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Con una ‘mano tendida’, Marruecos intenta asegurar la estabilidad y adormecer el conflicto saharaui. Jamal Benomar alerta sobre el temor marroquí a un resultado desfavorable en el referéndum.
Por Héctor Bujari Santorum | 2/08/2025
La mesa de operaciones del ocupante marroquí está en plena ebullición respecto al dossier del Sáhara Occidental. Los hechos recientes lo confirman: tras la visita de Massad Boulos a Argelia, se firmaron numerosos acuerdos energéticos, pero también se abordó la cuestión saharaui. Como respuesta, se han producido dos movimientos significativos: una reunión exprés no programada entre Marruecos y Francia, y la inclusión del tema del Sáhara Occidental en el último discurso de Mohamed VI.
Conviene separar el grano de la paja y analizar estos hechos con profundidad.
Para empezar, como ya mencioné anteriormente, la historia parece repetirse en las palabras del hijo de Hassan II:
«Mostramos nuestro interés en alcanzar una solución consensuada. Sin vencedores ni vencidos. Una solución que salve la cara a todas las partes.»
Habla del Sáhara, pero en el fondo se refiere a la estabilidad del propio trono marroquí. Cuando Hassan II percibió que se acercaba su final, aceptó —al menos en apariencia— la posibilidad de un referéndum y comenzó a hablar de una “solución mutuamente aceptable”. Su objetivo real era calmar tensiones internas, garantizar una transición ordenada y evitar un conflicto abierto.
Hoy vivimos un escenario similar: promesas vagas de solución, la ilusión de una nueva negociación bajo términos distintos. No debemos dejarnos engañar. La única vía legítima pasa por la resistencia activa hasta lograr una solución real y justa. Esto debe quedar claro.
En cuanto a la reunión exprés con Francia, el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, está preparando una visita a París. Uno de los temas centrales será el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental, respaldado por Emmanuel Macron. ¿Qué podemos anticipar de esto? Lo más probable es que Marruecos presente una nueva versión del plan de autonomía —la tercera, tras los intentos fallidos de 2003 y 2007—, o incluso explore fórmulas alternativas.
Marruecos es cada vez más consciente de que el respaldo de Francia en la cuestión del Sáhara Occidental actúa únicamente como un muro de contención en el Consejo de Seguridad, bloqueando la resolución política que incluya la autodeterminación. Pero hasta ahí llega la influencia francesa: su capacidad de presión es limitada y, por más que se insista, no puede sostener el peso de una cuestión que excede sus posibilidades. Por ello, Rabat está explorando nuevas vías, entre esas “nuevas vías”, está Estados Unidos, que no considera la cuestión saharaui una prioridad en su política exterior.
El objetivo de sentarse y negociar no es otro que el de facilitar una sucesión al trono en condiciones más estables y favorables.
No olvidemos que el heredero, Moulay Hassan, genera ciertas reservas dentro del propio entorno del poder, debido en parte a su cercanía con su madre, Lalla Salma, cuya figura ha estado envuelta en discreción e incluso distanciamiento de la escena oficial. A esto se suma su juventud —tiene apenas 22 años— y el hecho de que aún no está casado, un detalle relevante en la tradición monárquica marroquí, donde se espera que el futuro rey contraiga matrimonio antes de asumir formalmente el trono.
En definitiva, es un proceso de sucesión todavía en preparación: un pan que aún está en el horno.
En línea con todo lo anteriormente expuesto, el exdiplomático marroquí ante las Naciones Unidas, Jamal Benomar, en una extensa entrevista con Mediapart, hizo un llamado a detener la escalada verbal y la carrera militar entre Marruecos y Argelia. Confirmó que la solución política al conflicto del Sáhara Occidental no vendrá desde el exterior, sino que debe construirse dentro de un marco magrebí integral que incluya a Marruecos, el Frente Polisario y Argelia.
