La unión de la izquierda

La izquierda creó el Frente Popular para frenar el avance del fascismo. Una Izquierda que esté unida para oponerse a las amenazas autoritarias y defender la democracia.

Por Isabel Ginés | 9/07/2024

De los discursos de Federica Montseny extraigo la comparativa de que la izquierda se asemeja a Caín y Abel cuando discuten, y es cierto. Muchas veces, en lugar de buscar lo que nos une y en lo que nos parecemos, solo buscamos los puntos débiles o en contra para atacarnos. La izquierda, ante todo, es antifascista y busca mejorar la vida del pueblo, defender los derechos humanos y construir un mundo donde todos tengamos cabida, entre otras cosas.

El mito de Caín y Abel es una narración bíblica que se encuentra en el libro del Génesis en el Antiguo Testamento. Según el relato, Caín y Abel eran los dos primeros hijos de Adán y Eva. Caín, el mayor, era agricultor, mientras que Abel, el menor, era pastor de ovejas. Ambos ofrecieron sacrificios a Dios: Caín presentó frutos de la tierra y Abel, los primogénitos de su rebaño. Dios aceptó con agrado la ofrenda de Abel, pero rechazó la de Caín. Enfurecido y celoso, Caín llevó a Abel al campo y lo mató, cometiendo así el primer fratricidio. Como castigo, Dios condenó a Caín a ser un errante en la tierra, llevando una marca para protegerlo de ser asesinado por otros.

La historia de Caín y Abel ha sido interpretada de diversas maneras a lo largo de la historia, simbolizando la envidia, los celos y el conflicto entre hermanos o semejantes. Este mito resalta las consecuencias devastadoras de permitir que la envidia y el resentimiento dicten las acciones de uno.

En términos de la analogía con la izquierda política, el mito de Caín y Abel puede ser utilizado para ilustrar los conflictos internos y las rivalidades que a veces surgen dentro de los movimientos de izquierda. A menudo, estos movimientos están compuestos por una diversidad de ideologías y estrategias, que pueden llevar a desacuerdos y tensiones internas.

La izquierda, como un conglomerado de diferentes facciones y perspectivas, puede experimentar conflictos cuando diferentes grupos compiten por influencia, recursos, poder o reconocimiento. Estos conflictos internos pueden ser tan intensos que debilitan la cohesión del movimiento en su conjunto, similar a cómo la envidia de Caín destruyó su relación con Abel. Al igual que en el mito, donde el asesinato de Abel tuvo consecuencias nefastas, las disputas internas dentro de la izquierda pueden distraer y debilitar el esfuerzo colectivo hacia objetivos comunes, impidiendo así avances significativos en sus agendas políticas y sociales.

Es así, se riñe y se enzarzan en disputas. Los ideales prevalecen y deben prevalecer, pero también la unión para frenar un fascismo que cada día crece más en Europa y en nuestra tierra. Hay más cosas que nos unen que las que nos separan, pero la guerra en redes sociales, el señalamiento, el ensañamiento y sacar las vergüenzas sin lógica en momentos débiles no ayuda; más bien, debilita a la izquierda y da alas al extremismo, que ya tiene demasiado poder.

A algunos les mueve, sobre todo, la indignación y la rabia; a otros, la esperanza y la solidaridad. En la izquierda hay muchos tipos de personas que luchan, resisten y trabajan por y para todos: los que luchan por su gente, los que luchan por el bien común, los que luchan para mejorar un mundo hostil, los que luchan por el prójimo, los que odian la injusticia, los que temen que nos roben derechos y volvamos a una semi-dictadura robando libertad, los que luchan por ideales, los que luchan por idealismo. Todos son una izquierda que aporta y debe estar unida.

Lo vemos en Francia: Marine Le Pen, una política francesa de extrema derecha y líder del partido Agrupación Nacional, ganó la primera vuelta en Francia. Entonces, la izquierda creó el Frente Popular para frenar el avance del fascismo. Una Izquierda que esté unida para oponerse a las amenazas autoritarias y defender la democracia. Esta unión de la izquierda es crucial para frenar a los nazis, la ultraderecha, el robo de libertades y para proteger los derechos humanos.

Al final, la Izquierda Unida siempre suma, siempre gana y siempre logra dar la vuelta a las cosas, defendiendo firmemente a los inmigrantes, a la comunidad LGBTQ+, a los trabajadores y a los derechos humanos. La izquierda busca la justicia social, la igualdad y la protección de los más vulnerables. La unidad y la colaboración son esenciales para resistir el avance del extremismo y construir una sociedad más justa y equitativa para todos.

