La fragilidad en la atención a niños con discapacidades en los campamentos saharauis

Sus discapacidades severas requieren cuidados permanentes, equivalentes a atención geriátrica las 24 horas del día, los siete días de la semana, algo imposible de garantizar en los centros locales debido a la falta de recursos e infraestructuras especializadas.

Por Héctor Bujari Santorum | 18/08/2025

Tras la crisis humanitaria que estalló el año pasado en los campamentos de refugiados saharauis, la situación parece haberse estabilizado, aunque sin resolverse. En el centro Casa Paraíso, fundado por la cooperante italiana Rossana Berini, trece niños con graves discapacidades recibían atención integral. Sin embargo, tras el abandono de sus familias, incapaces o sin disposición de hacerse cargo de ellos, tres menores permanecieron allí bajo el cuidado de los trabajadores del centro, quienes, sin recibir remuneración, asumieron de forma voluntaria su atención hasta que el Frente Polisario organizó su traslado a instituciones en España.

El resto de los niños fueron devueltos a sus hogares en las dairas. Sus discapacidades severas requieren cuidados permanentes, equivalentes a atención geriátrica las 24 horas del día, los siete días de la semana, algo imposible de garantizar en los centros locales debido a la falta de recursos e infraestructuras especializadas.

El inicio real de la crisis se remonta al momento en que Rossana Berini, tras años de trabajo en los campamentos, comenzó a gestionar visados por canales alternativos, al margen de la delegación del Frente Polisario en Italia. Lo hizo en dos ocasiones, lo que deterioró gravemente la relación y desembocó en la decisión de bloquear su visado por parte de la delegación del Frente Polisario en Italia.

El resultado fue un deterioro del bienestar de los menores. Varias madres enviaron cartas responsabilizando a las autoridades saharauis y se manifestaron el 11 de septiembre de 2024 en Rabuni, sin obtener respuesta oficial.

En un intento de salida, el Ministerio de Cooperación ofreció a Berini regresar bajo condiciones restrictivas: solo podría atender a los niños durante el día y debía residir fuera del centro. La cooperante y las madres rechazaron esta propuesta, al considerarla incompatible con las necesidades de cuidados permanentes. Durante ese periodo, los menores quedaron desatendidos, lo que derivó en situaciones críticas.

La pregunta que persiste es clara: ¿cómo evitar que la atención a los más vulnerables dependa de decisiones políticas, personales o de la cooperación extranjera, sin un sistema sólido de protección que garantice continuidad y dignidad en el cuidado?

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