Leopoldo López: burgués, golpista y corrupto

Salvar Al Garito IOSIF

Por Daniel Seixo

No conozco, ni tengo mayor interés en conocer, los pormenores de la fuga de Leopoldo López de la residencia del embajador de España en Caracas. Y no tengo mayor interés en entrar a conocer los pormenores de tal afrenta al pueblo venezolano y español, porque tengo la firme convicción de que un personaje que arengó a los jóvenes pudientes caraqueños a que articulasen mecanismos no pacíficos contra el gobierno venezolano y cuyo llamado derivó en numeroso actos de violencia que terminaron con 43 muertos, 600 heridos y más de 3.500 detenidos durante las protestas de 2014, no puede ofrecer a este pueblo explicación alguna para que una sociedad democrática le ofrezca no solo su hospitalidad, sino también su protección saltándose con ello impunemente las más mínimas reglas de decoro y la legalidad por la que las relaciones entre estados de derecho se deben regir. Si tuviese que escuchar algo del señor Leopoldo López, serían únicamente palabras de despedida.

A imagen y semejanza de la propia oposición más reaccionaria de Venezuela, la historia de este líder opositor y millonario de cuna, es la historia del fracaso y la huida eterna ante el temor a la democracia y al proceso revolucionario iniciado y desarrollado a día de hoy por el pueblo de Venezuela. Situado claramente a la derecha de otros juguetes rotos de los sectores burgueses de la oposición como Henrique Capriles, la figura de Leopoldo López únicamente ha logrado medrar desde la irrelevancia política absoluta gracias a la campaña internacional desplegada contra el gobierno bolivariano de Venezuela. Celebre es la imagen del líder ultraderechista arrestando ilegalmente al ministro de Interior y Justicia de Hugo Chávez, Ramón Rodríguez Chacín, durante el golpe de estado del 12 de abril de 2002. Ya entonces el que era alcalde de del Municipio de Chacao, feudo de la oposición asolado por la corrupción y el totalitarismo, daba claras muestras de las intenciones golpistas y violentas de un personaje que ha estado ligado históricamente a las sendas más antidemocráticas y caciques del país.

Una trayectoria de violencia e intentonas golpistas que se condensa en una deriva psicopática y antipatriótica cuando en diciembre de 2013, tras la derrota de la oposición liderada por Capriles Radonsky frente al PSUV de Nicolás Maduro, Leopoldo López decide embarcarse en una acción claramente violenta llamando a las guarimbas callejeras e incluso promoviendo un golpe militar desde la dirección de Voluntad Popular, un partido extremista que apenas representaba el 2% de los votos de los venezolanos en aquel momento. El proceso golpista denominado “La Salida”, remató con numerosas víctimas y la detención de un Leopoldo López que a las puertas de los juzgados se dirigía a los numerosos medios de comunicación que habitualmente cubren sus andanzas, para declarar: “Si mi arresto permite a Venezuela despertar definitivamente (…) mi encarcelamiento valdrá la pena“.

En esas nos encontramos en estos momentos, rehenes de un gobierno que se dice progresista mientras acoge a golpistas extranjeros y procesa sin inmutarse a militantes independentistas vascos, catalanes o gallegos

Venezuela despertó, pero no de la forma que le habría gustado al líder ultra, la población del país le dio definitivamente la espalda al golpismo y a la violencia política y el líder de Voluntad Popular tuvo que ver como su peso político y social desaparecida prácticamente de la realidad de los venezolanos con el ascenso de alternativas políticas aparentemente menos radicales en el seno de la propia oposición. Con la llegada de Juan Guaidó y con un mayor equilibrio de fuerzas políticas en el país fruto del desgaste del la revolución bolivariana tras décadas de bloqueo económico, errores propios y los efectos de la guerra no convencional sobre el gobierno y el país, la trayectoria del líder golpista educado en las elitistas universidades de Harvard y Princeton, parecía haber llegado a finalmente a su ocaso. Tras haber eludido el peso de la justicia en 2002 por su participación en el golpe de estado gracias a la amnistía concedida por Hugo Chávez, ser posteriormente inhabilitado por la administración venezolana para ejercer cualquier cargo público por malversación de fondos por una subvención que PDVSA concedió a una fundación liderada por su madre cuando López trabajaba para la petrolera estatal, entre 1996 y 1999, y ser finalmente encarcelado durante 19 meses en la Cárcel de Ramo Verde, un centro de detención militar en las afueras de Caracas, por los cargos de «incendio de edificio público», «daños a la propiedad pública», «instigación a delinquir» y «delito de asociación para la delincuencia organizada», la suerte del niño prodigio del golpismo venezolano parecía acabarse al tiempo que la sociedad del país reclamaba justicia por las víctimas de sus actos, muy especialmente La Asociación de Familiares y Víctimas de la Guarimba, y el gobierno venezolano se negaba a seguir otorgándole impunidad pese a la presión internacional.

