Lamine Yamal, la izquierda y la romantización de la miseria

Estos días todo el mundo habla del barrio de Rocafonda donde creció el futbolista Lamine Yamal, lugar siempre olvidado por el foco mediático y la política institucional.

Por Oriol Sabata | 11/07/2024

Si en algo podemos estar todos de acuerdo es que el joven Lamine Yamal ha revolucionado la Eurocopa con su calidad futbolística. Todo el mundo habla del dorsal 19 de ‘la roja’. Tiene 16 años y justo ha terminado la secundaria, pero ya se codea con los grandes del fútbol. Desde que contribuyó con un golazo ante Francia al pase a la final de la selección española, algunas figuras de la izquierda y tuiteros relevantes se han volcado en destacar los orígenes humildes de Lamine. En las redes sociales se ha hecho viral una fotografía en la que el joven jugador hace el gesto del número 304 con las manos. Son los últimos tres dígitos del código postal del barrio de Rocafonda, en Mataró, en el que Lamine ha crecido.

Estos días periodistas y políticos progresistas están mostrando un interés fuera de lo común por este barrio marginal, siempre olvidado por el foco mediático y la política institucional. Ahora destacan su carácter obrero y humilde y hablan de un barrio ‘empoderado’.

Lo que deberíamos preguntarnos es cuáles son exactamente los motivos por los que deberíamos sentirnos orgullos de tener en nuestro país barrios degradados y con altos índices de pobreza. ¿Debemos aceptar que los mismos políticos que no han hecho absolutamente nada por mejorar las condiciones materiales de esos barrios trabajadores ahora los reivindiquen?

Hubo un tiempo en que la izquierda luchaba por la transformación de la sociedad. Hoy no solo ha renunciado a ese objetivo, sino que reivindica y romantiza la miseria de los trabajadores. Y lo hace de manera abierta en redes sociales, sacando pecho de no se sabe muy bien qué. No existe ningún interés más allá de seguir adelante con sus gestos simbólicos de cara a la galería, construyendo un teatro de falsa confrontación con la derecha que, al final, en esencia, no cambia nada. Se dedican a alimentarlo porque no son capaces de tirar adelante medidas tangibles que mejoren la vida de los sectores más vulnerables de la sociedad.

Rocafonda es un juguete más para la izquierda. En unos días nadie hablará ya de este barrio y las condiciones materiales de sus vecinos seguirán igual. Una mayoría de los que han compartido este tipo de mensajes en redes ni viven ni vivirían en barrios como este. Tuitean desde la distancia, sumándose a la tendencia del momento.

Frente a la izquierda del postureo, hoy es más necesario que nunca poner en el centro del tablero político los intereses de la clase trabajadora. De manera seria, abordando cuestiones centrales como los salarios, la seguridad, la planificación migratoria y los servicios públicos. Para que un día, podamos sacar pecho y sentir verdadero orgullo por el trabajo realizado. Todo lo demás es folklore progre para que todo siga igual.

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