#LaRealidadQueEs

Por Jesús Ausín

El casero se ha presentado con malas pulgas en casa de los Calafet. Hace ya un tiempo que está buscando una excusa para echarlos a la calle. No le gustan aunque son un matrimonio joven normal que procuran pagar la renta religiosamente. Eso si, tienen ciertas dificultades. Ni siquiera sus dos niños pequeños, uno de ellos casi recién nacido, incitan al casero a la misericordia. Para él, solo son gentuza que quieren vivir gratis. Pero no en su piso. Hace un par de días, Choana, la joven esposa, le comunicó al casero que su hermana Quela iba a compartir piso con ellos. El casero no dijo nada. Pero ahora ha averiguado que Quela es aún más insolvente que los Calafets y no está dispuesto a pasar por alto el incumplimiento del contrato de arrendamiento. Así que hoy, a las ocho de la mañana, cuando la familia estaba a punto de llevar a su hija mayor al colegio, se ha presentado en la vivienda hecho un basilisco y les ha dado cuarenta y ocho horas para que abandonen la casa.

El matrimonio ha intentado convencer a su casero que, en dos días, no pueden buscar otro alejamiento y que sus hijos necesitan un techo en el que cobijarse. Pero Epafrodito, el casero, no escucha. La sangre le llena la cabeza y le ha cerrado el oído y la razón. No quiere saber nada de los problemas que les acarrea el desahucio a los Calafet, así que tras volver a advertirles de que si no se van llamará a la policía, se ha dado media vuelta y les ha dejado con la palabra en la boca.

Han pasado dos semanas desde que el plazo dado por Epafrodito a los Calafet cumplió. Ellos, tras dejar a la hija mayor en el colegio y a la pequeña con los abuelos, empezaron a buscar otro lugar donde vivir, pero no han conseguido nada. La asistenta social de Cáritas se ha puesto en contacto con los servicios sociales del ayuntamiento y estos les ha ofrecido una vivienda temporal. Pero Lleobí, el padre, trabaja de camarero echando horas y no tiene contrato ni nómina. Y sin contrato no hay piso. También el Ayuntamiento necesita saber que van a poder pagar los doscientos euros mensuales de la renta. Aunque su negativa suponga que los Calafet no podrán tener vivienda si Epafrodito les desahucia y eso empeorará el estado de la familia, de tal forma que es posible que hasta pierdan a sus hijos. Les han dejado la vivienda en “stand by” a la espera de un contrato aunque sea temporal. La familia vuelve a su piso alquilado. Han estado comiendo todos en casa de los padres de Choana y Quela, celebrando el cumpleaños del abuelo. Los padres, que viven en un pequeño piso de 45 m2 con un salario de 800 euros y tres hijos más, todos menores de dieciocho años, no pueden acoger a la familia ni siquiera temporalmente. Al llegar a casa, la vecina del bajo les ha salido al paso. ¡Ay, hijos míos!, les dice. El sinvergüenza de vuestro casero ha venido nada más marcharos con un cerrajero y ha cambiado la cerradura de vuestra casa. Ha sacado cuatro cosas que las ha tirado de mala manera en el descansillo. Os las he metido yo en estas bolsas de basura. Si queréis llamar a la policía desde mi casa,… Llaman a la policía. Como no tienen llaves de casa no pueden hacer nada. Simplemente presentar una denuncia contra Epafrodito. Pero eso no les devolverá su casa, ni las cosas que aún han quedado dentro. En una de las bolsas de basura se encuentra el libro de familia y las tarjetas de la Seguridad Social. Los cuatro, el matrimonio y sus dos hijos, se van a pasar la noche en el coche. La cuñada tendrá que buscarse la vida.

Los Calafet llevan cinco meses viviendo en el coche. Han pasado muchas noches de frío intenso. El bebé es el que menos se entera. Pero la hija mayor lo está pasando realmente mal. Ahora que llega el mes de mayo, el calor empieza a agobiarles dentro. El coche está todo el día al sol y si abren las ventanas, los mosquitos les comen. Lleobí ha estado un par de meses trabajando de guarda de seguridad por las noches, para dejar espacio a los otros miembros de la familia en el vehículo. Pero intentar dormir en un coche de día, es misión imposible y le ha pasado factura. Se quedó dormido en la garita y le pillaron los encargados de la nave. Lo despidieron inmediatamente. Nadie quiere saber las situaciones especiales que llevan a las personas a fallar en el trabajo. Ya nadie da segundas oportunidades.

