La sociedad de masas capitalista es incompatible con un turismo sostenible

El sentimiento más extendido entre la población que padece de manera más directa la masificación turística es el hartazgo. 

Por Oriol Sabata | 23/07/2024

Estos últimos meses se vienen produciendo manifestaciones contra la masificación turística en distintos lugares como Barcelona, Palma de Mallorca, Málaga o las Islas Canarias. La población autóctona de estas zonas se está viendo gravemente perjudicada por un modelo de turismo basado, exclusivamente, en el lucro empresarial. Una patronal del sector, que antepone la maximización de beneficios a los derechos de los trabajadores, la tranquilidad de los residentes o la conservación del patrimonio y el medio ambiente.

Frente a esta realidad, algunos gobiernos y administraciones locales están adoptando medidas para mitigar los efectos de la masificación turística. Por ejemplo, el cobro de tasas o la limitación de alquileres de temporada. ¿Pero hasta qué punto es esto suficiente? Lo cierto es que son reacciones que no revierten los efectos perjudiciales de la masificación turística como la gentrificación, la precariedad laboral o la degradación del medio ambiente.

Estamos, entonces, ante un problema estructural que no se soluciona con medidas de maquillaje para calmar los ánimos de los residentes. Hay que ser conscientes de que la sociedad de masas capitalista es incompatible con un modelo de turismo sostenible y respetuoso. Partimos de la base que la propia lógica depredadora del capital imposibilita un modelo racional y planificado que responda a los intereses de la población autóctona y de los trabajadores del sector. Se ha armado todo un entramado que tiene como único objetivo ganar dinero a toda costa y que este se quede en pocas manos: grandes cadenas hoteleras y de apartamentos, cruceros, restauración…

Una de las consecuencias más notables y graves de esta dinámica voraz es la gentrificación, que está provocando que cada vez más vecinos sean expulsados de los barrios más céntricos y turísticos hacia la periferia o directamente hacia otras poblaciones. Las ciudades se convierten en espacios cada vez más exclusivos, con precios desorbitados e inaccesibles para el trabajador medio. Dicho de otra manera, el gran capital turístico se está apoderando de las ciudades, en detrimento de los vecinos y a costa de la explotación de los trabajadores del sector, que a menudo enfrentan contratos de temporada con salarios precarios, largas jornadas laborales, falta de descanso y horas extra no remuneradas. Nos encontramos en definitiva ante un modelo profundamente clasista y que fomenta la desigualdad social, en sintonía con la propia naturaleza del capitalismo.

Otro fenómeno preocupante fruto de la masificación turística es la pérdida gradual de la identidad local. La cultura autóctona se está viendo amenazada por una cultura de consumo de masas impulsiva, individualista y banal controlada por el capital supranacional, que se ha extendido por todo el mundo. Solo basta con viajar por las principales capitales europeas para comprobar que en todas ellas se encuentran los mismos establecimientos comerciales (tiendas de ropa, tecnología, cadenas de restaurantes, etc).

¿Cómo revertir esta situación? Mediante un sistema basado en la planificación social y económica que ponga por delante la soberanía nacional y los intereses de los trabajadores frente a la patronal hostelera y al capital supranacional. Esto pasa, inevitablemente, por medidas de choque más cortoplacistas como la reducción de plazas hoteleras, la prohibición de apartamentos turísticos, el control de horarios comerciales o la supresión de establecimientos 24h. Paralelamente, deberían impulsarse medidas de mayor calado como un control fronterizo estricto y la limitación del número máximo de turistas que pueden entrar al país. Un proceso que debe ir acompañado del fomento del turismo nacional vinculado a la cultura local, así como la recuperación del tejido industrial para rebajar al máximo la histórica dependencia del sector servicios. Solo así podremos poner fin a la masificación turística que tanto daño está generando en las zonas del país con mayor demanda.

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