La economía política marxista y las realidades económicas de Cuba

Economía política (2)
Alejandro Gil, ministro de Economía y Planificación (Foto: Estudios Revolución)

La práctica de las revoluciones socialistas, allí donde ocurrieron, no se atuvo a la lógica teórica de Marx sino a condiciones históricas y políticas muy concretas.

En días pasados se produjo en Cuba una nueva reunión presidida por Miguel Díaz-Canel y otros funcionarios del Partido y el Gobierno, con representantes del sistema empresarial estatal en la que, una vez más, se hicieron exhortaciones a elevar la eficiencia, la productividad, ganar en autonomía en la gestión, así como asumir la responsabilidad social por el desarrollo de las localidades en las que están ubicadas.

De acuerdo con la nota publicada en Cubadebate, el pasado 27 de noviembre, el viceprimer ministro y ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, criticó que hasta el presente más de 500 empresas estatales trabajaban con pérdidas y muchas aspiraban a recibir subsidios del presupuesto o a subir los precios artificialmente. Mientras tanto, se informó que 158 de ellas aplican el nuevo sistema de remuneración flexible, que permite establecer salarios por encima de la escala oficial.

Según el referido medio digital, el presidente cubano, al concluir la reunión, llamó a los empresarios a desarrollar un «enfoque ideológico y económico» y a volver «una y otra vez a la economía política marxista». Además, señaló que «el marxismo brinda el método, explica los retos de la construcción del socialismo» y que «la teoría marxista no da recetas; es el método para encontrar las soluciones». También afirmó que «el día que renunciemos a la teoría, entraremos al camino del socialismo a ciegas».

Todo eso está muy bien, sin embargo, valdría la pena reflexionar en qué medida la economía política marxista puede en realidad ofrecer las soluciones y, si es así, preguntarnos por qué un Partido que se autodenomina marxista —llama la atención que en la nueva Constitución se le define como «martiano, fidelista, marxista y leninista»— no ha encontrado las soluciones, ni siquiera el camino adecuado para construir una sociedad socialista próspera, y cada vez se aleja más de ese propósito.

Otra cuestión que, además, ha sido común a otras experiencias históricas, es en qué medida la economía política marxista, o lo que se ha interpretado de ella, ha sido utilizada por la dirección del Partido como un método y no como un dogma.

¿Qué es la economía política marxista?

En rigor, la economía política marxista es la crítica de Marx a la economía política precedente, expuesta fundamentalmente en su obra El Capital, del cual vale la pena recordar que solo alcanzó a ver publicado en 1867 el primer tomo, dedicado al análisis del proceso de producción del capital.

Como es sabido, los tomos dos y tres, consagrados al proceso de circulación del capital y al proceso de la producción capitalista en su conjunto, respectivamente, fueron editados y publicados por Engels en 1885 y 1894, a partir de las notas de Marx y con no pocas contribuciones propias.

Posteriormente Kautsky divulgó, entre 1905 y 1910, una versión editada en tres volúmenes del llamado tomo cuatro, que ha sido difundido aparte de El Capital, bajo el título Las Teorías de la Plusvalía, y reúne las notas críticas de Marx respecto a las diversas teorías económicas que le precedieron e incluso a las de algunos de sus contemporáneos.

En resumen, no existe un análisis de Marx desde la economía política del socialismo, sino solo la crítica a la que sometió a los llamados «socialistas utópicos». Ni Marx ni Engels alcanzaron a sistematizar un análisis sobre el socialismo. Sus ideas al respecto, expuestas en La Ideología Alemana y en Antidühring, indican lo que debería ser el socialismo, a partir del materialismo histórico marxista. De ese estudio surge la concepción de la inevitabilidad de la transición revolucionaria del capitalismo al socialismo en los países más desarrollados, que no se ha verificado en la realidad.

La práctica de las revoluciones socialistas, allí donde ocurrieron, no se atuvo a la lógica teórica de Marx sino a condiciones históricas y políticas muy concretas. De ahí las deformaciones que sufrieron esos procesos, sin excepción. Sin embargo, ello no debe llevarnos a pensar que las cosas no salieron bien porque los procesos se distanciaron de la lógica teórica de Marx, sino a reflexionar que esa lógica era una interpretación de las condiciones de su tiempo, que cambiaron notablemente con posterioridad.

