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El narcotráfico no es más que un pretexto de Washington para allanar el terreno para una posible intervención en Venezuela.
Por Ernesto Vílchez | 25/10/2025
En las aguas del Mar Caribe, donde la historia de intervenciones yanquis ha dejado cicatrices profundas, se alza de nuevo la silueta ominosa del imperialismo estadounidense. Bajo el pretexto de combatir el narcotráfico, Washington ha iniciado una escalada bélica que huele a intervención abierta. El despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más avanzado y colosal de la flota de EE.UU, no es un mero ejercicio naval: es una declaración de intenciones agresivas. Mientras tanto, ataques letales contra embarcaciones en alta mar y una retórica incendiaria de Donald Trump contra Venezuela y Colombia revelan el verdadero objetivo: desestabilizar y someter a América Latina. Las garras del águila imperial se extienden una vez más, amenazando con estrangular la soberanía de naciones que se atreven a desafiar el dominio unipolar.
El gigante de acero en el Caribe: La amenaza del USS Gerald R. Ford
El 24 de octubre, el Pentágono anunció el redireccionamiento del USS Gerald R. Ford hacia el Caribe, un movimiento que marca una escalada sin precedentes en la región. Este portaaviones nuclear, con capacidad para más de 75 aeronaves –incluyendo cazas F/A-18 Super Hornet y aviones de vigilancia E-2 Hawkeye–, viaja escoltado por destructores, un submarino y miles de marinos. Procedente del Mediterráneo, donde había estado desplegado desde junio, el Ford llegará a aguas venezolanas a principios de noviembre, según estimaciones militares.
El Departamento de Defensa de EE.UU –bajo la dirección de Pete Hegseth– lo justifica como parte de la directiva presidencial para «desmantelar organizaciones criminales transnacionales y contrarrestar el narco-terrorismo». Pero analistas independientes ven más allá: este no es un despliegue contra lanchas rápidas de narcotraficantes, sino una preparación para operaciones terrestres contra el gobierno de Nicolás Maduro. Con más de 10.000 tropas, ocho buques de guerra y aviones F-35 en la zona, la presencia yanqui evoca los fantasmas de invasiones pasadas, como la de Panamá en 1989.
Ataques mortales bajo el manto del narcotráfico
Paralelamente, EE.UU ha intensificado sus ataques letales contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico oriental. Desde principios de septiembre, se han reportado al menos 10 ataques que han dejado 43 muertos, incluyendo el más reciente el 24 de octubre, donde seis personas perecieron en un bombardeo nocturno. El secretario Hegseth ha compartido videos de estos ataques en la red social X, comparando a los carteles con Al Qaeda y afirmando que transportaban «cantidades sustanciales de narcóticos destinados a envenenar a nuestro pueblo».
Sin embargo, expertos en derecho internacional cuestionan la legalidad de estas acciones. Organizaciones como la ONU y juristas independientes las califica como violaciones flagrantes: ¿cómo se justifica ejecutar a presuntos traficantes sin juicio, sin evidencia pública y sin amenaza inminente? El presidente colombiano Gustavo Petro ha denunciado que uno de estos ataques mató a un pescador de su país, llamándolo «asesinato» puro y simple. La mayoría de las muertes por fentanilo en EE.UU provienen de México por tierra, no del Caribe, lo que hace que esta «guerra» parezca un casus belli fabricado.
La retórica tramposa de Trump: De Venezuela a Colombia
Donald Trump no se ha quedado en acciones militares; su lengua afilada ha avivado las llamas. En declaraciones recientes, ha calificado a Maduro como «uno de los mayores narcotraficantes del mundo» y ha ofrecido 50 millones de dólares por su captura. Pero la mira se ha extendido a Colombia: tras las críticas de Petro a los ataques, Trump lo tildó de «líder de drogas ilegal» y amenazó con cortar toda la ayuda estadounidense –que asciende a cientos de millones anuales– e imponer aranceles a las exportaciones colombianas. «No van a salirse con la suya por mucho tiempo», advirtió Trump el 23 de octubre, refiriéndose a los carteles como el «ISIS del Hemisferio Occidental».
Esta escalada retórica no es casual: Colombia, el mayor productor mundial de cocaína, es un aliado clave de Washington, pero Petro ha desafiado el statu quo al promover la paz con las guerrillas y criticar la «guerra contra las drogas». La respuesta de Trump: recortes de fondos y amenazas de intervención directa en territorio colombiano.
Puerto Rico: La plataforma colonial de agresión
En el corazón de esta ofensiva se encuentra Puerto Rico, el enclave colonial estadounidense en el Caribe. La isla, bajo dominio yanqui desde 1898, ha sido convertida en un hub logístico de guerra. EE.UU ha desplegado 10 cazas F-35, drones MQ-9 Reaper y aviones AC-130J Ghostrider armados con misiles Hellfire en bases como el Aeropuerto José Aponte de la Torre y Rafael Hernández. Miles de tropas de apoyo –incluyendo marinos y fuerzas especiales– han llegado para «entrenamientos», pero la escala sugiere preparativos para una posible invasión.
El Movimiento de Independencia Nacional Hostosiano de Puerto Rico ha condenado esta «provocación militar contra Venezuela», recordando cómo la isla ha sido usada históricamente como la «Gibraltar del Caribe» para dominar la región. Activistas boricuas advierten: «Puerto Rico merece paz, no más guerra». Esta reutilización de la colonia como trampolín de agresión no solo viola la soberanía puertorriqueña, sino que acelera el riesgo de un conflicto regional.
La CIA desatada: Acciones secretas para un golpe
El colofón de esta estrategia llegó el 15 de octubre, cuando Trump confirmó públicamente que autorizó a la CIA para llevar a cabo «acciones secretas» en suelo venezolano. Esta directiva clasificada, reportada por The New York Times, permite ataques terrestres y operaciones encubiertas, en coordinación con el operativo militar.
La CIA cuenta con un largo historial intervencionista en América Latina, con golpes de Estado en Guatemala (1954), Chile (1973) y Nicaragua (años 80). Bajo la dirección de John Ratcliffe, el director de la agencia promete ser «más agresivo», y Trump ha evadido preguntas sobre si incluye «eliminar» a Maduro: «Es una pregunta ridícula».
El narcotráfico como pretexto para la intervención
El narcotráfico no es más que un pretexto para allanar el terreno para una posible intervención en Venezuela. Es importante destacar que es el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, que resiste el dominio imperial desde la era de Hugo Chávez. El objetivo parece claro: derrocar a Maduro y reinstaurar un régimen títere que abra las puertas a corporaciones yanquis. El narcotráfico es la coartada perfecta para apoderarse de estos recursos.
América Latina, que ha sufrido siglos de intervencionismo –desde la Doctrina Monroe hasta las dictaduras respaldadas por Washington–, no puede quedarse callada. La sombra del imperialismo se extiende de nuevo sobre el continente. Si Washington cree que puede repetir la historia, debe tener en cuenta que América Latina ya no es su patio trasero y tendrá como respuesta resistencia popular.
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