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La huelga general, la primera desde los tiempos de la Troika, fue convocada por las dos centrales sindicales, CGTP y UGT, lo que solo ha ocurrido en la mitad de las diez huelgas generales celebradas desde el fin de la dictadura.
Por Jorge Costa | 13/12/2025
Celebrada los días 29 y 30 de noviembre, la XIV Convención del Bloque de Izquierda tuvo lugar en un momento crítico: pocos días antes de la huelga general del 11 de diciembre contra la nueva ley laboral; tras unas elecciones parlamentarias y municipales con resultados mediocres para los partidos de izquierda, y a menos de dos meses de unas elecciones presidenciales que reflejan la actual hegemonía de la derecha.
La huelga general, la primera desde los tiempos de la Troika, fue convocada por las dos centrales sindicales, CGTP y UGT, lo que solo ha ocurrido en la mitad de las diez huelgas generales celebradas desde el fin de la dictadura. A pesar del actual aislamiento de la izquierda, la simple afirmación de la iniciativa del movimiento sindical permitió cambiar los términos del debate público. Se puso de manifiesto el proceso de regresión social liderado por la derecha y camuflado bajo el ruido ensordecedor de las campañas de odio y mentiras que monopolizan el espacio público.
La brutalidad del paquete laboral revela un gobierno minoritario e inestable, que pretende hacer todo el daño a la vez y lo antes posible, mientras dura la oportunidad de precarizar de forma permanente la posición del trabajo en la relación de fuerzas sociales. En este contexto, la huelga general fue un éxito de participación, no solo en el sector estatal: servicios mínimos en el transporte aéreo, paro en Volkswagen, Mitsubishi Fuso y también en los sectores del comercio o la industria. Según la CGTP, más de tres millones de trabajadores se sumaron a la lucha. La manifestación en Lisboa reunió, a pesar de la ausencia casi total de transportes, a muchos miles de personas, en su gran mayoría trabajadoras y trabajadores jóvenes y no sindicados, pero que marcaron su presencia.
La huelga general supone un éxito político: su convocatoria, tras 12 años y de forma unitaria, ha creado conciencia de masas sobre la gravedad de la ofensiva y ha dificultado la composición de una mayoría parlamentaria PSD-Chega para la aprobación del paquete legislativo. Solo las y los empresarios muestran entusiasmo por las nuevas leyes; en las encuestas, dos tercios de las personas encuestadas que responden declaran estar de acuerdo con los motivos de la huelga; ninguno de los candidatos presidenciales de la derecha se atreve a apoyar abiertamente la contrarreforma; sindicalistas afines al partido del gobierno participaron en la huelga general y, ese mismo día, el intento del gobierno de calificar la huelga de insignificante cayó en el ridículo. El líder de los neofascistas, que durante semanas atacó a los sindicatos y defendió las nuevas leyes, ahora declara comprender las razones de las y los huelguistas y habla de retirar algunos elementos absurdosde la propuesta del Gobierno. Veremos qué precio político está dispuesto a pagar André Ventura para complacer a la burguesía con su voto parlamentario.
El annus horribilis de 2025
Con la izquierda en su peor resultado histórico y el PS superado por los neofascistas, nada más salir de las elecciones parlamentarias del pasado mes de mayo (leer balance aquí), la nueva dirección socialista dejó claro que está dispuesta a garantizar la aprobación de los presupuestos estatales del Gobierno de Montenegro. Esto, al mismo tiempo que las contrarreformas de la derecha se van aprobando por acuerdo con Chega. Más adelante volveremos a la situación política actual.
En las elecciones municipales de octubre, el giro hacia la derecha se acentuó, con la conquista por parte de la derecha de las ciudades más grandes. El PCP, con una importante tradición municipal, perdió un tercio de sus representantes electos y las dos capitales de distrito que aún gobernaba. El Bloco y Livre, coaligados en una veintena de ciudades importantes, obtuvieron resultados flojos, aún peores cuando se presentaron por separado.
En cuanto a las presidenciales, las encuestas dan ventaja a dos candidatos de derecha (Marques Mendes y Gouveia e Melo) y al líder de la extrema derecha (André Ventura), todos ellos en torno al 20 %. El candidato apoyado por el PS –una figura muy a la derecha del partido– aparece alejado de la disputa de la segunda vuelta y al nivel del candidato ultraliberal (10 %). La candidatura de la ex coordinadora del Bloque, Catarina Martins, ronda el 5 %, seguida de las del PCP y de Livre. Así, la derecha portuguesa podría consolidar su hegemonía en 2026, controlando el Gobierno, la presidencia y, por primera vez en la historia, una mayoría parlamentaria superior a dos tercios, capaz de aprobar reformas constitucionales sin el Partido Socialista ni ningún otro partido de izquierda.