Ahora viene lo peor, porque se acerca el verano y meter a unos niños en un coche a cuarenta grados es una temeridad. El bebé se queda en casa de los abuelos mientras su madre asiste a un curso de peluquería gratuito que le han buscado los servicios sociales de Cáritas. Un voluntario acude todas las noches a llevarles comida y agua. Pero no es vida. O encuentran pronto un piso o temen lo peor. En el Ayuntamiento les han confirmado que el piso sigue a la espera de ese contrato. Aunque sea por una semana. Lo importante, les han dicho es meterse. Pero por más que ambos cónyuges buscan trabajo, no hay suerte. Nadie quiere contratar a un sin techo.

Llegados el mes de junio, con la primera ola de calor, los servicios sociales han puesto en marcha la maquinaria burocrática. No quieren aparecer en la prensa como los responsables de que dos niños de corta edad hayan muerto en un coche víctimas del calor. La policía municipal se ha presentado al atardecer en el lugar donde tienen aparcado el vehículo y les han llevado la orden por la que los niños pasan a tutela judicial. De momento hasta que los padres encuentren un trabajo, les han dicho. El juez le ha preguntado a los abuelos si pueden hacerse cargo de los niños o si hay un familiar en condiciones mínimas para su acogimiento. Pero los abuelos trabajan los dos y tienen otros tres hijos en casa. Los servicios sociales han desaconsejado que sean ellos los tutores temporales. A falta de otro familiar que pueda hacerse con la tutela, los niños han sido separados de sus padres y familiares e internados en un centro de menores.

Basado en https://contrainformacion.es/una-familia-de-valencia-vive-en-un-coche-con-dos-menores-desde-hace-5-meses/

 


#LaRealidadQueEs

Hace unos días, la fundación FOESSA en la que participa Cáritas emitía su informe 2019 con datos terribles para cualquier persona a la que aún le quede un poquito de decencia, empatía y solidaridad humana.

Las personas en situación de pobreza sienten que la política les da la espalda y no se ven representadas en este sistema que les deja de lado y que además, con sus leyes y normativas, les acaba introduciendo más y más en ese agujero del que es casi imposible salir.

El 80 % de la población española no participa en ninguna asociación, partido político o fundación. Lo que supone que, a una parte de ese 80 % no le preocupa lo más mínimo aquello que rige y sobre lo que se fundamentan las decisiones que le van a afectar en su día a día. Es pura inconsciencia por ignorancia y sobre todo, por pereza. Hay otra parte a la que, aunque le preocupe, cree que asociarse y luchar no sirve para nada porque las decisiones no se toman en consonancia con el interés general sino con el particular de unos pocos. No les falta razón, pero es como si una gacela cuando ve venir al león, se auto convenciera de que haga lo que haga el león va a acabar pillándola y en lugar de correr e intentar salvarse, se quedara quieta porque la muerte es inevitable.

Estas decisiones sobre las que el 80 % de la población no cree que haya instrumentos para que sean tomadas de otra forma más favorables a sus intereses, han conseguido que el precio del alquiler haya subido en los dos últimos años cerca de un 30 %. Esas decisiones, han llevado a 2 000 000 de personas al desasosiego diario de no saber si será el último día en el que van a tener techo en el que cobijarse.

Estas decisiones a las que no dan importancia ese 80 % de los españoles, hacen que una mujer tenga que trabajar 1 hora y media más al día para poder ganar el mismo salario que un hombre. Si además esa mujer es inmigrante, son dos las horas de más para ganar lo mismo.

El 80 % de la población española no participa en ninguna asociación, partido político o fundación. Lo que supone que, a una parte de ese 80 % no le preocupa lo más mínimo aquello que rige y sobre lo que se fundamentan las decisiones que le van a afectar en su día a día.

Guiados por la manipulación sistemática de los medios de desinformación, adoctrinamiento y difusión de las ideas que benefician a unos pocos, el 50 % de la población española cree que los inmigrantes reciben más de lo que tributan. Incluso he visto whatsApps y twits en los que se dice que reciben una paga en cuanto pisan territorio español. Falsedades y mentiras que benefician a empresarios y explotadores que con ese “percal” tienen más fácil contratar en “B” y pagar salarios de miseria. Este informe de FOESSA dice que los inmigrantes aportan el 10 % a las arcas de la Seguridad Social, más que ningún otro colectivo.

