La lucha contra el machismo: una cuestión de clase

Al machismo, como una lacra más de este sistema, se le combate con organización, luchando codo a codo como mujeres de una misma clase, con objetivos comunes.

Al machismo no se le combate sentado desde el sillón de un ministerio escribiendo en diferentes redes sociales: al machismo, como una lacra más de este sistema, se le combate con organización.

Por Cristina Vitores

Al escribir estas líneas, en España ya van asesinadas, oficialmente, 30 mujeres. Más de 1100 mujeres desde el año 2003 (año en el que empezó el recuento). Muchas de ellas dejan menores huérfanos y, por supuesto, familias enteras destrozadas.

Y son las mujeres de la clase obrera las que más sufren esta lacra. Decir que el machismo afecta de la misma manera a las trabajadoras que a las que pertenecen a la burguesía es una falacia. Porque no es el mismo contexto, ni las mismas condiciones, ni los mismos recursos.

Son las mujeres trabajadoras las que, en una situación de maltrato, tienen problemas para irse de su casa y rehacer su vida en otro lugar. Las que tienen miedo a denunciar porque se quedan sin nada al ser, en muchas ocasiones, económicamente dependientes. Son las mujeres de la clase obrera las que tienen una mayor carga de las tareas reproductivas y de cuidados.

Y esta situación hay que contraponerla a la realidad de las mujeres de la burguesía, de aquellas que nos explotan. Porque son ellas las que generan nuestra dependencia económica con trabajos precarios, temporales y salarios de miseria. Porque son ellas las que se benefician de la privatización de los servicios públicos y del cierre de toda una red de apoyo a las mujeres que sufren maltrato y a sus hijos e hijas.

Ante esto la Ministra de Igualdad, Irene Montero, siempre tiene la misma solución: apostar por las instituciones, aquellas que abandonan a las mujeres maltratadas, y por una Ley, como es la Ley Integral contra la Violencia de Género, que ya se ha demostrado más de una vez ineficaz e insuficiente.

Ninguna ley dentro de la democracia burguesa, por muy progresista que digan que es, responde a los intereses de la clase obrera. Y si hablamos de igualdad entre los sexos, queda más que claro que este sistema es completamente ajeno a ello. Clara Zetkin, acerca de la democracia burguesa, dejó escrito que “Aunque las mujeres consiguieran la igualdad política, nada cambia en las relaciones de fuerza”. Naturalmente, es lo que sigue pasando. ¿Desde cuándo la clase que nos oprime y explota ha hecho algo a favor de los intereses de los trabajadores y las trabajadoras? Porque recordemos que si aquellos que gestionan el capitalismo sacan adelante alguna ley de carácter “progresista” es porque a ellos les sale rentable y les beneficia. Legislan por y para sus intereses, que debemos dejar claro, una vez más, que no son los de la clase trabajadora.

Y es por esto por lo que a las trabajadoras no nos queda otra que seguir luchando contra la violencia machista defendiendo nuestros intereses, que son aquellos que aspiran a una nueva sociedad.

Al machismo no se le combate sentado desde el sillón de un ministerio escribiendo en diferentes redes sociales. Al machismo, como una lacra más de este sistema, se le combate con organización, luchando codo a codo como mujeres de una misma clase, con objetivos comunes. Peleando allí donde vivimos, donde trabajamos, donde estudiamos, con ahínco, contra cualquier expresión machista que nos podamos encontrar junto a nuestros compañeros. Y solo nosotras, como trabajadoras organizadas, podremos erradicar el machismo de raíz, acabando con el sistema que lo sustenta.

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