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Entrevistamos a la periodista y escritora Soraya Romero, autora de las novelas ‘Las semillas del silencio’ y ‘Demasiado Ayer’.
Por Dani Seixo | 20/11/2025
Soraya Romero, una de las voces más prometedoras de la narrativa contemporánea en castellano, nos sumerge en un rompecabezas de destinos rotos que arranca con el intento frustrado de fusilamiento de Nicomedes, su protagonista. Obligado a huir a México vía Portugal, Nicomedes construirá una nueva identidad a base de violencia y dolor, mientras la novela transita entre una España contemporánea que aún arrastra fantasmas y un México del «milagro económico» que no esconde sus propias contradicciones.
Inspirada en la historia real del bisabuelo de la autora, «Demasiado Ayer» es una poderosa reflexión sobre cómo los muertos pueden trastocar la vida de los vivos, demostrando que el pasado no es un capítulo cerrado, sino un eco persistente que siempre regresa. En «Nueva Revolución», tenemos el placer de conversar con Soraya Romero para desentrañar los hilos de esta obra que no solo es literatura de primer nivel, sino también una ventana a nuestra historia y a las fracturas que aún nos definen.
El título, ‘Demasiado Ayer’, es poderosamente evocador. ¿Qué reflexión encierra la elección de este?
El título nace de una anécdota escuchada en la radio sobre un niño que no sabía expresar que hacía mucho tiempo de un hecho pasado y se refirió a él como “demasiado ayer”. Pensé que era un título muy potente, no solo por lo evocador, sino por las diferentes interpretaciones a las que se prestaba para sostener la historia: el peso del pasado que nos conforma y nos acompaña; el apellido de un personaje perseguido por ese ayer de forma real y figurada; y la existencia de personas que sufren demasiado, pero que a su vez hieren demasiado.
¿Qué importancia ha tenido tu ‘ayer’ a la hora de escribir esta novela? La novela teje un ‘ayer’ que impregna el «hoy» y el ‘mañana’ de los personajes. ¿Puede la imaginación literaria, o la propia vida, construirse sin esta ineludible mirada al pasado? ¿Qué peso ha tenido su propio ‘ayer’ en la génesis de esta obra?
Esta historia nace del propio peso de mi pasado, de lo que otros fueron para que yo sea, de las heridas y los silencios a los que no se ha mirado de frente y que, por miedo, se han ido traspasando entre generaciones casi de forma invisible. Así sucedió con Las semillas del silencio y así ha sucedido con Demasiado ayer. Hay ciertas dinámicas que, de repente, cobran sentido cuando una es capaz de remover el pasado para entender su origen y su razón de ser. Demasiado ayer es una ficción realista cuyos personajes se construyen sobre una base sólida de contexto histórico contrastable y una mirada íntima que bebe del ayer y que permite entender lo que son y lo que llegan a ser.
El protagonista central experimenta un renacer tras un encuentro cercano con la muerte. ¿Cree que este ‘filo de la muerte’ es un catalizador para una percepción más intensa de la vida y sus posibilidades, o es más bien un detonante para reevaluar la existencia?
Creo que los seres humanos somos egocéntricos y necios en comparación con otros seres vivos; nos suponemos más inteligentes, pero esa “superioridad” nos hace más destructivos e insaciables. Esa insaciabilidad se lleva alimentando años a través del modelo económico capitalista, que nos empuja a los extremos. Solo nos replanteamos el sentido de nuestra vida cuando nos vienen mal dadas; es como un efecto túnel: una pérdida de visión que reduce el campo visual hasta que una luz potente nos deslumbra. Hay gente a la que esa luz le sirve de guía y otra a la que le termina de cegar. El protagonista de Demasiado ayer se aferra a esa luz por mero instinto de supervivencia, porque la vida nunca le ha ofrecido un espacio seguro para la reflexión; pero la oscuridad que le habita lo corrompe, de ahí la alegoría de la manzana que pudre el cesto, pero que no se golpea sola.
España y México, dos países con una arraigada y particular relación con la vida y la muerte en su imaginario cultural. ¿Cómo concibió que estos escenarios geográficos y sus respectivas cosmovisiones impregnaran la atmósfera y los destinos de los personajes de la novela?