Las políticas de miseria social llevadas a cabo en este país en las últimas décadas hacen que hoy haya cuatro abuelos por cada nieto. Lo que significa que en un futuro no muy lejano, cada nieto tendrá que cuidar a cuatro abuelos, lo que es insostenible.

Uno de cada tres hogares tiene personas que necesitan cuidados ya sea porque sus habitantes son mayores con movilidad reducida o sin movilidad, ya sea porque hay niños de corta edad que necesitan cuidados constantes o porque sus inquilinos son enfermos y/o dependientes.

La sinrazón de ignorar la política nos ha llevado a esta situación de emergencia social en la que 1 de cada tres contratos duran menos de siete días, lo que ha llevado a 2 700 000 trabajadores a la tesitura tremenda de que el trabajo solo les da para sobrevivir, no pudiendo hacer frente a ninguna situación sobrevenida extraordinaria y a formar parte de ese cada vez más numeroso grupo de personas en exclusión social.

Para los que votan fascismo e hijoputismo creyendo que ese modo de vida se ajusta más a sus necesidades, deberían renunciar a la sanidad pública, a las pensiones, a las vacaciones y a los derechos laborales.

Esta es la coyuntura actual de un país que vota a corruptos, tipejos llenos de ego cuyo único fin es pillar cacho y fascistas indocumentados que con el discurso recurrente de que todos los colectivos de lucha son chiringuitos que viven de las subvenciones, llevan sin pegar palo toda su puñetera vida, viviendo de lo público y rascando de aquí y allá, defraudando todo lo posible para tener una vida económicamente plena y sin esfuerzo.

Esta es la situación de un país con 11 millones de electores indocumentados, egoístas y anodinos que votan sin conciencia ni criterio, cuya inconsciencia y estupidez repercute en el día a día de todos los demás, llevando a la bolsa de la pobreza cada día a más personas, mientras unos pocos, de los que ellos ni forman parte ni estarán jamas en situación de acercarse, incrementan su patrimonio de forma indecente a base de encarecer servicios públicos y quitar derechos a todos, incluidos ellos.

Esta es la situación de un país con más de 10 000 000 de personas pobres, el tercer país en desigualdad de Europa, en el que los salarios están por debajo de los que había en 2009, mientras los beneficios empresariales han aumentado más de un 200 %. Un país en el que cada día se extienden los empleos fuera de convenio que suponen una merma de entre 6000 y 8500 euros menos anuales que los de convenio y que además les obliga a trabajar 100 horas más al año que los otros. Un país que recauda un ínfimo 12 % de impuestos en sociedades y un 85 % en IVA e IRPF. Un país en el que a los que más tienen, se les permiten una serie de prebendas financieras para que paguen lo menos posible, cuando no, acaban con su capital en paraísos fiscales para no tributar lo que debieran.

Así estamos. Pero parece que al Presidente del Gobierno en funciones no le preocupan estos datos. No quiere pactar un gobierno con las formaciones que luchan por cambiar esta situación. Prefieren pactar con quiénes, como el propio PSOE, son los causantes de este desastre humanitario que lleva a familias a vivir en coches, a perder la custodia de sus hijos y a desahucios de mujeres en riesgo con bebés, como le ha ocurrido hace unos días a Sara una vecina de Leganés a la que han dejado en la calle con sus dos hijos de 8 y 1 año y la amenaza de que los Servicios Sociales se los van a quitar para internarlos en un centro de menores dónde las posibilidades de acabar siendo delincuentes se multiplican. Para los que crean que el desahucio es para la gente sin empleo, Sara tiene empleo y un salario de 900 euros. Es decir, es una persona de lo más habitual entre los españoles que se consideran normales.

Muchos de los que, en su ignorancia y pereza se creen que estas cosas son de mundos paralelos en los que ellos nunca van a vivir, son los próximos en ingresar en las frías cifras de la pobreza y la exclusión social. Entonces pedirán ayuda a unos servicios sociales que existen gracias a las luchas de ese 20 % que, muchas veces a costa de su vida personal, batallan todos los días por conseguir que la coyuntura actual de explotación de la mayoría y acumulación de riqueza en manos de ese 1 % cambie.

Para los que votan fascismo e hijoputismo creyendo que ese modo de vida se ajusta más a sus necesidades, deberían renunciar a la sanidad pública, a las pensiones, a las vacaciones y a los derechos laborales. Porque todo eso, es consecuencia de políticas contrarias a lo que han votado.

La estulticia de unos pocos es la pobreza de la mayoría.

Salud, feminismo, república y más escuelas.

 


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