Le Pen y Salvini tienen razón


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Por Manuel H. Lorca

‘’Quiero acabar con la inmigración, legal o ilegal’’ afirmaba la candidata del actual RassemblementNational para la Presidencia de Francia, Marine Le Pen, en un debate electoral para las elecciones presidenciales de 2017.

En septiembre se cumplirá un año de la aprobación del conocido como ‘’Decreto Salvini’’ por parte del Gobierno de Italia: un conjunto de medidas impulsadas y preparadas desde hacía meses por el ministro del Interior italiano, MatteoSalvini, cuya base política y legislativa se fundamenta en tres aspectos: limitar la protección a inmigrantes vulnerables, facilitar las expulsiones de los mismos dentro de las fronteras nacionales y endurecer mediante multitud de trabas las condiciones para los solicitantes de asilo.

Bastan tan solo esos dos ejemplos recientes acerca de las reacciones a la inmigración, en un caso desde un movimiento outsider al gobierno (Francia), y en otro en forma de política pública ejecutada desde el mismo consejo de ministros (Italia), para reparar en que no se trata de casos aislados. Por si fuera poco no solamente ocurre en Europa, donde se vive una auténtica vuelta a la noche oscura de los nacionalismos excluyentes y autoritarios, sino en otros muchos territorios: EEUU con Donald Trump; Latinoamérica con Bolsonaro o algunas zonas del continente asiático.

La multiculturalidad como valor intrínseco y patrimonial de la humanidad, que es el mayor reflejo directo causal (aunque no único) de la migración, está francamente en riesgo. Podríamos definir los procesos migratorios, concretamente aquellos que son mayoritariamente interfronterizos, como los fenómenos transnacionales que consisten en la activación de varios flujos mediante el movimiento de diferentes masas de seres humanos, que ya sean por un motivo u otro no son capaces de desarrollar en condiciones mínimamente dignas el proceso vital en su territorio de origen y se ven obligados a cambiarlo por otro.

Estos procesos migratorios interfronterizos descansan sus causas generalmente sobre tres aspectos fundamentales, que actúan de impulsores de dichos procesos:

  • Factores desestabilizadores geopolíticos
  • Factores climáticos y medioambientales
  • Factores socio-políticos y económicos

Los anteriores aspectos tienen un origen común que hace que la forma de afrontar la cuestión de las migraciones sea bastante más complicada partiendo de ese punto de origen; el capitalismo como sistema social, económico y cultural. Aquí radica la clave de la batalla perdida que (a duras penas) intenta dar una buena parte de la izquierda socialdemócrata u otros espacios de ‘’izquierda’’. Perdida de antemano porque cuando Le Pen, Abascal o Salvini afirman que dentro de sus fronteras nacionales ‘’no cabemos todos’’, refiriéndose obviamente a la inmigración, tienen razón, claro. Lo que no mencionan es que esa afirmación es cierta bajo el sistema y modelo socioeconómico que impera actualmente, el neoliberalismo. Bajo el capitalismo en fase mutante (cada vez más depredador de todo lo que le rodea) no cabemos todos. Si la llamada izquierda tiene pensado intentar dar la batalla en el tema de la inmigración, sin cuestionar el modelo económico, será como jugar en el propio terreno de la ultraderecha y de esos nacionalismos excluyentes. Y ya sabemos lo que ocurre cuando se intenta “jugar” con las reglas de juego del enemigo; sin duda aumentan considerablemente las posibilidades de perder.

No hay que caer en el falso dilema anclado en la dicotomía ‘’inmigración si o inmigración no’’. El problema es que bajo el modelo económico actual, está claro que los procesos migratorios no son sostenibles.

Es el capitalismo el que empuja al enfrentamiento entre el último y el penúltimo, el que busca destruir las posibilidades de hermanamiento entre los diferentes pueblos del mundo. Y lo hace cuando explota laboralmente a la mayoría de inmigrantes de clase obrera y al mismo tiempo fomenta con sus medios de comunicación dos aspectos de suma importancia:

  • La idea de que son esos inmigrantes los que vienen a robarnos el trabajo (y no las empresas), cuando todas las cifras oficiales o de otros organismos desmienten esa afirmación.
  • La normalización de partidos políticos o movimientos xenófobos y ultraderechistas. Además cabe mencionar a las demasiadas organizaciones no partidistas, movimientos minoritarios u organizaciones paramilitares que son también beneficiadas de ese proceso de blanqueamiento sistemático que viene desde los medios de comunicación diariamente. Tal es el caso de Hogar Social Madrid y sus diferentes filiales filofascistas, CasaPound en Italia o el partido-organización militar Amanecer Dorado en Grecia.

También ahonda en negar la acción conjunta entre las clases obreras de diferentes territorios cuando ese capitalismo neoliberal no ve en el planeta sino un tablero de ajedrez para jugar a ‘’hacer la guerra’’ entre países en nombre de unas multinacionales u otras por la búsqueda y apropiación de recursos naturales, siendo consecuencia directa las inevitables oleadas masivas de refugiados. O también cuando para ese sistema no importa la conservación de todo nuestro entorno natural, acrecentando hasta niveles insospechados todos los factores desestabilizadores climáticos y ecológicos. En definitiva, los tres factores principales impulsores de los procesos migratorios interfronterizos, mencionados antes, incrementados al tiempo que se intenta trasladar ideas excluyentes y movimientos político-sociales portadores de esas ideas. Es el nuevo ecofascismo, al cual en multitud de ocasiones se refiere Yayo Herrero en sus intervenciones.

Por otra parte, también sería interesante mencionarese otro sector de la llamada izquierda o incluso cierta derecha liberal que no ve inconveniente alguno en la inmigración, sino que además la alienta como justificación frente al claro retroceso del modelo de Seguridad Social de ciertos países frente a las crisis demográficas y económicas nacionales. Es decir, su argumento se basa en la sencilla pero errónea premisa siguiente: si tenemos la inmigración suficiente, podremos ingresar más dinero en las Haciendas públicas y por lo tanto no será necesario ejecutar políticas públicas de recortes o de ajuste de gasto en diversos temas, como las pensiones. Al mismo tiempo, con ese argumento simplón y falaz, las grandes empresas aumentan sus beneficios pagando salarios de miseria y explotando laboralmente a la clase obrera migrante. Volvemos al punto de partida de jugar en el terreno del enemigo, de no intentar cuestionar el sistema capitalista, dado que si las condiciones laborales de nuestros trabajadores fueran mínimamente aceptables y dignas, no haría falta depender de esos procesos migratorios para seguir incrementando el dinero de la Seguridad Social o la cuenta de beneficios de varias empresas que, al final lo que compran, es trabajo esclavo.

No hay que caer en el falso dilema anclado en la dicotomía ‘’inmigración si o inmigración no’’. El problema es que bajo el modelo económico actual, está claro que los procesos migratorios no son sostenibles. Si no se plantea un cambio de modelo económico por parte de los nuevos movimientos altermundistas y de progreso al tiempo que se ahonda en la consigna de ‘’nativa o extranjera, la misma clase obrera’’, los Le Pen y Salvini de turno, así como el modelo que ellos no cuestionan nunca, el capitalismo, habrán ganado.


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One thought on “Le Pen y Salvini tienen razón

  • 17/07/2019 at 2:41 pm
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    mas qe insostenibles son causados por nº modo de vida depredador y sobretodo por ls multinacionales y ls politicos qe ns lo venden y qe son quienes arrsan todo y crean exodos apropiandose incluso d tierras o qemandsolas o contaminandolas etc

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