La ciudad sin vecinos: Barcelona y la especulación inmobiliaria

Por Ricard Jiménez

«Quedan suspendidos desde hoy y hasta que se cumplan seis meses del final del Estado de Alarma todos los desahucios sin alternativa habitacional para los hogares vulnerables», anunciaba Pablo Iglesias, por aquel entonces vicepresidente del Gobierno Español, sin embargo, «la medida estatal solamente tenia en cuenta aquellas familias que pudieran acreditar una vulnerabilidad causada directamente por la Covid-19», explica el periodista Andreu Merino en su último libro ‘La ciutat sense veïns‘.

Ante la crudeza perpetrada por los verdugos de la especulación inmobiliaria la publicación de la editorial Saldonar, junto al Grup de Periodistes Ramon Barnils, representa una fiscalización de estos a través de minuciosa investigación de los datos ofrecidos y, a su vez, el retorno a la humanización de las víctimas del mercadeo en materia de vivienda.

Tras la comunicación de la medida gubernamental, de carácter excepcional, la realidad refleja que en Barcelona se llevaron a cabo más de 1.000 lanzamientos, a pesar de que «los colectivos en defensa por el derecho a la vivienda han insistido que las personas afectadas por desahucios pueden ser muchos más, ya que no son pocas las que deciden abandonar de manera voluntaria su casa cuando ven que no la pueden pagar. Son los llamados invisibles», sentencia Merino.

No obstante, la dramática situación de la capital catalana no empieza ni acaba dentro de este encuadre y contexto. Retrospectivamente, entre 2013 y 2020, se han llevado a cabo 20.375 desahucios, para los que tras estos, la ciudad, no ofrece un parque de vivienda social con pisos de emergencia capaz de alojar personas. Tal y como relata Merino, «los pisos que pertenecen a las administraciones públicas en la ciudad representan un 1’6%».

Con esta ciudad de «gente sin casa y casas sin gente», Merino expone también los escollos jurídico-políticos que con los que se ha topado una legalidad que ha resultado insuficiente para garantizar un bien básico y derecho humano reconocido.

Dentro de esta perspectiva, la mercantilización de la vivienda, ha acarreado consigo una serie de consecuencias. Por un lado, la aparición de mafias, que rentabilizan la pobreza y la desesperación, pero también, del lado positivo, la organización vecinal y la implicación organizativa de movimientos de lucha y contrapunto a exigencia de inmediatez.

El libro de Andreu Merino es, como ha definido Ferrán Casas, «el equilibrio para atacar el drama». Con la capacidad de escudriñar los recovecos del sector y el reportaje a pie de calle, reposado, el autor, ha conseguido una simbiosis alejada de todo cinismo aséptico, un ejercicio necesario ante una problemática necesitada de implicación resolutiva, o como mínimo, de carácter explorativo, no solamente en las causas, sino en las posibles salidas.

Esto, como añade Casas en el prólogo, es la mejor forma de «ejercer el periodismo de forma comprometida i a favor de tener más derechos y esto no quiere decir guardar en el cajón la visión crítica, el rigor, el contrastar y la exigencia con todos los implicados».

 

 

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