La hipocresía de la élite capitalista con la cuestión climática: cada vez hay más jets privados

A pesar del discurso oficialista, el depredador modo de producción capitalista y su clase dominante son incompatibles con la sostenibilidad del planeta.

Por Redacción NR | 15/11/2024

Desde el 11 al 22 de noviembre se celebra en Bakú, Azerbaiyán, la cumbre climática COP29. Un evento que esconde una gran hipocresía: mientras líderes mundiales hacen llamamientos a tomar medidas para garantizar la sostenibilidad del planeta, el gran capital está aumentando considerablemente el uso de jets privados para desplazarse por el mundo.

Un estudio de Nature Communications Earth & Environment alerta que ‘los superricos del mundo han empezado a utilizar jets privados como quien utiliza taxis’, un hecho que ha disparado las emisiones. Precisamente para asistir a la cumbre climática de la ONU, muchos de ellos tomaron sus aviones privados.

En medio de esta campaña por el clima, que ya ocupa la agenda de buena parte de los gobiernos de los países desarrollados, en tan solo 5 años, (de 2019 a 2023), las emisiones de dióxido de carbono de los aviones privados han aumentado un 46 por ciento. Un dato contundente que demuestra la hipocresía de la élite capitalista, que exige sacrificios a la clase trabajadora mientras mantiene un estilo de vida consumista y depredador.

Durante estos últimos 5 años, los casi 26.000 aviones propiedad de personas ricas emitieron más de 15 millones de toneladas de dióxido de carbono. Lo más curioso de todo es que la mayoría de trayectos suelen ser relativamente cortos. Casi la mitad de los viajes fueron de menos de 50 millas y casi el 20 por ciento fueron de menos de 20 millas. Así, los propietarios de aviones privados los usan como quien pide un taxi.

El estudio señala que ‘los esfuerzos de mitigación del cambio climático global se ven obstaculizados por el crecimiento de sectores económicos individuales y la intensidad energética de los patrones de consumo de los grupos de población adinerados’. Los datos que se arrojan de este análisis son muy claros: las emisiones globales siguen creciendo y dicho crecimiento es impulsado por los más ricos. Una información que desmonta el relato oficialista que aboga por un esfuerzo y sacrificios conjuntos de la sociedad para lograr la sostenibilidad ecológica. La realidad es que la burguesía no solo sostiene un ritmo de vida de puro derroche a costa de la explotación de la clase trabajadora, sino que le exige a esta última que renuncie a cuestiones materiales para una supuesta salvación del planeta. Una hipocresía que demuestra, una vez más, que el capitalismo atenta contra los intereses de los trabajadores y el bienestar del mundo.

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