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La gira de Rufián no es más que el enésimo intento de la socialdemocracia por reinventarse, manteniendo la esencia reformista y su subordinación al PSOE.
Por David Hurtado | 10/02/2026
En un contexto de fragmentación política en la izquierda española, Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso, ha anunciado el inicio de una serie de actos públicos con líderes de partidos situados a la izquierda del PSOE. Esta «gira» comenzará el 18 de febrero en Madrid, con un encuentro junto a Emilio Delgado de Más Madrid, y se extenderá a figuras como Oskar Matute de EH Bildu. El objetivo declarado es explorar la posibilidad de una alianza común o plataforma unitaria para las próximas elecciones generales, en un intento por unificar el espacio progresista más allá del Partido Socialista. A primera vista, esta iniciativa podría parecer un paso hacia una izquierda más fuerte y cohesionada, pero en realidad asistimos a una nueva reorganización de fuerzas socialdemócratas, destinada a perpetuar la línea reformista y terminar sirviendo de muleta al PSOE.
Un patrón que se repite
Esta fórmula no es nueva en el panorama político español. Recordemos el surgimiento de Podemos en 2014, que irrumpió con un discurso antisistema y de ruptura, capturando el descontento post-15M. Sin embargo, rápidamente se integró en el sistema, formando coaliciones con el PSOE y adoptando políticas reformistas que no cuestionaban las bases del capitalismo. Sumar, el proyecto liderado por Yolanda Díaz, repitió el esquema: una confluencia de izquierdas que prometía cambio, pero que en la práctica se limitó a medidas paliativas sin atacar las raíces de la desigualdad. Ambas experiencias terminaron como apéndices del PSOE, proporcionando apoyo parlamentario a cambio de migajas de poder, mientras la clase trabajadora seguía sufriendo precariedad, inflación y recortes encubiertos.
La gira de Rufián sigue el mismo guion. Procedente de ERC, un partido nacionalista catalán con tintes socialdemócratas, Rufián ha defendido públicamente la necesidad de un «frente común» que supere la fragmentación, argumentando que «la suma no da» a la izquierda del PSOE. Pero esta unidad no se plantea desde una perspectiva transformadora, sino desde la comodidad de las instituciones. Los encuentros con Más Madrid, EH Bildu y posiblemente otras fuerzas como el BNG o Podemos, buscan recrear un espacio electoral viable, pero sin romper con el marco constitucional ni con las estructuras económicas. Es una reorganización táctica para mantener viva la ilusión de un «cambio desde dentro», similar a cómo Sumar absorbió a Podemos para diluir su radicalidad inicial.
¿De nuevo la muleta del PSOE?
Detrás de esta aparente renovación late el verdadero propósito: posicionarse como un socio fiable para el PSOE en un futuro gobierno. El PSOE, como pilar de la socialdemocracia española, ha demostrado repetidamente su compromiso con el capital: desde las privatizaciones de los 80 hasta las alianzas con la UE y la OTAN en la actualidad. Cualquier fuerza a su izquierda que no rompa con esta lógica termina convertida en su «muleta», legitimando políticas liberales disfrazadas de progresismo. Rufián, con su trayectoria pragmática en el Congreso –apoyando investiduras de Sánchez a cambio de concesiones catalanas–, encarna perfectamente este rol. Su gira no es un desafío al orden actual, sino una maniobra para reorganizar el reformismo, asegurando una izquierda domesticada y al servicio del statu quo.
No es casualidad que esta iniciativa surja en un momento de declive para Sumar y estancamiento de Podemos. El espacio a la izquierda del PSOE está desdibujado, y Rufián mueve ficha para llenar ese vacío, pero sin alterar el fondo: reformas cosméticas. Al final, como con sus predecesores, esta alianza terminará apuntalando al PSOE, permitiendo que el capitalismo español siga su curso mientras la clase obrera paga la factura.
No caer otra vez en la trampa
La clase trabajadora no debe caer en esta nueva trampa. Las experiencias pasadas demuestran que el reformismo solo prolonga la agonía del sistema, ofreciendo parches en lugar de soluciones. En vez de unirse a estas confluencias electorales, es hora de apostar por una ruptura real con el régimen actual: expropiación de los grandes monopolios, salida de la UE y la OTAN, y recuperación gradual de la soberanía popular. La gira de Rufián no es más que el enésimo intento de la socialdemocracia por reinventarse, manteniendo la esencia reformista y su subordinación al PSOE. La verdadera izquierda debe rechazar esta ilusión y construir un camino genuino.
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