Sobre la reciente invitación del rey Mohammed VI a Argelia, Benomar calificó la “mano tendida” del reino como una iniciativa positiva, pero advirtió que la estrategia diplomática basada en la confrontación y en la búsqueda de apoyo internacional contradice, en su opinión, la lógica de la calma y la estabilidad.
Además, Benomar enfatizó que evaluar el avance marroquí en el asunto del Sáhara únicamente por la cantidad de países que respaldan su plan de autonomía, tras el reconocimiento del expresidente estadounidense Donald Trump en 2020 de la soberanía marroquí sobre la región, resulta un enfoque superficial.
Para él, “lo más importante es el grado de preparación de los saharauis mismos para vivir bajo la soberanía del reino”, y añadió: “Si Rabat desea cerrar definitivamente la puerta al referéndum, quizás sea porque teme un resultado que no le sea favorable”.
Benomar también señaló que las Naciones Unidas aún no han tomado una decisión clara respecto al concepto de “autodeterminación”, y destacó que esta ambigüedad beneficia a las grandes potencias sin resolver la esencia del conflicto.
Según Benomar, una solución sostenible debe fundamentarse en tres niveles: Un diálogo inclusivo entre los propios saharauis, negociaciones directas entre Marruecos y el Frente Polisario y una apertura política entre Rabat y Argelia.
Finalmente, Benomar advirtió: “Si se etiqueta al Frente Polisario como una organización terrorista vinculada a Irán y Hezbolá, ¿cómo se podrá negociar con ella?”
Además, relacionó la continuidad de las detenciones severas que afectan a los activistas del Hirak del Rif con la falta de confianza de los movimientos opositores en las propuestas del reino, preguntándose: “¿Cómo convencer a los saharauis de deponer las armas e involucrarse en un plan que no fue consultado con ellos desde el principio?”
Benomar alertó sobre el riesgo de que la situación derive en enfrentamientos armados, recordando los choques de 1963 y 1976, y señalando la carrera armamentista entre Marruecos y Argelia.
Asimismo, señaló que la división entre ambos países se asemeja, en ciertos aspectos, a la de las dos Coreas, a pesar de la historia y la identidad común que unen a sus pueblos, describiendo la situación como “absurda, moral e históricamente”.
A través del Instituto para la Cooperación y el Desarrollo Internacional (ICDI), Benomar busca impulsar una dinámica social magrebí independiente de los Estados, afirmando: “A pesar de las campañas de desinformación, los pueblos magrebíes rechazan la lógica de la confrontación”, y haciendo un llamado a un movimiento civil que declare claramente: “Basta de la escalada y de la división artificial”.
En respuesta a cómo reunir a Rabat y Argelia en una misma mesa, Benomar señaló que aún es prematuro, pero subrayó que es necesario contar con una agenda clara, objetivos definidos y una voluntad política real.
Finalmente, destacó: “A veces basta una llamada telefónica de un jefe de Estado a su homólogo diciendo: ‘Hermano, la próxima semana te visito’. La reconciliación comienza a veces con un paso simple pero valiente”.
En definitiva, nos enfrentamos a nuevas maniobras del régimen marroquí para alejar cualquier solución que implique la soberanía legítima del pueblo saharaui sobre sus territorios. No es casualidad ni la reacción marroquí en su reunión con Francia, ni las declaraciones de Benomar, ni lo expresado en el discurso real. Nadie pierde nada por sentarse a una mesa de diálogo, pero debemos hacerlo con algo muy claro: los derechos del pueblo saharaui deben ser decididos por ellos mismos mediante un referéndum libre y justo.
Bajo ningún concepto podemos detener la lucha armada, como ya ha ocurrido en el pasado.
Que Marruecos explique claramente a quién quiere que vote y cuáles son sus “condiciones”. Si Marruecos desea estabilidad, debe ganársela permitiendo la realización del referéndum, incluyendo la posibilidad de que el territorio que ha ocupado ilegalmente durante 50 años regrese a sus legítimos dueños: el pueblo saharaui.
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