La ‘Doctrina del Shock’: la campaña del miedo para justificar el negocio de la industria bélica

La ‘Doctrina del Shock’ sostiene que las élites aprovechan o fabrican crisis para implementar políticas que, en circunstancias normales, serían rechazadas por la población.

Por Ernesto Vílchez | 29/03/2025

En los últimos meses, los titulares de los principales medios de comunicación europeos han resonado con un tono apocalíptico: «Europa al borde de la guerra», «una amenaza existencial se cierne sobre el continente», «la paz pende de un hilo». Esta narrativa, amplificada por políticos, analistas y expertos, parece diseñada para instalar un clima de miedo colectivo. Pero, ¿qué hay detrás de esta campaña mediática alarmista? Una mirada a través del lente de la Doctrina del Shock de Naomi Klein nos ofrece una respuesta inquietante: la burguesía y las élites capitalistas podrían estar utilizando esta percepción de crisis para imponer medidas que beneficien a unos pocos a costa de la mayoría trabajadora.

La Doctrina del Shock, descrita por Klein en su libro homónimo, sostiene que las élites aprovechan o fabrican crisis —sean económicas, naturales o bélicas— para implementar políticas que, en circunstancias normales, serían rechazadas por la población. En este caso, la supuesta amenaza de una guerra inminente en Europa, con un enemigo externo construido como una sombra ominosa (a menudo Rusia o algún actor geopolítico difuso), encaja perfectamente en este esquema. Esta narrativa no solo busca atemorizar a la ciudadanía, sino también justificar decisiones que de otra forma serían impopulares: un aumento masivo del gasto militar.

Construyendo un enemigo y un clima prebélico

La construcción de un enemigo es un recurso histórico de las clases dominantes para cohesionar a una población fragmentada y desviar su atención de problemas internos. En el contexto europeo actual, se nos presenta una Unión Europea (UE) vulnerable, rodeada de supuestos peligros existenciales que requieren una respuesta inmediata y contundente. Sin embargo, este relato omite preguntas clave: ¿es realmente inminente una guerra? ¿O estamos ante una exageración estratégica? Los datos concretos sobre amenazas militares suelen ser vagos, mientras que las declaraciones grandilocuentes de líderes políticos y la cobertura sensacionalista llenan el vacío con especulación y temor.

Esta atmósfera de pánico artificial sirve como cortina de humo para los verdaderos beneficiarios: la industria armamentística. Empresas como Rheinmetall, BAE Systems o Lockheed Martin, que operan en Europa o tienen contratos con países de la UE, están viendo cómo sus acciones se disparan ante la perspectiva de jugosos contratos multimillonarios. El aumento del presupuesto militar no es un acto de defensa colectiva, sino una transferencia directa de riqueza pública hacia manos privadas. Mientras tanto, la burguesía europea, aliada con estas corporaciones, se frota las manos ante la oportunidad de lucrarse con el miedo.

El costo para la clase trabajadora

El precio de esta militarización no lo pagarán las élites, sino la clase trabajadora. Los fondos destinados a armamento no salen de la nada: se financian con deuda pública o con recortes en partidas sociales. Países de la UE, muchos de los cuales ya enfrentan economías debilitadas tras años de austeridad, se endeudarán aún más para sostener este gasto bélico. ¿Y quién paga la deuda? Las trabajadoras y trabajadores, a través de impuestos regresivos, inflación y la erosión de servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación o las pensiones.

Este endeudamiento masivo agravará las condiciones materiales de la mayoría. Mientras las fábricas de armas celebran ganancias récord, los salarios reales seguirán estancados, los contratos precarios se multiplicarán y los derechos laborales serán sacrificados en nombre de la «seguridad nacional». La campaña del miedo, entonces, no solo enriquece a la industria armamentística, sino que también perpetúa un sistema donde la clase trabajadora es doblemente castigada: primero, por el empobrecimiento directo; segundo, por la pérdida de un futuro digno.

Frente al miedo, la resistencia

Ante este escenario, la pasividad no es una opción. La Doctrina del Shock prospera cuando las mayorías permanecen paralizadas o desmovilizadas. La campaña alarmista sobre una guerra inminente en Europa no debe ser aceptada como una fatalidad, sino desenmascarada como lo que es: una estrategia de las élites capitalistas para consolidar su poder y sus beneficios. La militarización y el negocio de la guerra no son inevitables; son elecciones políticas que pueden y deben ser combatidas.

Es hora de salir a las calles. La resistencia popular, a través de manifestaciones, huelgas y organización colectiva, es la única fuerza capaz de frenar esta deriva belicista. Exigir transparencia sobre el gasto militar, rechazar la narrativa del miedo y demandar que los recursos se destinen a las necesidades reales de la población —vivienda, empleo, salud— son pasos concretos para desmantelar esta farsa. La historia nos enseña que las élites solo retroceden cuando la presión desde abajo las obliga a hacerlo.

En conclusión, la reciente ola de alarmismo sobre una guerra en Europa no es un reflejo de la realidad, sino una herramienta al servicio de intereses económicos y políticos específicos. Siguiendo la lógica de Naomi Klein, estamos ante un shock inducido que busca atemorizar para controlar y lucrar.

2 Comments

  1. La sociedad está anestesiada con las redes, las series, y el sexo,los máss medias cumplen con su labor de lavado de cerebro .
    La cultura borreguista llena la audiencia televisiva,nadie lee libros casi y la teoría del shock muchxs creen que es la última película de acción.
    Espero equivocarme, pero me parece que ver a millones de personas en la calle contra la guerra es cosa del pasado
    El domingo estaremos algunxs en la marcha a la base de Rota, un año más esperando que no sea el mismo discurso antiimperialista de siempre ,con la vieja guardia comunista que ya no escucha nadie.
    De parte de los partidos políticos de » izquierda» no hay nada que esperar,son todxs ya unxs socialdemocratas muletas de un gobierno reformista al servicio del capital y de la Otan, así que mejor organizarnos y seguir nuestra lucha de boicot y sabotaje a la industria militar, porque la sociedad nuestra sigue pacifista,pero enviando emojis desde su móvil mientras mira una serie producida por Netflix, y esperando que el repartidor esclavizado de Globo le traiga la cena .

    Ojalá me equivoque ,pero me parece que poca lucha pacifista vamos a ver en nuestras calles.la lucha obrera combativa ha muerto con la aparición de Podemos y demás apagafuegos al servicio del capitalismo.
    Salud y anarkia

  2. Y tenemos un gran problema con los partidos que se dicen izquierda, ninguno, o al menos los grandes, representan los intereseses de la clase trabajadora. Y los medios de comunicación bailan al son del sistema capitalista, una verdadera vergüenza.

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