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Entrevistamos al periodista y escritor argentino Leandro Albani, gran conocedor de la historia y actualidad de la nación sin estado más grande del mundo: el Kurdistán.
Por Jayro Sánchez | 14/02/2026
Leandro Albani (Pergamino, 1980) es un brillante periodista y escritor argentino. Colaborador de varios medios de comunicación (Ornitorrinco, La Tinta, El Salto… etc), ha recorrido buena parte del mundo narrando acontecimientos de suma importancia. También es autor de cinco libros sobre el Kurdistán y la revolución de Rojava. Conversamos con él sobre la campaña emprendida por el nuevo Gabinete sirio contra el pueblo kurdo.
El pasado mes de enero, los soldados al mando del Gobierno de Ahmed al Sharaa iniciaron una serie de ofensivas en los territorios controlados por las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF, en sus siglas en inglés) en el noroeste del país. ¿Cuál es la razón que les impulsó a hacerlo?
La cuestión de fondo es que las agendas políticas del régimen de Damasco y de la Administración Autónoma Democrática del Norte y el Este de Siria (AADNES) son incompatibles.
Los kurdos y sus aliados proponen que allí se establezca una forma de gobierno nueva y bastante inclusiva. Estoy seguro de que tiene sus defectos, pero es importante aclarar que respeta la unidad territorial nacional y los derechos de los diferentes pueblos sirios, así como la igualdad de las mujeres con respecto a los hombres.
Al Sharaa no tiene un programa ni remotamente similar, y eso que ha accedido a moderar sus postulados para recibir la ayuda de Turquía y el aval de los Estados Unidos. En este sentido, aunque los dos han apoyado el ataque contra Rojava, tienen la capacidad de derrocar a los sucesores de Al Assad si estos se desvían un poco del camino que les han marcado.
¿La actual fase del conflicto sirio se dirime entre los conceptos antonímicos de la libertad y el autoritarismo?
Sí. El proyecto kurdo está basado en la constitución de una democracia profunda, que es un fenómeno que Siria no experimenta desde hace mucho tiempo. Y en Damasco, por decirlo con simplicidad, lo que se está construyendo es un Estado islámico.
Que quede claro que no estoy hablando del califato de Al Baghdadi. No obstante, sí que se vislumbra algo muy parecido al Gobierno talibán en Afganistán o a las monarquías del golfo Pérsico.
Como te decía, uno de los puntos clave del tema es el coqueteo de los nuevos dirigentes sirios con los occidentales. ¿Por qué EE. UU. ha dejado de respaldar a la AADNES y se ocupa de financiar a Al Sharaa? La respuesta es sencilla: la primera está intentando construir una sociedad bastante alejada del capitalismo. O, al menos, del que nosotros conocemos.
Las autoridades de Rojava llevaban bastante tiempo negociando con el Ejecutivo damasceno para unificar sus ejércitos, constituir una maquinaria institucional-electoral democrática y reconstruir el país. ¿Qué acuerdos concretos se buscaban antes de la ruptura de los contactos?
En términos militares, las SDF intentaban reintegrarse en la milicia nacional como una fuerza autónoma cohesionada, conservando sus propios mandos e instituyendo batallones kurdos dentro de las Fuerzas Armadas sirias. También querían asegurar el blindaje legal de las famosas Unidades Femeninas de Protección (YPJ, en sus siglas en kurdo). Con respecto a lo demás, tú mismo lo has dicho.
A finales del año pasado y principios de enero, las conversaciones iban bien encaminadas. Sin embargo, parece ser que Al Sharaa las ha cortado por la presión de los turcos.
La consecución de la paz se ha complicado al ser obligadas a retirarse las tropas kurdas de las provincias de Deir ez-Zor y Raqqa. Aunque estas no están derrotadas, ya que las Unidades de Protección Popular (YPG) y las YPJ siguen operando en Hasaka y en la bloqueada Kobane.
A pesar de las dificultades que entraña la situación, ¿hay margen de maniobra para alcanzar un pacto?
Cabe la posibilidad de que Al Sharaa deje que las SDF designen a algún que otro funcionario para el Ministerio de Defensa. Pero las salidas son limitadas. Hay muchos factores que interfieren: los intereses de EE. UU. y Francia, la tensión y la desconfianza mutua, la influencia de Turquía sobre Damasco…
«Al Sharaa resuelve sus problemas políticos por medio de la violencia»
¿La solución pasa por el hecho de que Al Sharaa muestre verdadera voluntad política a la hora de buscar un equilibrio común con las restantes fuerzas internas de Siria?
Creo que sí. El problema es que un escenario así no se va a dar. El antiguo Al Golani ha demostrado varias cosas a lo largo de estos doce meses en el poder. La primera y más importante es que resuelve sus problemas políticos por medio de la violencia. Solo hay que ver las masacres provocadas por los milicianos yihadistas contra los drusos del sur o los alauitas de la costa.
La segunda es que no tiene la intención de gobernar bajo el control de la oposición. En marzo de 2025, promulgó una Constitución «provisional» que no ha sido votada por la mayoría del pueblo sirio y que le otorga muchas más competencias. Y, en octubre, ha celebrado unas elecciones ficticias con las que ha colocado a sus fieles en el Parlamento.
