La Revolución Francesa desde el socialismo español

Eduardo Montagut

En el centenario de la Revolución Francesa El Socialista consideraba muy normal que la burguesía conmemorase el 14 de julio, aún más que el 5 de mayo cuando se abrieron los Estados Generales, porque la toma de la Bastilla simbolizaba el triunfo de esa clase sobre el feudalismo y su asalto al poder. El problema aparecía cuando, según los socialistas, había defensores de la lucha de clases, es decir, partidarios de la emancipación de la clase obrera, que conmemoraban aquel hecho y criticaban a quienes no lo hacían.

Parecía indudable que el triunfo de la burguesía suponía un avance o progreso en la Historia, pero dicha victoria no había buscado favorecer a los trabajadores, ni supuso una mejora de la vida de los obreros, por lo que no era una fiesta propia que hubiese que celebrar.

Que la burguesía consiguiese que el pueblo tomara la Bastilla, para después arrasarla (“odiosa fortaleza y terrible prisión”) no fue porque quisiera inaugurar una nueva etapa de la Historia basada en la igualdad y la justicia, sino vengar a los suyos que habían padecido la represión del absolutismo en aquel verdadero símbolo del feudalismo. Que el pueblo participara en aquel hecho no era motivo para que lo conmemorase porque por esa misma razón tendría que hacerlo en infinidad de efemérides de hechos de luchas en las que el proletariado había combatido a los enemigos de sus enemigos, es decir, los burgueses.

Destruida la Bastilla, aniquilada dicha prisión, la burguesía había levantado unas nuevas, las fábricas, los grandes talleres, las minas, los lugares de trabajo donde los trabajadores sucumbían de repente ante las catástrofes, citando ejemplos de ese momento, o lo hacían más lentamente por el exceso de trabajo o la escasez de alimento. La Bastilla tenía gobernadores sanguinarios, pero las Bastillas capitalistas contaban con encargados y capataces de obra que nada tenían que envidiar a los anteriores.

La toma de la Bastilla, el 14 de julio, no podía considerarse como un acto revolucionario favorable a la clase obrera. Era una efeméride burguesa.

Las fechas que la clase trabajadora debía celebrar eran las que los suyos, “obrando con personalidad propia”, es decir, siendo protagonistas indiscutibles de su propia emancipación, hubieran peleado por la misma. Por eso, los socialistas españoles pusieron tanto empeño en la celebración de la Comuna de París, y por eso, también, no fueron muy partidarios, posteriormente, del centenario del 2 de mayo, y fueron muy críticos con matices en relación con las celebraciones anuales de los republicanos el día de la proclamación de la Primera República, un asunto que hemos tratado en otro lugar.

El Socialista en su habitual sección “La Semana Burguesa”, informó y comentó la velada conmemorativa del 14 de julio que los republicanos federales habían celebrado, y habitual en el tono sarcástico de esta sección se aludía al respetable público que había asistido y los discursos donde se había realizado una gran fe del carácter revolucionario del Partido Federal. No olvidemos, en este sentido, el intenso enfrentamiento del PSOE con los republicanos en la larga primera etapa del socialismo organizado español.

Hemos consultado el número 176 del 19 de julio de 1889 de El Socialista.

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