La clemencia excepcional que solicita Netanyahu

Los expertos señalan que Netanyahu en realidad no está pidiendo un indulto puesto que en la carta dirigida a Herzog no admite ninguna culpa, como sería preceptivo en una petición de indulto.

Por Eugenio García Gascón | 11/12/2025

En mitad del juicio, y después de casi seis años en el juzgado por varios casos de corrupción, Benjamín Netanyahu ha solicitado su indulto al presidente del Estado, Isaac Herzog, quien en las próximas semanas tendrá que pronunciarse en un sentido u otro. Según muchos expertos, indultará al primer ministro probablemente con alguna condición cuyo alcance todavía desconocemos.

El presidente todavía precisa de algunos informes no vinculantes que se le presentarán en las próximas semanas, pero en Israel predomina un sentimiento general de que el indulto es inevitable, incluso entre destacados miembros de la oposición. Como máximo, Herzog le comunicará el indulto con alguna limitación más o menos simbólica, como por ejemplo que solamente pueda presentarse a otras elecciones y luego se retire de la vida política, aunque ni siquiera esto es seguro.

El 30 de noviembre, Netanyahu rompió todas sus promesas, que no eran pocas, en el sentido de que jamás impediría el desarrollo del juicio argumentando que estaba limpio y no temía a los jueces. “No habrá nada porque no hubo nada”, ha repetido como mantra desde hace más de una década en un país profundamente dividido, una polarización extrema que la oposición achaca justamente a su manera de dictar la política.

Los expertos señalan que Netanyahu en realidad no está pidiendo un indulto puesto que en la carta dirigida a Herzog no admite ninguna culpa, como sería preceptivo en una petición de indulto. Lo que está pidiendo es que se borre el juicio en curso como si nada tuviera que ver con Netanyahu, como si pudiera indultarse a quien no ha cometido ningún delito.

El Ministerio de Justicia tendrá que preparar ahora un informe. Su titular, Yariv Levin, es un bibista de primer orden que está llevando adelante, con la bendición de Netanyahu, un plan para neutralizar al Tribunal Supremo y convertirlo en una herramienta adicional del gobierno, sin independencia y casi sin competencias con respecto al ejecutivo.

Este Ministerio de Justicia tiene que elevar un informe a Herzog sobre la petición de indulto. La abogada del estado tiene que elevar otro informe y el servicio jurídico de la presidencia, un tercer informe. Con estos tres informes, Herzog se pronunciará en cuestión de algunas semanas.

Todo este proceso tensa aún más las cuerdas de una sociedad altamente dividida, una sociedad que pese a los enormes problemas históricos que ha conocido, nunca había experimentado una situación como la actual, donde el nacionalismo y el ‘religionismo’ están llevando al país a límites que nadie recuerda, y donde, según la oposición, la tolerancia democrática ni siquiera alcanza los peldaños más básicos.

Los medios hebreos señalan solo un precedente de esta categoría ocurrido en los años ochenta, cuando los servicios secretos, el Shin Bet, ejecutaron a dos detenidos palestinos que habían cometido un atentado. El entonces presidente, que casualmente era el padre del actual presidente Herzog, indultó a los agentes antes del juicio, aunque en aquel caso los agentes, a diferencia de Netanyahu, reconocieron su culpabilidad.

La presencia del presidente estadounidense no es del todo ajena a todo lo que está ocurriendo. Hace solo unos días, ante la Kneset, Donald Trump pidió a Herzog que indulte a Netanyahu, lo que causó unos momentos de hilaridad general en el parlamento, con Herzog y muchos de los presentes riéndose histriónicamente de la ocurrencia, y con los miembros de la oposición desencajados.

Herzog dijo entonces que si Netanyahu solicitaba clemencia, él estudiaría el caso profesionalmente. Pues bien, en cuestión de días Netanyahu ha solicitado el indulto, aunque sea de una manera jurídicamente tan curiosa, es decir sin reconocer ninguna culpa. El engranaje ya está en marcha y no cabe duda que Herzog negociará discretamente la redacción del indulto con el mismo Netanyahu, según han señalado varios medios.

Lógicamente, Netanyahu, de 76 años, no quiere retirarse de la política activa y no aceptará un indulto que le cierre el paso en esa dirección. En este caso, si se le prohibiera participar de la política, no aceptaría el indulto y su juicio seguiría adelante y podría prolongarse todavía durante muchos años, debido a la consistente estrategia de Netanyahu de poner obstáculos dilatorios al procedimiento en curso de manera permanente.

Pero el indulto, si se le concede favorablemente, tendrá que superar una última prueba de uno o varios recursos ante el tribunal supremo puesto que la oposición recurrirá sin falta cualquier tipo de indulto. El tribunal supremo es hostil a Netanyahu, y por eso Netanyahu quiere acabar con él. Se presentan, pues, unas semanas complejas que sin duda incrementarán la polarización política y social.

Mientras esto ocurre en Israel, en la Franja de Gaza, donde ya se contabilizan más de 70.000 muertos desde el 7 de octubre de 2023, la situación no acaba de mejorar. Netanyahu está poniendo obstáculos a cualquier avance en esa dirección, y quizá se aclaren un poco las cosas este mes de diciembre, cuando el primer ministro visitará de nuevo la Casa Blanca.

Eugenio García Gascón ha sido corresponsal en Jerusalén 29 años. Es premio de periodismo Cirilo Rodríguez.

Este artículo fue publicado originalmente en Globalter

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.