La decisión tardía de España sobre Rota y Morón: un lavado de cara ante la sumisión a Washington

La verdad es que esta medida es un lavado de cara, un gesto superficial para aparentar independencia mientras se mantiene la sumisión estructural a los intereses estadounidenses.

Por Joaquín Castro | 3/03/2026

En medio de los ataques criminales de Estados Unidos a Irán, el gobierno español ha anunciado que no permitirá el uso de las bases militares de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) para las agresiones contra el país persa. Esta medida, presentada como un acto de soberanía y rechazo a los bombardeos, llega tarde. Estas instalaciones ya fueron utilizadas el 28 de febrero, en el inicio de los ataques liderados por Estados Unidos e Israel contra el territorio iraní. Ahora, ante la creciente controversia pública y las críticas internas, el Ejecutivo opta por esta postura, que no es más que un intento de lavado de imagen para calmar a la opinión pública. Pero la realidad es más cruda: España sigue atada a los dictados de Washington en materia de defensa.

El 28 de febrero marcó el comienzo de una ofensiva sin precedentes contra Irán, con ataques aéreos conjuntos de EE.UU e Israel que asesinaron a líderes clave, incluyendo el Supremo Líder Ali Jamenei. Explosiones en Teherán, Isfahán y otras ciudades provocaron pánico generalizado y una respuesta iraní con misiles contra bases estadounidenses en la región. En este escenario, las bases españolas de Rota y Morón, que albergan aviones cisterna KC-135 de la Fuerza Aérea estadounidense, jugaron un rol logístico crucial en las fases iniciales. Aunque el gobierno español niega ahora cualquier involucramiento, EE.UU utilizó estas instalaciones para reabastecimiento en vuelo durante los primeros bombardeos, antes de que la polémica estallara. Solo después, el 2 de marzo, el gobierno emitió su veto formal. Esta cronología sugiere que la decisión no es preventiva, sino reactiva: un parche para mitigar el escándalo generado por la percepción de que España se ha convertido en cómplice de una agresión imperialista.

La controversia no es casual. En las redes sociales los usuarios criticaron duramente al gobierno por permitir inicialmente el uso de suelo español en una operación que viola el derecho internacional. El Ejecutivo, liderado por Pedro Sánchez, ha respondido con declaraciones enfáticas del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, afirmando que las bases no se usarán para nada fuera del acuerdo bilateral o la Carta de la ONU. Pero esto huele a excusa: si no se usaron, ¿por qué retirar los aviones ahora? La verdad es que esta medida es un lavado de cara, un gesto superficial para aparentar independencia mientras se mantiene la sumisión estructural a los intereses estadounidenses.

El convenio con EE.UU: una cadena que ata la soberanía

Para entender esta dinámica, basta revisar el Acuerdo de Cooperación para la Defensa entre España y Estados Unidos, firmado en 1988 y actualizado en 2015. Este convenio permite a EE.UU operar en Rota y Morón con amplias facultades para misiones «conjuntas» que incluyen reabastecimiento aéreo y despliegues temporales. Rota, por ejemplo, acoge cuatro destructores estadounidenses equipados con el sistema AEGIS para la defensa antimisiles de la OTAN, un aporte clave que posiciona a España como un eslabón vital en la cadena de mando atlántica. Sin embargo, el acuerdo estipula que cualquier uso debe respetar el marco internacional, algo que el ataque a Irán claramente ignora.

En la práctica, este pacto ha convertido a España en un peón de Washington. Las bases no solo facilitan operaciones logísticas, sino que exponen al país a represalias potenciales, como misiles o ciberataques. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha insistido en que las operaciones deben contar con «apoyo internacional», pero la historia muestra lo contrario: en conflictos pasados, como Irak o Libia, España ha cedido ante presiones estadounidenses, priorizando la alianza transatlántica sobre su propia autonomía.

Mucho ruido y pocas nueces

España se jacta de ser un «aliado fiable» en la OTAN, a la que se unió en 1982 y cuya estructura militar integrada adoptó en 1999. Contribuye con unos 3.000 soldados en misiones desde los Bálticos hasta el Sahel, y ofrece instalaciones como el Centro de Excelencia contra Artefactos Explosivos Improvisados en Hoyo de Manzanares o el Cuartel General de Despliegue Rápido en Bétera.

España, además de ceder soberanía, está sometida. La Alianza, dominada por EE.UU, dicta la política de defensa europea, y Madrid obedece. En el caso de Irán, esta dependencia ha permitido que bases españolas sirvan de trampolín para agresiones que no benefician a España, sino a los intereses geopolíticos de Washington.

Romper el convenio y expulsar las tropas

Si España realmente quiere dejar de colaborar con agresiones imperialistas, las migajas como vetar un uso tardío no bastan. Lo que se necesita es romper el convenio con EE.UU y expulsar de una vez por todas las tropas estadounidenses de suelo español. Por soberanía: estas bases erosionan nuestra independencia, convirtiéndonos en un objetivo en conflictos ajenos. Por seguridad nacional: alinearse ciegamente con Washington nos expone a riesgos innecesarios.

Los parches cosméticos ya no sirven. Hay que exigir acciones contundentes: anular el acuerdo, retirar las fuerzas extranjeras y reorientar la defensa hacia una política autónoma. Solo así recuperaremos el control de nuestro destino, lejos de los dictados de un imperio en declive. La polémica actual es una oportunidad para presionar por cambio reales; no la desperdiciemos con lavados de cara.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.