La emigración, la gran olvidada en el debate de investidura

Por Iván Batista Hernández


Dos frases huecas, ambas formuladas por el candidato a la presidencia Pedro Sánchez, fue todo lo que se le dedicó a la emigración en el debate de investidura del lunes 22 en el que participaron los principales partidos estatales. Hubo una obra de “teatro” y no sobre pactos y conspiraciones, como cree Alberto Carlos Rivera, sino sobre un presidente que finge preocuparse por unas personas que son contínuamente usadas como instrumento electoralista. El elefante del hemiciclo no era “amarillo y morado” como decía Pablo Casado, más bien color granate.

El presidenciable Sánchez listó una serie de retos en su primer discurso. Ninguno de ellos para lidiar con la suficiente profundidad sobre el problema de la migración. No precísamente la extranjera, que tanto le quita el sueño a Santiago Abascal, sino la de las personas de nacionalidad española residentes en el exterior.

Digna es de mencionar la hipocresía del líder ultraderechista que basó su discurso, como suele hacerlo, en la inmigración ilegal mientras se jactaba de ser patriota con su “¡Viva España!” al final de la intervención, a la vez que dejaba olvidadas a las más de dos millones de compatriotas migradas. En cualquier caso, mejor seguir la línea de Sánchez (cosa no aconsejable en todos las instancias excepto esta en concreto) e ignorar el resto de lindezas del portavoz filofranquista, sobre todo por una cuestión de salud mental.

El PSOE se comprometió con la diáspora, en menos de treinta segundos, a implantar dos medidas que le repercuten: Una fue la derogación del voto rogado, que lleva prometiendo innumerables veces desde que llegó a Moncloa. “Es una tragedia democrática e intolerable”, dijo el Presidente en funciones sobre el actual sistema de voto exterior que podría haber reformado fácilmente en su anterior mandato.

La otra promesa fue la implantación de su ya conocido y puramente ornamental plan de retorno que, en teoría, facilitaría la vuelta de aproximadamente el 0.96% de la emigración total. Este plan que se centra en el mal llamado “talento” sin tener en cuenta a las ciudadanas sin estudios universitarios residentes en el extranjero, que no son pocas entre la emigración, no deja de ser una propuesta elitista y excluyente. Y hasta aquí, todo lo que se habló de la emigración en las seis horas que duró el debate.

La emigración económica real fue, sin duda, la gran olvidada de la sesión. Que solo se hablase de la misma brevemente y en términos de talento solo lo empeora. Si bien es cierto que la población española con estudios superiores, “el talento de Sánchez”, muestra más predisposición a emigrar que aquellas personas con menos formación, según un estudio de la investigadora Amparo González-Ferrer, también es cierto que no existen estadísticas conclusivas sobre la población emigrada en relación con su nivel de estudios en los principales países de acogida.  Citando a González-Ferrer: “(…) el eterno debate sobre la fuga de cerebros y la intensidad de la misma en el conjunto de la nueva emigración española sigue siendo una incógnita.”

Por ello, conociendo la heterogeneidad de la población de nuestro país residente en el extranjero, resulta indignante que un candidato a la Presidencia del Gobierno se centre en una fracción (aún sin estimar) de dicha población. No hay que olvidarse de todas las españolas que, aun habiéndose mudado al exterior, no cuentan como “talento” para el señor Sánchez y su partido. Sirvan como ejemplo todas las trabajadoras precarias en ETTs en Holanda, paradigma de una explotación del la cual el propio Ministerio de Exteriores ha tenido que advertir, con unas condiciones laborales que incluso han sido denunciadas por la Federación Exterior de Izquierda Unida ante la Comisión Europea.

Obviamente hay muchas más personas en situaciones similares: au pairs en Irlanda, trabajadoras del campo en Francia, enfermeras o auxiliares de enfermería en Alemania, entre otras. En definitiva, no todas las personas que abandonaron España son graduadas o científicas, muchas otras viven situaciones de precariedad insostenible. Buscar solamente el retorno de las primeras es una falta de respeto a las segundas.

Para solucionar el problema de la nueva ola de emigración española no solo hay que plantear un plan de retorno digno e inclusivo, sino que también es necesario hacer un análisis detenido sobre las diferentes situaciones de las emigradas, como dice González-Ferrer en su estudio. Pero, ante todo, se deben garantizar que se den las condiciones para el retorno, y ello pasa por un cambio en el modelo productivo. Mientras tanto, la emigración seguirá siendo la gran olvidada no solo de los debates de investidura, sino de cualquier proyecto progresista de país.


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