La fatalidad de lo común

Por Puertos33

Crear es destruir, crear rompe con lo establecido. Crear acumula, es decir, nada se ha destruido. Permanecer atrás, en lo oculto, como los pensamientos, es destruir. Lo destruido es reutilizado. Trabajo vivo, trabajo muerto… la economía tiene mil maneras de llamar a esto. Pero no vengo a hablar de economía, eso para quien sepa. Diría Sombart “Destrucción creativa”.

Allí donde hay una vida, un avance, una evolución, hay un pasillo oscuro. Desconozco la ausencia de sombra. La luz, la contradicción, la antítesis… ¿Por qué todo es dialectico? Menos vivir. Vivir tiene que ser fácil, alcanzable. La felicidad como una única dirección. Un objetivo, crece… crecer es crear. Recrearse, reinventarse, deconstruirse. Volver para seguir, para empoderarse. Ya aparece lo político en movimiento ¿había desaparecido?

La fatalidad de lo común, no puede desaparecer en la brillantez de lo propio. El adentro también es fatídico. La creación que nos supera. El devenir no es caer, es reconstrucción. Reconstruir solo puede ser volver a construir ¿Qué ha caído? ¿Qué no está? ¿Cuándo reconstruimos una torre, no está la torre en nosotros? Todo está mezclado. El adelante con el atrás, el futuro con el pasado. El presente no puede ser otra cosa que la crisis del tiempo. La crisis de nosotros.

Se vive en crisis. La crisis de los cuarenta, de los veinte, de lo político, de lo formativo, también de lo laboral. Pero también hay una crisis en el afuera, en el pavor de lo financiero, en la excitación de lo bursátil, en lo erótico de lo político. Parece que vivir es la reproducción de un despertar del coma, de una huida de lo estático. Claro, no podría ser otra cosa. La vida es movimiento, moverse es conflicto. Lo decíamos antes, crear es destruir.

No se podría vivir sin esa crisis constante, sin ese avance obligado. Avanzamos empujados por una mejora, eso quiere decir que ya hay mal. Hay un mal aquí, en un aquí eterno. Porque ahora y mañana son uno. El presente no puede desaparecer, el conflicto de lo cotidiano. De hecho, un día sin conflicto es un día extraño. Te toca entrar en tu cama, allí donde te enfrentas a ti mismo.

Cuando el afuera calla nos oímos. El anhelo de la soledad es el anhelo de lo propio. Escucharnos, a veces, nos mata. De esa muerte viene la necesidad del ruido exterior ¿Podría la crisis común salir de nosotros? El determinismo de lo unidireccional, pero aquí todo vale doble. No soy un yo interno y un yo externo. Soy un yo interno y externo, pero también soy ambas cosas. La relación de ambos ejes.

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