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Glenn Diesen sostiene que la guerra en Ucrania es una guerra proxy, una guerra por delegación en la que Estados Unidos y sus aliados han usado al pueblo ucraniano como carne de cañón para desgastar a Rusia.
Por Dani Seixo | 24/04/2025
La guerra de Ucrania y el orden mundial euroasiático, del académico noruego Glenn Diesen, oportunamente publicado por Akal, supone una obra clave para entender el acelerado colapso del orden mundial hegemonizado por Occidente y el surgimiento de una alternativa multipolar impulsada por el llamado Sur Global. A través de sus páginas el autor no se limita a analizar la guerra en Ucrania como un conflicto aislado, anclado en las apetencias de seres individuales, sino que la enmarca coherentemente como el síntoma más visible del fin de quinientos años de supremacía occidental y del agotamiento del imperialismo liberal, ese que hasta ahora lograba imponer sus reglas con el disfraz de la democracia y los derechos humanos. Diesen escribe con claridad y contundencia: «no estamos ante una simple crisis geopolítica, sino ante el derrumbe de un sistema de dominación global que ya no puede sostenerse sin violencia, sanciones y guerras por delegación.»
El libro centra su principal foco en la denuncia del papel histórico de la OTAN como instrumento de agresión, no de defensa. Lejos de buscar la estabilidad, su expansión hacia el este desmanteló los equilibrios regionales y provocó irremediablemente el conflicto que en nuestros tiempos asola Ucrania. La promesa verbal de no ampliar la alianza hacia las fronteras rusas tras la caída de la URSS fue violada sistemáticamente y, tras ello, en los años 90 las élites estadounidenses incluso se permitieron el lujo de burlarse del pueblo ruso, llegando a sugerirle con sumo sarcasmo que se aliara con Pekín y Teherán. Mostrando de este modo un desprecio absoluto hacia la sensibilidad geopolítica de un país que acababa de perder su estatus de superpotencia y cimentando las bases para la realidad que terminaría por renacer entre las cenizas del poder imperial estadounidense. Esas provocaciones no fueron errores: fueron parte de una estrategia deliberada para mantener la hegemonía unipolar nacida en 1991.
Para Diesen la guerra en Ucrania es una guerra proxy, una guerra por delegación en la que Estados Unidos y sus aliados han usado al pueblo ucraniano como carne de cañón para desgastar a Rusia. Kiev fue empujada a romper la neutralidad y aspirar a entrar en la OTAN, sin garantías reales de defensa, mientras Europa renunciaba a cualquier vestigio de autonomía estratégica para someterse aún más al dictado unipolar de Washington. El resultado ha sido devastador, miles de muertos, destrucción masiva y una Unión Europea atada a la economía de guerra y a unos intereses del complejo militar-industrial estadounidense, que caminan en dirección diametralmente opuesta a las necesidades del viejo continente.
Frente al discurso monolítico que hoy nos trasmiten los medios occidentales, Diesen muestra que el mundo no está unido en contra de Rusia, como tanto se repite. Al contrario, la mayoría de los países del planeta se han negado a sumarse a las sanciones y han visto en este conflicto una oportunidad para acelerar su liberación del dominio occidental. La tesis central del libro es tan clara como inquietante: estamos en una fase de transición, en un interregno peligroso donde el viejo orden colapsa pero el nuevo aún no ha nacido. No existe hoy un sistema internacional basado en la soberanía y la igualdad, pero las condiciones para construirlo están emergiendo. De ahí la feroz resistencia de Occidente a aceptar el fin de su hegemonía. Si Rusia es derrotada, el orden unipolar podría resucitar temporalmente, pero si resiste e impone su visión, el mundo se abrirá definitivamente a una arquitectura multipolar. El desenlace de esta guerra es crucial: no solo está en juego el futuro de Ucrania o Rusia, sino la forma misma en que se estructurará el planeta en las próximas décadas.
La guerra de Ucrania y el orden mundial euroasiático es un libro incómodo, valiente y necesario. Incómodo porque confronta la narrativa dominante con hechos, contexto histórico y una perspectiva crítica que ha sido silenciada. Valiente porque se atreve a decir lo que otros callan: que el problema no es que Rusia no acepte el orden mundial, sino que ese orden mundial ya no es aceptable para muchos pueblos que ya no temen el uso de la fuerza de un imperialismo claramente en decadencia. Y necesario porque ofrece herramientas conceptuales para entender que el conflicto actual no es el inicio de una nueva guerra fría, sino el final de un imperio. Un imperio en decadencia que prefiere arrasar antes que ceder el trono. Diesen no propone soluciones mágicas, pero sí una ruta: desmontar la hegemonía y construir una realidad multipolar. La alternativa es la barbarie.
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