Un partido que se replantea en nuevas circunstancias
A pesar de una menor participación militante que refleja este ciclo de retrocesos, la Convención del Bloque fue un momento de respiro y de encuentro del Bloque con su pluralidad. Se votaron cuatro mociones políticas en el XIV Congreso y en la Mesa Nacional elegida estarán representadas las mociones A (65 electos), S (8), H (4) y B (3). Para la moción A, el Bloque “debe ser un motor de convergencias, al tiempo que reivindica el espacio político que solo él ocupa y desde el que puede crecer: fidelidad a las clases explotadas y una estrategia para expandir sus movimientos; un compromiso con el pluralismo y la convergencia como fundamento de la construcción del partido socialista; internacionalismo contra todos los imperios y oligarcas”. José Manuel Pureza, de 66 años, profesor universitario y exdiputado, sucede a Mariana Mortágua, quien decidió no volver a presentarse,como coordinadora nacional. En los últimos años, Pureza ha sido la cara visible de la lucha por el derecho a la muerte asistida y ha participado en iniciativas de diálogo entre marxistas y cristianos.
Además del diagnóstico político, la Convención llevó a cabo una amplia renovación y rejuvenecimiento de los órganos de dirección –Mesa Nacional y Comisión Política–, cuya composición incluye un 50 % de nuevos miembros. El debate de la Convención también estuvo marcado por los temas de la organización del partido y la necesidad de intensificar la regularidad, la autonomía y la participación en la vida democrática del Bloque. Lo que decide la vida política es la creación de organismos de base y colectivos de trabajo militante, comunidades de reflexión y acción.
Cinco temas sobre la situación en Portugal
1. El Gobierno del PSD y la mayoría parlamentaria PSD/Iniciativa Liberal/Chega están llevando a cabo una agresión social en materia de trabajo, inmigración y vivienda. Y el primer ministro Luís Montenegro consigue la hazaña de que el PS normalice el proceso, convirtiendo el presupuesto del Estado en un producto del bloque central. El caso es extraño: Montenegro articula así una base parlamentaria del 95 % de los diputados. Asistimos a la descomposición de la política tradicional, lo que no sería una mala noticia si esta descomposición no estuviera liderada por la oligarquía: el centro es arrastrado por la derecha y ambos siguen la estela de Chega.
2. La debilidad de la izquierda es el resultado de la geringonça, los acuerdos entre el PS, el Bloco y el PCP firmados en 2015 y que estuvieron vigentes hasta 2019. De ese período, lo que quedó grabado en la conciencia popular no fueron los avances reales logrados, ni las razones del Bloco después de 2019, el voto en contra de los presupuestos del PS, ni la crisis orquestada entre Costa y Marcelo para fabricar una mayoría absoluta. Lo que quedó grabado fue el gobierno del PS a partir de 2019, un poscovid conducido por gobernantes mediocres, que dejaron en las arcas del Estado el dinero que faltaba en sanidad, política de vivienda o condiciones laborales.
La imagen de la izquierda, incluso después de la geringonça, siguió pegada al mal gobierno de 2019-2022 y a la mayoría absoluta. No tuvimos fuerzas para evitar ese pegado. Y eso no habría cambiado, ni cambiará, solo con palabras. Cambiará cuando logremos interpretar la revuelta, tener iniciativa y nuevos protagonismos en la lucha. Sin eso, nada será fácil en el futuro para ningún partido de izquierda.
3. Las dificultades de los partidos no significan que sea imposible levantar luchas. La izquierda italiana lleva dos décadas hecha pedazos, pero hizo una huelga general de millones por Palestina. Aquí estamos en vísperas de otra huelga general, un momento crítico para cambiar el ambiente político. E incluso en un año tan malo como 2025, ha habido señales muy importantes: la mayor manifestación de trabajadores inmigrantes de la última década, la entrada en escena de la juventud negra de los suburbios de Lisboa, la ampliación de la solidaridad con Palestina en los días de la flotilla. En estas luchas, la izquierda se hace más grande y rompe el aislamiento, disputa los temas del debate público a través de la movilización concreta. Es aquí donde también respira el Bloque.
4. No son las dificultades de los partidos las que dictan la necesidad de la convergencia. Lo que hoy impone la convergencia es la necesidad de afrontar el atolladero: tenemos un gobierno aliado con los neofascistas y sostenido por el PS. En las luchas por los servicios públicos y la vivienda, por el trabajo y contra la fascistización de la vida social, es necesario identificar las líneas en las que hacer frente. Pensemos entonces en la política de los movimientos, animemos la presencia de los militantes, abramos todos los canales de diálogo.
5. Hagamos los cálculos que todo el mundo ya ha aprendido a hacer: en vehículos electorales separados, la izquierda ofrece concejales y diputados a Chega y contribuye a que el pantano se desborde y eleve a los neofascistas a la primera fuerza política, como ya ocurre en varios países de Europa. El Bloque tiene su espacio social, que proviene de la diferencia de su política y su programa, de su visión del mundo y de su cultura partidaria. Todo ello, como bien sabemos, nos distingue radicalmente de partidos como Livre o el PCP. Estas diferencias son tan importantes como la necesidad real de converger en las luchas y ofrecer al pueblo una alternativa electoral en torno a lo que la izquierda tiene en común. Un polo que impida la reducción de la democracia a los juegos de poder entre Luís Montenegro y sus dos socios, Chega y el PS.
Jorge Costa forma parte de la Mesa Nacional del Bloco d’Esquerda.
Este artículo fue publicado originalmente en Viento Sur.
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