Una buena amiga me enseñó una frase que últimamente aplico mucho: “Lo que sucede, conviene”. Varios factores se alinearon para que esta novela pasara por México, entre ellos, el hecho de que mi bisabuelo fuera barrenero, como consta en su expediente de defunción. En el año en el que arranca la novela, 1937, México estaba a las puertas de experimentar uno de los periodos más prósperos de su historia: el milagro mexicano, impulsado en parte por las exportaciones de plata de sus minas y la Segunda Guerra Mundial. Mi deseo de honrar a un país al que personalmente le debo mucho se concretó gracias a la solidez de este contexto favorable, que permitía que el personaje principal ejerciera esta profesión en las minas de Michoacán y Guanajuato, y me permitía regalarle al lector un paseo por el México de esta época. A su vez, se aborda el origen de la producción y el consumo de opio, derivado de la flor de la amapola, que la diáspora china llevó a México, y que también se expande como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.
Todo esto me permitía alimentar la ficción de manera muy realista y trenzar esa conexión que se establece entre la vida y la muerte.
Pese a los traumas y las vicisitudes, los personajes de ‘Demasiado Ayer’ parecen impulsados por una necesidad inquebrantable de completar su historia, de encontrar su razón de ser. ¿Respondió su proceso creativo a un plan estructurado, o hubo momentos en que los personajes cobraron vida propia, dictando el rumbo de la narración?
Al final del capítulo tres se cita esta frase, que es de un poemario sobre el Holocausto judío, La palabra muda, escrito por mi admirado Antonio Enrique: “El amor une más que la muerte”. Hay gente muerta en vida obligada a vivir, pero la vida continúa latiendo en sí misma a pesar de todo y de todos. Voy a caer en el tópico de que, a medida que una escribe, los personajes parecen cobrar vida, pero es que es verdad. Hay un momento en el que el relato avanza y tú quedas relegada a un papel de transcriptora, una especie de escriba al servicio del propio personaje, que muchas veces acaba convirtiéndose en algo diferente a lo que tú tenías en mente.
La represión franquista se presenta como un telón de fondo inicial, abriendo una ventana a historias silenciadas y a las ‘posibilidades robadas’. ¿Cómo surge esta necesidad de dar voz y resignificar esos relatos que la historia oficial intentó borrar?
Juan José Millás dijo que todos tenemos una herida por la que supura un “lo que no pudo ser” que ningún “lo que sí”, por extraordinario que sea, logra suturar. La posibilidad de tomar los datos del fusilamiento de mi bisabuelo y construir una vida, una segunda oportunidad a través de un personaje ficticio que arrastra el trauma silencioso que deja la guerra, la falta de recursos y de amor, el contexto de violencia estructural, el hambre y el miedo, me parecía un ejercicio de reflexión sobre lo que podría haber llegado a ser esa persona desde la coherencia de esas circunstancias. Resignificar una historia así y regalarle una vida dichosa no me apelaba; me resultaba mucho más interesante explorar esa oscuridad que, de alguna manera, nos habita a todos. La felicidad es lo deseable, pero desde el punto de vista de la narración esos renglones torcidos me resultaban mucho más llamativos.
Tu novela es de esas que invitan a desconectar del mundo exterior, un viaje absorbente que deja una huella. El ambiente penetrante y el tono singular de cada historia sugieren un potencial cinematográfico evidente. Si ‘Demasiado Ayer’ saltara a la gran pantalla, ¿habría algún director/a o actor/actriz que le gustaría ver involucrado en el proyecto? ¿Y qué sensaciones le produciría contemplar esa adaptación?
Por supuesto que me encantaría ver una adaptación audiovisual de Demasiado ayer; sería una alegría inmensa, como ya va a suceder con Las semillas del silencio. El lenguaje audiovisual tiene la capacidad de llegar a un público al que, a veces, por mucho que nos esforcemos, la literatura no llega.
Puestos a soñar, Benito Zambrano, Gracia Querejeta, Paula Ortiz o David Trueba son fantásticos y algunos de sus proyectos cinematográficos orbitan en una línea con la que esta historia podría resonar.
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