La tercera es sobre su pasado. Antes de derrocar a los Assad, Al Sharaa y otros extremistas gobernaron durante varios años la provincia de Idlib con la ayuda abierta de Ankara y la anuencia de Washington D.C. y Moscú. Allí se cometieron graves violaciones contra los derechos humanos, y nadie hizo nada para evitarlas.
El silencio del que hablas contrasta con los rimbombantes titulares que los grandes medios mundiales escriben acerca de los aspectos más siniestros del anterior régimen sirio. ¿Occidente tiene dos varas de medir?
Esa es la sensación que yo tengo. El bloque conformado por Estados Unidos, los países europeos, Israel, Turquía y las monarquías del Golfo quiere estabilizar la zona a cualquier precio.
Su único objetivo es hacer negocios. Para ellos, los derechos humanos o las libertades civiles son conceptos de aplicación relativa en determinados lugares. Si no, no hubieran tolerado los recientes crímenes de los seguidores de Al Sharaa en Deir ez-Zor y Raqqa.
Algunos expertos describen al presidente sirio como a un pragmático. Pero dudan de que sus hombres, en su mayoría extremistas curtidos en las últimas guerras habidas en el Oriente Medio, acepten sus tesis. ¿Podrían rebelarse contra él?
Es una posibilidad. El régimen de Damasco no tiene demasiada cohesión. Está dividido entre muchas facciones que actúan a las órdenes de potencias regionales, como Turquía o Arabia Saudita.
Lo único que parecen tener claro en la capital es que van a someterse al proyecto económico exigido por sus socios occidentales. Ankara, Doha y Riad ya han empezado a trasladar allí sus inversiones y, hace poco, la Unión Europea (EU, en sus siglas en inglés) ha anunciado el envío de más de 600 millones de euros a Siria.
En otros sitios, la inyección de tales sumas se suele dar con una condición: el establecimiento de comisiones de control que vigilen hacia dónde se dirigen. Con las circunstancias que vive el país, ¿no existe el riesgo de que el dinero sea aprovechado para hacer resurgir a organizaciones como el Estado Islámico (ISIS)?
Estás mencionando un peligro muy real. Al Sharaa ha liberado de sus cárceles en Raqqa y Guta a numerosos yihadistas. Aunque Estados Unidos ha intervenido y ha empezado a enviar a los prisioneros a Irak, el daño ya está hecho.
Ten en cuenta que el Ejército regular de Bashar al Assad ya no existe. Su sucesor se apoya en una serie de milicias que, cuando toman un territorio, asesinan, saquean, roban y secuestran a gente para pedir rescates. Y, para financiar todas estas actividades, es muy probable que utilicen el dinero enviado desde Occidente.
«La AADNES ha promovido la democracia en el Kurdistán sirio»
Antes de fundar su propio grupo, la Organización para la Liberación del Levante (HTS, en sus siglas en árabe), Al Sharaa militó en Al Qaeda y el ISIS. ¿Cómo afectará su propio pasado a la nueva Siria que quiere construir?
El ejemplo de Idlib, que ya hemos utilizado, nos servirá para ilustrar a los lectores. HTS gobierna allí desde 2019. ¿Ha creado algún tipo de aparato estatal democrático? No ¿Turquía, que es su principal socio, le ha ayudado a hacerlo? ¿O se lo ha exigido? Tampoco.
Por otro lado, la AADNES sí que ha promovido la democracia en el Kurdistán sirio. También ha construido escuelas, hospitales e incluso casas de mujeres, que estaban prohibidas bajo la dictadura de Al Assad. Hasta ha inventado nuevos mecanismos con los que aplicar su sistema de justicia. Todo esto está documentado y avalado por medios de comunicación independientes y ONG internacionales.
Hace un momento me decías que HTS está edificando un Estado islámico cerrado y ortodoxo con el aval de parte de la comunidad internacional en Siria. El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, es el principal amigo y valedor de Al Sharaa dentro de ella. ¿Ejerce mucha influencia sobre él?
Por supuesto. Si me apuras, ya la tenía sobre Al Assad, porque este dejaba a Ankara ocupar de forma ilegal dos partes de su territorio soberano: Afrin y Serekaniye. Sin embargo, el nuevo presidente y sus secuaces le deben todo lo que son a Turquía. No están donde están por lo que hicieron ellos o sus familias, sino por los fondos y los suministros turcos.
El tema sobre el que estamos conversando tiene un nombre: neootomanismo. Erdoğan busca expandir el control político, económico, ideológico y militar de su país sobre las regiones que fueron parte del antiguo Imperio otomano.
Afrin y Serekaniye forman parte del Kurdistán. No obstante, utilizan la moneda, la bandera y la lengua turcas. Los retratos del jefe del Estado turco cuelgan de las paredes y hasta se está llevando a cabo un cambio demográfico artificial entre las etnias de ambas regiones. Se trata de una injerencia estructural.
¿Turquía podría aprovechar la debilidad de su vecino meridional para anexionarse más territorios suyos?
