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Uno de los aspectos más graves de esta cumbre es su omisión deliberada de la rendición de cuentas por los crímenes cometidos contra el pueblo palestino.
Por David Hurtado | 15/10/2025
La reciente «Cumbre de Paz» celebrada en Egipto, presentada como un esfuerzo diplomático para resolver el conflicto palestino-israelí, no es más que una farsa cuidadosamente orquestada. Lejos de promover una paz genuina, esta reunión parece diseñada para consolidar un protectorado en Palestina bajo el control de Estados Unidos e Israel, perpetuando la opresión del pueblo palestino y legitimando un statu quo que ignora la justicia y los derechos fundamentales.
Una tregua, no un proceso de paz
Lo que se ha vendido como un «proceso de paz» no es más que una tregua temporal, un parche que no aborda las raíces del conflicto. La ausencia de un compromiso real para establecer un Estado palestino soberano e independiente revela la verdadera naturaleza de esta cumbre: un ejercicio de relaciones públicas que busca apaciguar a la comunidad internacional mientras se perpetúa la ocupación. Sin un Estado palestino, no puede haber justicia ni una paz estable y duradera. La historia de los acuerdos de paz previos, desde Oslo hasta Camp David, demuestra que el sionismo ha incumplido sistemáticamente sus compromisos, expandiendo asentamientos y profundizando la colonización.
El silencio cómplice sobre el genocidio
Uno de los aspectos más graves de esta cumbre es su omisión deliberada de la rendición de cuentas por los crímenes cometidos contra el pueblo palestino. El régimen israelí, liderado por Benjamin Netanyahu, ha perpetrado lo que numerosos informes y organizaciones internacionales han calificado como genocidio: bombardeos indiscriminados, desplazamientos forzados y una sistemática violación de los derechos humanos. Sin embargo, en Egipto no se ha mencionado la necesidad de que Netanyahu y su camarilla enfrenten un tribunal internacional por crímenes de guerra. Esta omisión no solo es una afrenta a las víctimas, sino que envía un mensaje peligroso: la impunidad es permisible cuando se trata de Israel.
Un protectorado bajo control extranjero
Lejos de avanzar hacia la autodeterminación palestina, la cumbre parece haber allanado el camino para un protectorado en Palestina, donde Estados Unidos e Israel mantendrían un control efectivo sobre el territorio y sus recursos. Esta configuración, disfrazada de «estabilidad», no hace más que perpetuar la subordinación del pueblo palestino, negándoles el derecho a decidir su propio futuro. La ausencia de cualquier discusión seria sobre la creación de un Estado palestino soberano evidencia que los organizadores de la cumbre no tienen interés en una solución justa, sino en mantener un orden que beneficia a las potencias dominantes.
El legado del sionismo
La historia del conflicto palestino-israelí está marcada por la sistemática violación de acuerdos por parte del sionismo, que ha utilizado los «procesos de paz» como cortinas de humo para avanzar en su proyecto colonial. La cumbre de Egipto no es una excepción. Al ignorar el derecho inalienable del pueblo palestino a su tierra y a su libertad, esta reunión se convierte en otro capítulo de una larga historia de traiciones. La comunidad internacional, al participar en este teatro, se convierte en cómplice de la opresión, dando la espalda a un pueblo que lleva décadas luchando por su dignidad y su derecho a existir.
La paz sin justicia es una ilusión
La «Cumbre de Paz» en Egipto no es un paso hacia la reconciliación, sino una maniobra para consolidar el control extranjero sobre Palestina y blanquear los crímenes del régimen israelí. Sin un Estado palestino soberano, sin justicia para las víctimas del genocidio y sin un compromiso real con la autodeterminación, cualquier conversación sobre paz es vacía. El pueblo palestino merece más que promesas vacías y escenificaciones diplomáticas. Merece justicia, libertad y el derecho a vivir en su tierra sin la sombra del tutelaje extranjero. Hasta que estas demandas sean atendidas, la paz seguirá siendo una quimera, y eventos como la cumbre de Egipto no serán más que un triste recordatorio de la hipocresía internacional.
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