La mierda que nos han impuesto

Por José Antonio Martín Acosta

Y el mundo se movía a su alrededor
Como acelerado
Prisa en los vertederos
Prisa en los telediarios
Prisa en las ejecuciones
Todo tan sumario como atractivo
Todo tan extraño como anunciado
Y el mundo al fin se miró al espejo
Y lloró
Una lluvia ácida
Parecida a un llanto celestial
Las cabezas desfilaban
Fuera de sus cuerpos
Los pensamientos seguían edificando
Un mundo de excrementos y pústulas negras
Los hombres se metían en sus féretros
Y sus intenciones cotidianas
Seguían bailando la danza fúnebre
De su obtusa vida
Ni cantar podían mientras morían
Ni sonreír podían mientras fenecían
Ni amar podían mientras anunciaban su muerte
Solo el ansia continua
De devoción a sus amos
El trabajo del disgusto
La acción sin sentimiento
El mundo no debía pararse
Aunque ellos murieran
Los relojes seguían sonando a las seis
Y millones de muertos se levantaban
Para enterrar su desdicha
Con un borrón en sus cuadernos
Así se acaba el mundo
Con esa sensación de que la muerte
No será suficiente
Para dejar de lado
Toda la mierda que nos han impuesto.

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