La nación clandestina

Por Daniel Seixo

"No es lo mismo hablar de revolución democrática que de democracia revolucionaria. El primer concepto tiene un freno conservador; el segundo es liberador"
Hugo Chávez
«La revolución no tiene términos medios: o triunfa plenamente o fracasa.«
Fidel Castro

Resultado de imagen de evo moralesA estas horas Evo Morales se encuentra sitiado por el enésimo golpe militar en Latinoamérica. De nada sirvieron los elogios de la revista Forbes, los 13 años de gobierno, la construcción de más de 1061 nuevos establecimientos de salud, 1.206 unidades educativas o el 4.7 de crecimiento en el salario de los bolivianos. De nada sirvió tampoco que Bolivia se convirtiese en el país suramericano que más incrementó su Producto Interno Bruto (PIB) durante 2018, llegando al 4,2 por ciento.  Frente a una derecha golpista, una policía corrupta y vende patrias y un ejercito genocida, los logros sociales y el dictamen popular se demostraron una vez más insuficientes.

Mientras escribo estas líneas, las casas de los líderes del Movimiento al Socialismo son asaltadas por hordas derechistas que tampoco han dudado a la hora de señalar o directamente quemar y saquear las casas de todo aquel militante de base del partido del presidente Evo Morales. Ya nada importa quien ha salido vencedor en los comicios, ni el sentido del voto popular podría cambiar nada… La OEA decidió entregar una cabeza más al imperio y al tiempo que Bolivia se aboca al infierno arrastrada por quienes no tienen más patria que el dólar, son cientos de miles los activistas, políticos y proletarios que deciden quemar sus móviles y huir para intentar escapar de una represión muy similar a la de Chile en 1973 o Argentina en 1976. Este no es continente para pacifistas, lo digo como lo siento y lo siento porque la realidad, lastimosamente, me ha mostrado que la única defensa contra un vecino psicópata, es la asimilación popular de todos los resortes del estado, incluido irremediablemente el policial y especialmente el militar.

Bolivia sufre en estos momentos un mero refrito de lo que tantas veces se ha intentado en Venezuela

Quiso Evo Morales gobernar Bolivia con la razón y la solidaridad, olvidando quizás por inocencia o temeridad que hace mucho ya que grandes amigos y compañeros de políticos sufrieron la pegada incontestable de la realidad del Imperio Estadounidense, ese mismo que financió a las contras, los paramilitares, los medios de comunicación, los jueces e incluso los organismos internacionales que una y otra vez han golpeado sin piedad, remordimiento o razón ética o política alguna a cualquier gobierno mínimamente progresista en la región. Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Lula da Silva,  Jean-Bertrand Aristide, Manuel Zelaya, Fernando Lugo… Los ejemplos son muchos y muy clarificantes acerca de la estrategia a seguir en la región, pero todavía hoy, nos negamos a verlo.

Bolivia sufre en estos momentos un mero refrito de lo que tantas veces se ha intentado en Venezuela. Con sus particularidades derivadas del carácter nacional y personal de sus protagonistas, la aventura política de Evo Morales se enfrenta a una situación en la que una batalla judicial y política remata finalmente en un pulso clásico: el de la fuerza.

Nos hablarán de sospechosas demoras en la difusión del escrutinio provisorio aquellos que nunca aceptarán observación internacional alguna de un sistema electoral negado a miles de ciudadanos afroamericanos y con pucherazos reconocidos, nos dirán que ha existido un pucherazo obvio quienes nunca han gozado de un apoyo popular mayoritario en el país y tras iniciar violentos desordenes públicos en Potosí, uno de los sectores más ricos y desiguales de Bolivia, esos mismos actores alentarán el fuego hasta que apoyados por la impotencia de un gobierno siempre bajo la lupa de una comunidad internacional agresiva y unas fuerzas armadas en equilibrio tambaleante, no quede otro remedio para evitar el baño de sangre, que ceder a sus chantajes.

De nada servirá que el Tribunal Supremo Electoral formalice la firma del resultado de las elecciones, ni el llamado del pueblo a respetar los resultados. Para la derecha, ni las instituciones, ni el país, ni el pueblo valen nada si no pueden dominarlo. Los motines policiales darán paso a la amenaza silenciosa a modo de equidistancia del ejército y la zancadilla final de la OEA, mientras mira para otro lado en Brasil, Honduras, Chile o Ecuador, dejará al gobierno de Morales al pie de los caballos…

La única defensa contra un vecino psicópata, es la asimilación popular de todos los resortes del estado, incluido irremediablemente el policial y especialmente el militar

No queda otra que resistir y aferrarse a un mandato legítimo esperando las acusaciones de tirano y la justificación del golpe de estado o enfrentarse de nuevo a las urnas. Morales decide quizás inteligentemente lo segundo, pero al contrario que la izquierda, la derecha sí ha aprendido de la experiencia venezolana y no piensa enfrentarse a las urnas ante un pueblo embravecido y dispuesto a defender lo conquistado. El ejercito amenaza abiertamente al presidente y los acontecimientos se precipitan, Evo renuncia, la cacería de disidentes comienza y los militares celebran en las calles la vuelta al poder de la burguesía y la reposición del orden natural de las cosas: los indios en la calle, los señoritos en las aceras y la corrupción en los cuarteles.

A estas horas todo está en el aire, pero mientras numerosos ejércitos de bots diseñados para moldear a la opinión pública aportan el toque novedoso al golpe en las redes sociales y en todas aquellas conversaciones que versen sobre Bolivia, en las calles del país andino, la represión sigue cauces mucho más tradicionales, listas negras, calles rojas, gritos sordos…

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