La extrema derecha esta ahí, no solo esta ahí esta en nuestras instituciones, esta ganando terreno, es un peligro para todos, para la democracia, por eso es esencial la unidad dentro de la izquierda no es solo una aspiración que tenemos muchas y muchos, es el paso lógico y necesario, el antifascismo debe unirse para pararlos en la calle e instituciones. Los movimientos y partidos de izquierda comparten un compromiso con la justicia social, la igualdad y los derechos humanos, valores que se ven constantemente amenazados por las fuerzas de la extrema. Sin embargo, a pesar de estos objetivos comunes, la izquierda a menudo se ve fracturada por disputas internas y divisiones ideológicas que socavan su eficacia y capacidad de acción. Es cierto que la izquierda tiene muchos puntos en contra y problemáticas que solucionar. Pero hay una cosa clara: parar el fascismo es cosa de todos y en especial de la izquierda. Los partidos y movimientos sociales de izquierda deben unirse para ser más fuerte, movilizar y ganar territorio.

Juntos somos mas fuertes.

La división de la izquierda debilita su capacidad para enfrentarse a adversarios políticos bien organizados y financiados. Que usan las redes sociales y movimientos bien asentados para ganar territorio con su extremismo.

Mientras la derecha, en muchas ocasiones, presenta un frente unido en torno a políticas regresivas y de exclusión, la izquierda se pierde en interminables debates ideológicos y estrategias que en vez de sumar, dividen y fragmentan. Esta falta de cohesión no solo desalienta a los votantes, se pierde tiempo para medidas efectivas sino que también facilita la victoria de aquellos que buscan perpetuar un status quo injusto.

La diversidad de pensamiento es una fortaleza, pero cuando esta diversidad se convierte en un pretexto para la desunión, se convierte en un obstáculo. La historia reciente está llena de ejemplos donde las disputas internas han llevado al fracaso electoral y la consecuente pérdida de oportunidades para implementar políticas progresistas.

Hay que tener claro que en estos tiempos agitados y marcados por el resurgimiento de ideologías autoritarias y populismos extremistas, la izquierda debe unirse contra el fascismo. Más allá de las diferencias ideológicas internas, es fundamental recordar que nuestra principal tarea es la defensa de la democracia, los derechos humanos y la justicia social.

El antifascismo no se limita a una postura política particular; es una respuesta ética y práctica frente a la amenaza de regímenes que buscan socavar los cimientos de la convivencia democrática. Surge de la memoria histórica de las luchas antifascistas del pasado, que nos enseñan las consecuencias devastadoras de la intolerancia y la supremacía. El antifascismo defiende la igualdad, la diversidad y la solidaridad como valores fundamentales de una sociedad justa.

Y actualmente se necesita una izquierda fuerte y más contra los discursos de odio. Los mensajes de odio se están propagando muy deprisa. Es un problema que afecta a todas y a la democracia.

Los discursos de odio son promovidos por partidos de extrema derecha y representan una amenaza para los derechos humanos. Se necesita una izquierda que tome medidas legislativas y educativas pero también un fortalecimiento de los movimientos sociales de izquierda. Las mentiras, las teorías conspiratorias, las falsas estadísticas de agresiones…. Una izquierda enfocada a esto ayudaría a un mejor ambiente social, a paliar todos estos discursos de odio y mentiras programadas y a tomar las riendas para contrarrestar estos mensajes y estas propagandas.

Por último en este tiempo de creciente polarización y con el tema de ideologías extremistas en auge, es lógico que los movimientos de izquierda se unan en un esfuerzo colectivo para frenar el avance del fascismo y sus discursos de odio. La unidad de la izquierda no solo fortalece su capacidad para defender los derechos humanos, la igualdad y la justicia social, sino que también representa una barrera crucial contra el atentado de las libertades democráticas. Al trabajar juntos, los movimientos de izquierda pueden ofrecer una contraposición efectiva a las narrativas divisivas y exclusionarias promovidas por las fuerzas de extrema derecha, promoviendo en su lugar valores de inclusión, solidaridad y respeto mutuo. Esta unión no solo es estratégica, sino también moralmente imperativa para construir un futuro donde todos los individuos puedan vivir libres de temor y discriminación, asegurando así sociedades más justas y equitativas para las generaciones venideras.

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