La perla de Carla (Fariña, bragas y el cambio de hora)

Por Manuel del Pino

Carla vive en una ciudad de provincias de Hispania. Tiene un precario trabajo convencional, aunque sueña con ser modelo, actriz o escritora… si bien se le empieza a pasar el arroz debido a la interminable crisis. Roza los treinta años y ha aprendido cosas de la vida, de ésas que no vienen en los cuentos ni en los libros.

Es una joven de barrio corriente y a la vez peculiar. Una “detective” como cualquiera podría serlo e identificarse con ella: va atando cabos de su sociedad y su época, entre crítica y con humor, en clave de parodia. Esas lecciones que da la vida gratis, o quizá caras.

Carla es lucida, aguda e irónica. Siente desdén por la injusticia y ternura por los desgraciados de la vida, defiende a los trabajadores honrados y sufridos.

 

 

 

 

 

FARIÑA.

Es curioso el éxito que tiene la serie “Fariña”, basada en la novela “Fariña”.

Se diría que algunos jóvenes prefieren dedicarse a la fariña más que a los libros, como si pasarse la vida estudiando no fuese algo rentable de futuro en Hispania.

Una vez, Víctor Lince me propuso hacerme contrabandista de tabaco: Ganar dinero abundante, rápido y fácil. Le dije que no.

Otra vez, Lince me propuso una fiestecita particular con fariña en mi piso. Le dije que no: Lo que quería era enfariñarme.

Me llamó sosa. Pocas semanas después, le detuvieron y volvió al trullo.

 

BRAGAS.

Cada semana pongo una lavadora con mis toallas, mis vestidos, mis camisas, mis pantalones, mis faldas y mis bragas.

Luego las tiendo en mi trozo de azotea en el bloque de vecinos. Y luego las recojo, mientras observo los alambres de las demás vecinas.

Y observo que en los alambres de las demás vecinas hay toallas, vestidos, camisas, pantalones y faldas, pero NUNCA hay bragas.

Y pienso: ¿por qué en los alambres de las vecinas NUNCA hay bragas?

Y deduzco, pues sólo hay una solución posible al misterio:

Ninguna de mis vecinas usa bragas.

 

CAMBIO DE HORA.

Me encanta el cambio de hora, dos veces al año en todos los relojes de todos los ciudadanos, para ahorrar energía, por orden de Europa.

Europa. Otra estafa. Hasta el tiempo nos estafan. Todo muy democrático.

Ninguno de los que trastorna ese cambio de hora lo han votado: Niños, mayores, enfermos, estudiantes, trabajadores, embarazadas, madres…

Si tan necesario es ese cambio de hora, dos veces al año para ahorrar energía, ¿por qué no cambiamos de hora todos los relojes dos veces al día? Así será mucho más efectivo.

Lo del cambio de hora me deja tranquila: En Europa también cuecen habas.

 


Anteriores reflexiones de Carla:

La perla de Carla (Drag, Pensiones, Mantero y Lluvia)

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