.

Cuéntanos para NR cómo contar, inventariar, reivindicar la memoria de las víctimas, y también hablar de sus victimarios, ha sido una forma de reparación para ti.

Después de varios años de investigación, tenía mucha información acumulada y pensé darle una utilidad a ese esfuerzo. La persecución a los exiliados había sido una tremenda injusticia, pero a punto de cumplir 40 años de democracia, era muy injusto que aun no se supiera nada sobre ello. Decidí que era hora de divulgarla. La historia personal de Pedro Urraca transcendía de la esfera de lo privado al ámbito del interés general del público. Se me ocurrió que la mejor manera era escribiendo un libro, pero no de historia. Yo no soy historiadora y ya empezaban a publicarse estudios sobre el exilio. Yo quería alcanzar al público más amplio. Elegí el formato novela histórica porque me pareció el más adecuado, pero como no estaba segura de si podría acabarla, ni publicarla, y para ir más rápido, abrí un sitio web, (www.pedrourraca.com), con la intención de colgar los informes policiales que Urraca enviaba regularmente en los que iba dando cuenta de los avances de su trabajo. Pero el archivo no me permitió reproducir todos los informes. Por eso en el sitio web hay un motor de búsqueda. Cuando se teclea un nombre, sí aparecen fechas. A continuación ello significa que realmente existe un informe con esa fecha en que esa persona aparece mencionada. Me lo piden, yo lo convierto en pdf y lo envío. Mi propósito era poner la información a disposición de los descendientes de las víctimas de Urraca.

Finalmente conseguí escribir la novela y publicarla en 2018 con el título de “Entre hienas” (editorial Funambulista). Se trataba de utilizar la biografía de Urraca para denunciar su actividad represiva y para rescatar del olvido a sus víctimas. Era como mi acto de reparación y una manera de devolver la dignidad al apellido. Ha terminado siendo una catarsis de la que he salido fortalecida, porque he completado mi identidad al mismo tiempo que me he reafirmado en mis convicciones.

El documental “Urraca, cazador de rojos” (2022) ha contribuido mucho a mi intención de denunciar la represión a la que fueron sometidos los exiliados por un sistema totalitario y a que esta historia se vaya conociendo más.

Conocer la existencia del colectivo internacional Historias desobedientes, familiares de genocidas por la memoria, la verdad y la justicia fue como encontrar a mi familia. Hasta entonces había estado sola. Pocas personas me apoyaban, muchas no me entendían, otras muchas criticaban que anduviera abriendo viejas heridas.

A pesar de la distancia, de los diferentes contextos políticos o generacionales, nos unen sentimientos, emociones y convicciones muy similares. Con muy pocas palabras nos entendemos perfectamente.

Además, cada uno de nosotros había atravesado este proceso de asumir nuestra condición de descendiente de victimario en solitario y para todos ha sido duro. En cambio, en grupo, la vergüenza se lleva mejor. Ya no nos sentimos solos.

Loreto Urraca entre la argentina Viviana Cao y la gallega Susana Sánchez Aríns, en un acto de Historias Desobedientes, organizado este 2026 por la Asamblea Republicana de Vigo. Foto: Demetrio Monteagudo

Una vez me dijeron que los hijos de los represaliados no eligieron el bando en el que querían estar, pero los nietos, las terceras generaciones, sí. En mi caso, estoy convencida de que he elegido el que creía que era el lado correcto de la historia. Tú también elegiste. ¿Conocer la historia de tu abuelo dio un giro a tu vida? ¿Qué supuso para ti desligarte de dicha historia familiar?

Estoy totalmente de acuerdo. Yo no elegí ser la nieta de un victimario, no soy culpable de sus actos, pero no quiero ser cómplice. He elegido denunciarle a él y al régimen totalitario que institucionaliza la represión.

Mi vida cambió radicalmente porque elegí la defensa de las víctimas para liberarme del lastre de su infamia. Mi objetivo de divulgar estaba conseguido con el sitio web y la publicación de la novela. El documental sirvió para llegar a más gente. Mi integración en Historias desobedientes es consecuente con mi objetivo.

El trauma, herida o daño emocional de las guerras dicen que afecta como mínimo a las terceras generaciones. Yo, como nieta de represaliados por parte paterna, no sentí el trauma como pudo sentirlo mi padre, que quedó sin el suyo cuando tenía meses, pero cada vez que revivo su dolor antiguo, que él definió como incurable, me duele. ¿Hay trauma en saberse nieta de una persona que cometió crímenes contra personas inocentes que lucharon por la libertad y unas mejores condiciones de vida?

Más que trauma, hay vergüenza y necesidad de reafirmarse como un ser individualizado respecto al victimario, distinto en sus convicciones. Es asumir la responsabilidad de expiar una culpa ajena, pero que nos atañe muy de cerca.

¿Cómo ves el auge del fascismo al que asistimos, que cala sobre todo en los jóvenes entre 18 a 25 años, muchos de los cuales afirman, sin haberlo vivido, que con Franco se vivía mejor? ¿Qué le dirías a la juventud en materia de Memoria Histórica?

Les preguntaría cómo se sentirían si alguien les prohibiera opinar bajo pena de muerte, o usar sus móviles. A las chicas les preguntaría si querrían perder su derecho a trabajar por casarse o a abrir cuentas a su nombre, si estarían contentas con renunciar a su independencia financiera.

¿Podemos hacer algo para prevenir y hacer frente al retorno del fascismo, que es lo peor que nos puede pasar como sociedad?

Yo creo que la clave está en la educación en el respeto hacia el otro. Si uno quiere defender sus ideas tiene que estar dispuesto a aceptar que otras personas tengan ideas diferentes. Hay que aceptar al otro, no como un enemigo a quien eliminar si no como otro ser con los mismos derechos. Eso es un trabajo que se inicia en la familia y tiene que continuar en los centros educativos.

Desde la serenidad escribes una carta a tu abuelo en la que acabas diciendo ‘Me debes que te rescate de la eterna noche en la que deberías haber permanecido’.

Porque no se merecía todos los esfuerzos y las dioptrías que hemos gastado los que hemos investigado sobre él. Le hemos dado un protagonismo inmerecido, pero es el hilo conductor que sirve para destapar la magnitud de la represión y la historia ocultada de sus víctimas.

Yo también escribí una carta al mío, y sigo contando su historia como forma de militancia. Pero también tuve otro abuelo. Un abuelo que, con su esposa embarazada, se alistó voluntario en el bando nacional para salvar a España de rojos y comunistas. Una historia pendiente de contar que hoy, por primera vez, al hacerte esta entrevista, menciono públicamente.

Te animo a que investigues para reafirmar tus ideas. Aprenderás mucho sobre tí misma y entenderás muchas cosas que han ocurrido en tu familia.

Gracias, Loreto Urraca, por ser legado de Memoria y por tu disposición a contarnos tu historia familiar desde la Memoria del corazón, la víscera más sentida.

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