La política no puede liberar

Puertos 33

El otro día intentaban anularme diciendo que solo hablo desde lo subjetivo, como si los argumentos sin apellidos estuviesen vacios.  Me decían que trato de hacer de mi experiencia un discurso objetivo, que la filosofía no es eso.  Una vez alguien que respeto me dijo una frase que siempre haré mía “Para mí la filosofía es una herramienta para sobrevivir”. En cierto modo, de la misma manera, la política ha sido el refugio de mucha gente. Siempre comento —de manera irónica— la extraña correlación entre el marxista y poeta.

Las ciencias están bien, nos ayudan a comprender la realidad, son útiles. Pero el pensamiento científico nos ha hecho demasiado anglosajones. No en todo discurso esta lo objetivo. Se podría hablar de la rara manía de politizar cualquier rincón, cualquier escenario, e inmediatamente después tendríamos que hablar de las ciencias políticas ¿Qué descubrimos al esquematizar todo?  Incluso nuestra revolución —anarquista, vegana, feminista, comunista…— de cualquier apellido que sea pertenece a un esquema previo. Hoy decía en una conversación: “Creo más en el poeta que en el científico”.

Si Bernabé está en lo cierto en “La trampa de la diversidad” se queda corto al asumir que el obrero es el único sujeto que puede emanciparse. No existe tal sujeto. El capital ya se encuentra en el obrero, no es una relación de opuestos. Lo que muchos comunistas no entienden es la inexistencia de una oposición. Si el capitalismo cae, no será por nosotros. Digamos que somos una síntesis constante, una mezcla sin continuidad. El individuo capitalizado, la libertad prohibida.

Cabria dudar de lo objetivo, de lo “científico”. Decía, más o menos, Boris Vian“No me preocupa la felicidad de todos los hombres, me preocupa la de cada uno de ellos”. Esos discursos aglutinadores, rompedores, se olvidan del sujeto. Las relaciones son inexistentes para ellos, aunque traten de Relaciones. Se olvidan de la historia del hombre para hablar de la Historia del Hombre. Cualquier brecha que se abra tiene que tener como nacimiento la unidad, no el conjunto. Sumarse, no dividirse.

Quizá haya caído contaminado por alguna fiebre liberal, no lo creo –Hasta el liberalismo es aburrido–. La única libertad que ofrece está amputada de humanidad. La política no puede liberar. Más liberal es querer romper con ello. Yo hablo del caer, del derrumbarse. Hablo del rearme, del levantarnos. Mi filosofía solo puede nacer en mí, aunque tenga otras voces. Desconozco lo general y me parecería gracioso encontrarme con alguien que lo conociese. Quien tiene mil voces no sabe hablar, quien necesita un referente solo tiene un dogma. Rilke  diría en sus cartas: “Si tienes algo que contar, si crees que tiene que ser dicho, dilo. No creas a la crítica, no creas a los críticos”.  

Lejos de ofenderme, cuando me dijeron eso un orgullo apareció. También pena, también compasión. Dañan las personas sin voz, la repetición. Mi relación con el comunismo es la relación del exmilitante. La relación de quien ha querido y, a veces, quiere. Me contagia su ilusión, el marxismo reinante, pero me aburre la militancia. No podría obedecer a quien no obedece, no podría obedecer a quien quiere mandar. Desconfió de las estructuras, de lo sistémico. Lo que nace dentro esta corrupto, y al margen, aun no ha surgido nada.

El sujeto revolucionario ha cambiado, ya no es opuesto. Habita en el capital, no con el capital. La metrópoli no es una ciudad por venir, es un lugar más allá de la ciudad. Los espacios autogestionados, las cooperativas, han absorbido las contradicciones del capital, no hay esperanza desde dentro. El sistema no se está construyendo, está construido. Cualquier institución que nazca ahora, será sistémica. Luchamos contra cualquier estado, no contra el Estado. Algunas voces —con acento francés sobre todo—  defienden la revolución como fin.

El comunista tendría que reivindicar la comunidad. Abolir la institución, amar lo común. Un militante no entiende de literatura, no entiende de filosofía. Cambiar el mundo es abandonarlo, no destruirlo. Si las contradicciones son infinitas, la superación es improbable. Recuperar el soviet, no por lo estratégico, por lo genérico. Volver al rincón donde nada puede ocurrir. No ser, frente al ser clandestino.

Hay un libro no muy antiguo cuyo título es 24/7 que habla de este nuevo capital. El sistema no es contenido, no es tesis o antítesis, el capital es síntesis. Ciudad y campo son metrópoli. Tiempo libre u ocupado es productivo. Cada paso de la joven progresía hacia la politización de los espacios es una capitalización de la vida. El trabajador es capital humano. Trabajar en lo que te gusta no es trabajar, es prostitución. Decidir la esclavitud porque el salario no importa. La aptitud frente a la remuneración.

Descapitalizarse es abandonar lo metropolitano. Habitar el tiempo, esconderse en él. Hablo más de sentir que de hacer. Ocupar lo productivo, no producir. Hablar de tiempo, de un infinito contingente. Lo descapitalizado no entiende de tiempo. Personificar la revolución, los rincones. Recuperar la historia de cada uno. Voces, no voz. La libertad de no poseer.

En la militancia, en la sororidad, hay propiedad. Mi defensa por lo no poseído. Lo común como fin, lo marginal como medio —también en el lenguaje perdemos—. Lo subjetivo como ruptura. Salvarnos a través de la huida. Abogo por una retirada, dejar la batalla. Destruir la competencia de la dialéctica. Solo quien no participe podrá salvarse. Luchar es permitir, reconocer. Luchar es aceptar, señalar. No hablo de la lucha del silencio, hablo del no luchar. Habitar nuestro cuerpo, no nuestra esperanza.

Defender los accidentes nos obliga a comprender lo descentralizado.  “Desterrarnos a la tierra natal”,  que diría Beckett. Sentir es comprender lo atemporal de nosotros. Cualquier esquema nos mata, nos destruye. Solo de la necesidad nace la acción. Escuchar al estomago dejar al instinto libre. No comprender las emociones, no conducirlas. Una organización que no puede ocurrir aquí, que viene desde fuera. No apoyar ninguna estructura de poder, porque no queremos ningún poder.

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