El capitalismo de hoy no es el capitalismo de la época de Marx. No se trata de si es mejor o peor, sino que es diferente. Y las condiciones políticas también lo son, con el añadido de que ya existe una experiencia fallida de construcción socialista, teniendo en cuenta el derrumbe del socialismo real en Europa Oriental, la disolución de la Unión Soviética, la construcción de sistemas de capitalismo de Estado en China y Vietnam, y la persistencia de la crisis económica estructural y la ausencia de prosperidad en los casos de Cuba y Corea del Norte.

El reconocimiento de lo anterior no invalida el uso del método de Marx para el análisis de la economía política. Todo lo contrario. Su lógica metodológica sigue teniendo gran utilidad, siempre que tengamos claro que no es la teoría económica total y que no encontraremos en ella todas las soluciones a los problemas contemporáneos.

En el Epílogo a la segunda edición del tomo I de El Capital, fechado en 24 de enero de 1873, Marx afirmó que «La investigación debe apropiarse pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo y rastrear su nexo interno. Tan solo después de consumada esa labor, puede exponerse adecuadamente el movimiento real».

En el mismo texto alertó sobre la vulgarización de la teoría económica, en este caso burguesa, cuando aseveró: «Los espadachines a sueldo sustituyeron a la investigación desinteresada, y la mala conciencia y las ruines intenciones de la apologética ocuparon el sitial de la investigación científica sin prejuicios».[1] ¡Cuánta actualidad tienen esas palabras para el caso del socialismo real, pasado y presente!

La política económica en Cuba, no solo en los últimos tiempos sino desde el principio de la experiencia revolucionaria, ha estado marcada por el voluntarismo y  el desprecio de las leyes económicas objetivas, con lo que se ha alejado claramente del método de la economía política marxista. Especialmente en las últimas tres décadas, ha adolecido de un enfoque sistémico en la línea metodológica propuesta por Marx, de análisis y síntesis, que resulta tan útil para abordar los problemas económicos y sociales.

Toda vez que no reconocen las contradicciones internas más profundas del sistema, los dirigentes del país se muestran incapaces de encontrar las soluciones porque ellas implican cambios estructurales que no están dispuestos a asumir por consideraciones políticas que amenazan su actual control sobre el poder.

Así las cosas, tanto en la definición como en la ejecución de las políticas económicas adoptadas por el gobierno cubano, es notable la ausencia del método de Marx. Prueba de ello ha sido tanto el diseño como la aplicación de la llamada «Tarea Ordenamiento», porque lejos de considerar la necesaria secuencia que sugería adoptar profundas reformas estructurales que impulsaran la producción de bienes y servicios, se pretendió corregir las distorsiones cambiarias acumuladas por más de seis décadas, y no se midieron adecuadamente las consecuencias de tales medidas en medio del más violento choque de oferta en la economía nacional desde la crisis de los noventa.

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Teatro Karl Marx

Las realidades de la economía cubana en la tercera década del siglo XXI

Para abordar los cambios necesarios en la economía cubana actual no basta con la economía política marxista. Marx fue un pensador genial, un demoledor crítico de la economía capitalista industrial de su tiempo, en la que aún la libre concurrencia estaba en proceso de expansión. Cuando Marx previó el fin de ese sistema, el mismo no había alcanzado su máximo desarrollo, y a lo largo del tiempo se ha ido transformando, precisamente como resultado de las luchas sociales promovidas por fuerzas progresistas.

Por otra parte, el capitalismo no es igual en los diversos países; incluso se muestran grandes diferencias entre los países más avanzados y, por supuesto, existe una brecha considerable entre ese grupo y los países subdesarrollados. Como hombre de su tiempo, el filósofo y economista alemán fue capaz de profundizar en las contradicciones internas del sistema y trató de establecer las pautas de solución a ellas mediante la sustitución del sistema de relaciones de producción.

El socialismo real, que en la propaganda se considera heredero de la concepción marxista de la historia, en realidad ha sido incapaz de solucionar de forma revolucionaria sus contradicciones internas, pues por razones políticas ha pretendido esconderlas y penalizó siempre cualquier análisis científico profundo que aborde estos problemas, tanto desde el punto de vista de la Economía, como de la Sociología, la Psicología, la Historia y otras ciencias sociales.

Como resultado, desde las estructuras ideológicas y de poder se ha producido la vulgarización del pensamiento marxista y su anquilosamiento. Para liberar las fuerzas productivas es imprescindible liberar el pensamiento y, en consecuencia, liberar la vida, constreñida en una serie de dogmas que lo único que logran es perpetuar el subdesarrollo.

***

[1] En estas citas he utilizado la traducción con notas, de Pedro Scaron, en la que se basa la edición en español de siglo XXI, en su serie “Clásicos del Pensamiento Crítico”.

La joven Cuba

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