Pienso que esa es la idea profunda del Estado turco. Erdoğan y varios de sus ministros han mostrado en público mapas con pedazos de Siria como si ya fueran suyos. Aunque, si Al Sharaa es complaciente con ellos, lo mantendrán allí como satélite. Así lo confirman las visitas semanales del ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, a Damasco.
Otro de los objetivos de Ankara, tanto a nivel interno como externo, es plantarles cara a los kurdos. ¿Por qué?
Desde la fundación de la República turca en 1923, sus líderes ultranacionalistas han tenido por objetivo eliminar a las minorías que habitan sus tierras y homogeneizar su Estado a nivel étnico.
El caso kurdo no es distinto del de los genocidios armenio o asirio. 20 millones de ciudadanos turcos son kurdos, y tienen que soportar los efectos de una política que niega su existencia y que se está aplicando desde hace más de 100 años.
Para Erdoğan, la revolución llevada a cabo en Rojava es un problema muy importante. Es verdad que allí solo viven 2 millones de kurdos, pero su habilidad para aliarse con otros pueblos y la capacidad que han mostrado para crear sus propias instituciones y garantizar sus derechos suponen un ejemplo para el resto del Kurdistán.
La experiencia de la AADNES no ha pasado desapercibida en Irán, Irak o Turquía. Los ataques de las milicias yihadistas han provocado movilizaciones masivas entre sus respectivas minorías kurdas, y cientos de personas han cruzado las fronteras que las separaban de sus homólogos sirios para sumarse a su resistencia.
«El régimen turco teme que sus ciudadanos miren a Rojava y que encuentren una alternativa de modelo de gobierno democrático en ella»
Los kurdos turcos son los más organizados y activos a la hora de reclamar, si no su independencia, al menos su autonomía dentro del Estado euroasiático. ¿Erdoğan los teme?
El historial guerrillero de Abdullah Öcallan y del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, en sus siglas en turco), desde su punto de vista, es una buena razón para mantenerse alerta.
Y hay otra cuestión. El régimen turco es muy autoritario. Es posible que sus dirigentes se espanten ante la idea de que sus ciudadanos miren a Rojava y entiendan que existe una alternativa de modelo de gobierno democrático en Oriente Medio.
Hace una semana, el diario español ‘El País’ publicaba un análisis sobre la creciente recuperación de la influencia rusa en Siria. ¿Crees que es algo preocupante?
Putin se ha reunido con Al Sharaa de forma reciente. En el transcurso de su encuentro, dijo cosas muy positivas sobre el líder de HTS. Su pragmatismo no me gusta. Sin embargo, dado el orden de cosas y desde un análisis político realista, es normal que Rusia actúe así.
Es una potencia mundial, intenta mantener su influencia y sus negocios en Damasco. Además, le ha costado mucho defender al Gobierno de Al Assad, por lo que quiere recuperar los recursos que invirtió en el país de una manera o de otra.
Es evidente que esto que digo se puede extrapolar a los Estados Unidos o a China. Estamos viviendo un momento muy complicado. Los valores éticos humanistas están cayéndose a pedazos.
¿No tienes la impresión de que parte de la comunidad internacional, y con esto me refiero sobre todo a Occidente, está interesada en que Siria siga fragmentada y en guerra?
Estoy de acuerdo contigo. A EE. UU. siempre le han resultado convenientes los Estados caóticos, dado que tiene una capacidad muy grande de rapiña. Y más cuando al frente del Ejecutivo hay alguien como Trump, que es un adicto al petróleo.
Mientras puedan sacar crudo de allí, a él y a sus amigos no les interesará si el régimen sirio reprime o si explotan bombas por todo su territorio. Tal vez en algún momento, cuando quieran un poco más de estabilidad, dejarán que Al Sharaa caiga y pondrán a una persona más presentable en su sillón: un diplomático o un dirigente exiliado.
Aunque, por ahora, su estrategia está funcionando. Washington D.C. y Tel Aviv soñaban con reestructurar el equilibrio de poder en Oriente Medio desde hace años. La caída de Al Assad es lo que les hacía falta, porque Irán está demasiado ocupado con sus propios problemas y los palestinos luchan por su supervivencia.
«La única manera de imponer la paz es escuchar a todos los pueblos que habitan el país»
Están a punto de cumplirse 15 años del inicio de la guerra civil siria. ¿Cuándo crees que acabará?
Es difícil de calcular. Estoy seguro de que aún no lo ha hecho, ya que Damasco ha cometido varias masacres y todavía se enfrenta contra las fuerzas kurdas.
Asimismo, tengo la convicción de que la única manera de imponer la paz es escuchar a todos los pueblos que habitan el país para saber qué es lo que quieren. Y no me parece que haya nadie dispuesto a hacerlo.
¿El pueblo kurdo saldrá del conflicto con alguna esperanza?
Ahora mismo es difícil pensar así, aunque yo lo intento. Para mí, el punto más positivo de este es que se ha comprobado que hay una unidad muy grande en las cuatro partes del Kurdistán frente al ataque injustificado de los yihadistas contra la Rojava democrática.
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