A imagen y semejanza de la propia oposición más reaccionaria de Venezuela, la historia de este líder opositor y millonario de cuna, es la historia del fracaso y la huida eterna ante el temor a la democracia

Durante su breve encierro, los ríos de tinta en la prensa internacional y la presencia continua de su esposa, Lilian Tintori, en los medios de comunicación generalistas de todo el mundo, contribuyeron a cimentar el relato de un líder opositor en lucha por la libertad detenido injustamente por la tiranía venezolana. Nadie se preguntó en el Parlamento Europeo, las diferentes embajadas del occidente capitalista o en la sede del Partido Popular o el Partido Socialista Español acerca del pasado de Leopoldo López o la suerte de las familias de los fallecidos fruto de las protestas que el mismo instigó contra un gobierno electo. Incluso personajes como Manuela Carmena y otras figuras del cínico progresismo patrio, participaron del blanqueamiento del golpismo en Venezuela y equiparando victimas y victimarios presionaron con ello para la liberación del líder golpista encarcelado, lo hicieron de forma continua hasta que en parte consiguieron sus objetivos. El 8 de julio de 2017, la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela concedió “casa por cárcel” a Leopoldo López por problemas de salud. Pese a ese supuesto delicado estado, la cuna de oro de la ultraderecha siguió participando en el clima golpista del país y asegurando su futuro durante el camino, los 200 millones de bolívares encontrados en el coche de la Lilian Tintori dejaban entrever la verdadera cara de la lucha por la libertad de la oposición venezolana. No en vano, la bandera de la lucha política de la derecha, siempre se ha basado en el color de la divisa de turno.

En abril de 2019 Leopoldo López es liberado durante el transcurso de un nuevo golpe de estado contra el gobierno de Nicolás Maduro, organizado y ejecutado por Juan Guaidó. La operación fracasa estrepitosamente y antes de que pueda ser localizado y arrestado, Leopoldo López huye de nuevo refugiándose de la acción de la justicia venezolana en la embajada chilena de Caracas desde donde es trasladado a la embajada española en la capital. Leopoldo López sobrevive desde entonces como prófugo de la justicia venezolana, todo hasta que en un movimiento que desconozco, y reitero no necesito conocer para posicionarme en este asunto, consigue “fugarse” del país poniendo rumbo a España. Hoy, 27 de octubre de 2020, el líder ultraderechista y golpista venezolano es recibido en la sede del Partido “Socialista Obrero” Español por el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez. En su intervención posterior, Leopoldo López llama de nuevo abiertamente al golpismo contra el gobierno legítimo de Venezuela e incluso llegar a asegurar que contará para ello con el apoyo del gobierno de España garantizado en la reunión previa que ha mantenido con Pedro Sánchez, todo ello es puntualmente retransmitido en directo por la televisión pública española.

Y en esas nos encontramos en estos momentos, rehenes de un gobierno que se dice progresista mientras acoge a golpistas extranjeros y procesa sin inmutarse a militantes independentistas vascos, catalanes o gallegos. Sin ir más lejos, el próximo 3 de noviembre 12 de estos militantes políticos se enfrentan a 102 años de cárcel en un juicio farsa contra el independentismo gallego articulado en torno a la Operación Jaro. Este es un gabinete con dos caras y ninguna de ellas progresista, mientras la poca izquierda real del estado se encuentra a la espera de decidir si duele más el desparpajo de Sánchez emulando a González en sus tropelías con la familia López Mendoza o el cinismo y el silencio cómplice de aquellos que han superado ampliamente a Pedro y a Judas negando a la revolución bolivariana y al legado de Chávez por un puesto en el poder que día a día se demuestra totalmente inútil para un cambio real. De asaltar los cielos, mejor ya ni hablamos. Mientras tanto, Leopoldo López se paseará por nuestros platós de televisión para dar testimonio de sus intenciones golpistas, hará vida en el lujoso barrio Salamanca ajeno a las miserias de nuestro país como siempre se ha mostrado ajeno a las del suyo propio y quien sabe… Puede que finalmente decida emular la carrera política de su padre en nuestras tierras afiliándose al Partido Popular. Aunque quizás, fiel a sus ideas y formas, Leopoldo López decida sumarse a Vox. Si es un burgués ultraderechista el que cruza el charco, seguro que los de Abascal tienen en sus filas un sitio disponible.


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