La operación militar de EE.UU en el Caribe: una nueva violación de la soberanía bajo la excusa del narcotráfico

Estados Unidos recurre de nuevo a la ‘guerra contra las drogas’ como justificación para acciones militares que, en realidad, persiguen objetivos geopolíticos y económicos.

Por Fernando Ariza | 14/11/2025

El gobierno de Estados Unidos ha anunciado el despliegue de una operación militar en el Caribe, justificándola bajo el eterno pretexto de la «lucha contra el narcotráfico». Buques de guerra, aviones de vigilancia y fuerzas especiales se movilizan en aguas internacionales cercanas a naciones como Venezuela, Colombia y varias islas caribeñas, supuestamente para interceptar rutas de drogas. Sin embargo, la historia de intervenciones estadounidenses en América Latina muestra una verdad incómoda: este argumento ha sido una cortina de humo recurrente para violar soberanías, derrocar gobiernos incómodos y saquear recursos. No es la primera vez, y probablemente no será la última. Esta operación no es más que el enésimo capítulo de un manual imperialista que data de más de un siglo.

Narcotráfico como excusa para la dominación

Estados Unidos ha perfeccionado el arte de usar la «guerra contra las drogas» como justificación para acciones militares que, en realidad, persiguen objetivos geopolíticos y económicos. La actual operación en el Caribe evoca inmediatamente la Operación Martillo (2012-actualidad), un despliegue naval en el Pacífico y Caribe que, bajo el mando del Comando Sur (SOUTHCOM), ha involucrado a múltiples países latinoamericanos en «esfuerzos conjuntos».

La historia no miente. Desde la década de 1980, con la declaración de la «Guerra contra las Drogas» por Ronald Reagan, EE.UU. ha invertido miles de millones en intervenciones que han dejado un rastro de destrucción. En Panamá (1989), la invasión para capturar a Manuel Noriega —acusado de narcotráfico— resultó en la muerte de miles de civiles, la destrucción de barrios enteros en Ciudad de Panamá y la imposición de un gobierno títere. Noriega, exaliado de la CIA, se convirtió en chivo expiatorio cuando ya no servía a los intereses estadounidenses. ¿Resultado? EE.UU. consolidó su control sobre el Canal de Panamá y eliminó un obstáculo a su hegemonía regional.

Otro ejemplo paradigmático es el Plan Colombia (2000-2016), un paquete de «ayuda» estadounidense de más de 10 mil millones de dólares, mayoritariamente militar. Oficialmente, para combatir carteles como el de Medellín y las FARC a través de fumigaciones con glifosato y entrenamiento de tropas. En la práctica, sirvió para militarizar el país. EE.UU. estableció bases militares y operativos de la DEA que operaban con impunidad, violando la soberanía colombiana.

Bajo este plan se llevaron a cabo desplazamientos masivos. Las fumigaciones destruyeron cultivos legales, desplazando a millones de campesinos y enriqueciendo a paramilitares aliados de Washington. Hubo una intervención política en la que se apoyaron a gobiernos alineados con EE.UU., ignorando masacres como la de los falsos positivos (miles de civiles asesinados por el ejército colombiano y presentados como guerrilleros). Hoy, Colombia sigue siendo un narcoestado con récord de producción de cocaína, según informes de la ONU. El Plan no erradicó las drogas; las desplazó y fortaleció el control estadounidense sobre recursos como el petróleo y el oro.

En México, la Iniciativa Mérida (2008-actualidad) repite el patrón: miles de millones en equipo militar para «combatir carteles». Resultado: más de 300.000 muertos, desapariciones forzadas y una guerra interna que ha debilitado al Estado mexicano. La DEA opera como un estado paralelo, con agentes involucrados en escándalos como el de «Rápido y Furioso» (venta de armas a carteles por parte de ATF estadounidense).

En el Caribe, operaciones como Carib Shield o las actuales anunciadas evocan la invasión de Granada (1983): Reagan justificó el bombardeo y ocupación de la isla con «amenazas narcoterroristas» y un supuesto aeropuerto soviético. En realidad, era para derrocar un gobierno izquierdista y enviar un mensaje a Cuba y Nicaragua. Miles de tropas estadounidenses invadieron una nación soberana de 100.000 habitantes, matando a decenas y estableciendo un régimen pro-EE.UU.

Venezuela y el actual despliegue

La operación actual se centra en aguas cercanas a Venezuela, un país sancionado y demonizado por Washington. Las acusaciones de que Caracas es un «narcoestado» provienen de las mismas agencias que fabricaron pruebas para invadir Irak. Estados Unidos tiene un largo historial de intervenciones. Por ejemplo, en Honduras en 2009, con el Golpe apoyado contra Zelaya, usando bases como Soto Cano para operaciones antidrogas que encubrían represión. En Haití, en 1994 y 2004, se llevaron a cabo intervenciones «humanitarias» con el pretexto de acabar con la inestabilidad ligada a las drogas. El resultado fueron ocupaciones que beneficiaron a corporaciones estadounidenses.

Esta vez, el despliegue incluye portaaviones como el USS George Washington y drones de vigilancia. El objetivo real es presionar a gobiernos antiimperialistas, controlar rutas marítimas y recursos como el petróleo venezolano o el litio en la región.

Estas intervenciones no combaten el narcotráfico —EE.UU. sigue siendo el mayor consumidor mundial de drogas, con una crisis de opioides que mata a 100.000 al año—. En cambio, violan el derecho internacional e ignoran la Carta de la OEA y la ONU, que prohíben intervenciones unilaterales. Además, fomentan inestabilidad y enriquecen a las élites con contratos militares que benefician a empresas como Lockheed Martin y Blackwater (ahora Academi).

La historia demuestra que cada «operación antidrogas» termina en bases permanentes estadounidenses (como en Colombia o Honduras) y gobiernos vasallos. Países como México, Venezuela y Cuba deben rechazar esta agresión uniendo fuerzas en foros como la CELAC. La verdadera lucha contra las drogas requiere de planes soberanos, desarrollo rural y atacar el consumo en EE.UU., no invasiones ni operaciones militares foráneas. Esta operación en el Caribe es una nueva ofensiva imperialista. Latinoamérica ha sufrido suficiente: desde la Doctrina Monroe hasta hoy, EE.UU. ve la región como su patio trasero.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.